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La franja de 30 a 45, la cuenta pendiente de la vacunación en Tarragona

Salut detecta segmentos en los que la cobertura en la provincia debería ser más alta. Son personas con menos percepción del riesgo. Un 42% de los de 30 a 34 aún no tienen una dosis

Raúl Cosano

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En Tarragona, un 25% de los que tienen de 40 a 44 todavía no tiene una dosis. Alba Mariné

En Tarragona, un 25% de los que tienen de 40 a 44 todavía no tiene una dosis. Alba Mariné

«Hay ciertos colectivos de gente joven a los que cuesta más llegar. Los porcentajes van subiendo pero lo hacen más lentamente. Es un hecho que se da en todos los lugares y que es consustancial a la franja de edad», reconoce Conrad Casas, subdirector de Salut Pública en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre. No son muy diferentes estos frenos de la vacuna contra la Covid-19 en ciertos estratos de los que se han visto con otras intervenciones y campañas sensibilizadoras y concienciadoras del Departament de Salut. «Hay perfiles que tienen otras percepciones del riesgo, que en este caso piensan que si se contagiarán estarán leves. Esas ideas persisten por mucho que se lancen mensajes y cuesta vencerlas. Sucede por ejemplo cuando se hacen campañas desde los gobiernos contra el alcohol o el tabaco, es algo similar, porque hay franjas de edad con otras prioridades», detecta Casas.

Déficit de treintañeros

Otras voces al pie del cañón de la vacunación inciden en esa línea y hallan un cierto déficit en treintañeros y cuarentañeros. «Según lo que vamos viendo, parece que los jóvenes están yendo más rápido y, en cambio, cuesta mucho avanzar en la cobertura de los de 35 a 55, ahí notamos que tendrían que venir más de los que vienen», detecta Sandra Paixa, enfermera especialista en pediatría y referente del punto de vacunación intermedio en Mas Iglesias, en Reus.

Anna Ribes, coordinadora de vacunación en el Palau d’Esports de la Anella de Campclar, el centro neurálgico del pinchazo masivo en el Camp de Tarragona, también señala la existencia de grietas más o menos en esos segmentos. «De 30 a 50 años hay un agujero y deberíamos estar mejor, pero sobre todo es entre 30 y 40 donde tenemos los problemas y la cobertura a estas alturas debería ser más alta. Tenemos que progresar en esas edades», explica Ribes.

Conrad Casas, desde Salut, considera que «las franjas de edad que nos preocupan por bajas son las que están por debajo del 70%, teniendo en cuenta que habrá que hacer un esfuerzo adicional para llevar la inmunidad al 85 o al 90% por la variante Delta». Ese es otro condicionante: lo que podría ser válido hace unos meses para la protección de rebaño ahora se antoja del todo insuficiente.

El 75% de primeras dosis en el Camp de Tarragona de la de 40 a 44 años; el 67% de la de 35 a 39; o el 58% de la 30 a 34 son algunas de las ratios que deberían ser más elevadas a estas alturas. No influye únicamente el dato en sí, sino también el momento en que se abrieron las dosis para esos colectivos y, por tanto, el tiempo que han tenido para inocularse.

El mismo conseller de Salut, Josep Maria Argimon, ha puesto el foco en esa década de los 40 a 49, con un 25% de gente sin la primera dosis y un tercio sin la segunda. Aunque los datos de cobertura puedan ser elevados, lo cierto es que aún hay amplias capas de la población por recibir el pinchazo contra la Covid-19. En Tarragona, un 25% de los que tienen de 40 a 44 todavía no tiene una dosis. Eso supone, según el censo, casi 18.000 personas, susceptibles de transmitir con mayor facilidad pero, sobre todo, de enfermar gravemente si se contagian.

Un 30% sin pauta completa

En ese mismo target, casi un 30%, algo más de 21.000 vecinos, no gozan de la pauta completa, fundamental para protegerse ante la mutación Delta y teniendo en cuenta que estas franjas, sin ser las más vulnerables, sí tienen diez veces más opciones de acabar en la UCI en caso de infección.

Otro grupo con margen de progreso es el de 35 a 39. Estos perfiles se pueden vacunar desde hace tres meses (intervalo, además, con excedente de vacunas y citas libres, como sucede actualmente) pero, aun así, el 33% no tienen la primera dosis y el 45%, prácticamente la mitad, no han adquirido la inmunidad completa que otorga el segundo pinchazo o la monodosis de Janssen.

Trasladado a números absolutos, eso quiere decir que 19.000 tarraconenses de esas edades no se han puesto ni la primera y que más de 26.000 no disfrutan de la pauta completa. También andan más rezagados de lo deseable los jóvenes de entre 30 y 34, que se han visto superados incluso por cohortes inferiores que comenzaron a pincharse más tarde. Ahí hay casi 30.000 personas que no tienen la protección completa, según los datos de Salut. Un 42% de ese grupo no se ha pinchado ni siquiera la primera inyección.

Buena respuesta adolescente

Entre los factores, puede influir un rechazo directo a la vacuna por militancia ideológica o problemas tecnológicos para adquirir cita, que pueden tener que ver con una cierta vulnerabilidad o exclusión social. Sin embargo, ambas circunstancias tienen un alcance relativo. «El movimiento antivacunas tiene un impacto bajo. Los índices de rechazo son reducidos, por ejemplo, en comparación con Francia, donde es mayor. Tampoco notamos grandes diferencias de cobertura entre zonas», sostiene Conrad Casas.

El análisis de las curvas de vacunación por franjas muestra que los tramos de 30 han bajado el ritmo bastante antes que los de 20 e incluso que los de 16 a 19, de forma que han quedado por detrás o están a punto de verse superados, algo provocado por la buena respuesta de los más jóvenes, casi adolescentes. Puede influir un factor social como la emancipación: los de 30, con ratios de independización más altos, no tienen la presión familiar de los que tienen 20 y viven con sus padres, y quizás por eso, parecen vacunarse antes.

Entre los 50 y los 70 hay otra tendencia a tener en cuenta: todas las curvas siguen en subida, aunque a una velocidad muy baja, lo que quiere decir que hay gente que se vacuna ahora a pesar de poder haberlo hecho antes. Pueden formar parte de un perfil reacio de inicio pero que se ha ido convenciendo al ver la eficacia y la seguridad de los antídotos y ante las consignas de las autoridades sanitarias.

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