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La generación sin alas: cuando emanciparse se convierte en un imposible

La crisis de la Covid provoca que irse de casa de los padres sea inviable para muchos jóvenes. La precariedad laboral y el disparatado mercado inmobiliario son las causas

JUANFRAN MORENO

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Dos jóvenes miran el tablón de anuncios de una inmobiliaria.  FOTO: ALBA MARINÉ

Dos jóvenes miran el tablón de anuncios de una inmobiliaria. FOTO: ALBA MARINÉ

Volar del nido era ley de vida para aquellos jóvenes que decidían marcharse de casa de sus padres cuando contaban con los ingresos y la estabilidad laboral que se requería para ello. En estos tiempos actuales, en los que reina una crisis imponente generada por el coronavirus, este paso cada vez es más complicado. Son la generación del quiero y no puedo. Una generación a la que le han cortado las alas.

«No sé qué hacer porque pienso en comprar y alquilar y las dos situaciones me dan vértigo. Un piso decente para alquilar vale 600 euros, más los gastos que conlleva, y eso con el sueldo que percibo me parece excesivo. Luego tengo unos ahorros que podría dedicar a la entrada de un piso, que es del 20%, pero me quedaría a cero y eso es algo que me asusta. Así estoy, llevo varios meses pensando y no sé qué decisión tomar. Mientras tanto sigo en casa de mis padres, donde sé que no tengo tanta independencia, pero al menos me puedo permitir ciertos caprichos que viviendo solo serían imposibles», comenta Francisco, un tarraconense de 27 años que se sabe un privilegiado, puesto que al menos tiene un trabajo estable y un sueldo que le ha permitido tener capacidad de ahorro.

Su caso no es aislado y en su situación se encuentran muchos jóvenes que han visto cómo la economía se ha sumergido en una crisis a raíz del coronavirus cuando ni siquiera había superado la del 2008.

Un desierto de esperanza en el que emanciparse se ha convertido en una palabra tan atractiva como frustrante. El deseo está ahí, pero la realidad es un muro que no se puede traspasar. «Creo que nuestra generación va a tener un futuro dramático. Mis padres y mis abuelos pudieron tener una casa propia, yo ni siquiera sé si voy a poder tenerla», explica Francisco.

Cuando comprar y alquilar en solitario se vuelve imposible surgen alternativas como las de alquilar piso con otras personas. Este es el caso de Laura, una joven de 24 años que estudió la posibilidad de comprar, pero que finalmente la desechó y decidió marcharse a vivir con una amiga: «Hace cuatro meses que me fui a vivir con una amiga. Compartimos gastos y eso me permite tener la independencia que tanto deseaba. Miré de comprar por mi cuenta, pero no lo vi viable, así que se me presentó la alternativa de irme a vivir con mi amiga y aquí estoy».

Sube el paro juvenil

Los testimonios no engañan y los datos, tampoco. El coronavirus ha devuelto los niveles de emancipación de los jóvenes españoles a los datos del 2001, con un tasa del 17,3%, y ha disparado el desempleo de los menores de 30 años al 30 por ciento, con uno de cada tres jóvenes en situación de riesgo de pobreza, según los datos del primer semestre de 2020 del Observatorio del Consejo de la Juventud de España. En ese primer semestre de 2020, en el que se declaró la pandemia de la Covid-19, la tasa de desempleo en el colectivo de jóvenes hasta 30 años subió 4,8 puntos porcentuales, el doble que en el conjunto de la población, hasta situarse en el 30 por ciento.

El retroceso en la calidad de vida de los jóvenes es evidente y hay dos argumentos sólidos que lo explican: la poca estabilidad laboral que existe y los sueldos bajos que no son acordes al nivel de vida. Si a eso se le suman las pocas facilidades que se dan a la hora de comprar o alquilar una vivienda, la combinación se torna explosiva.

Poca estabilidad laboral

La poca estabilidad laboral se explica mediante una realidad irrefutable, y es que los contratos temporales y parciales suelen corresponder a los menores de 30 años. Eso genera una inestabilidad laboral y una imprevisibilidad de ingresos que no permite hacer planes a largo plazo. La calidad del empleo juvenil ya fue empeorando durante el periodo 2008-2018, según un estudio de la Fundación ‘La Caixa’. Ni la tasa de paro juvenil (23,8%) ni la temporalidad de los contratos (56%) se han recuperado de la crisis desencadenada en 2008 y ahora tienen que hacer frente a otra crisis como es la del coronavirus. Preocupa, además, el aumento de contratos con una jornada de trabajo a tiempo parcial involuntaria (53,4%).

El sueldo medio de un joven también es insuficiente para afrontar con garantías una emancipación. Así lo demuestra el Observatorio DESC y el Consell Nacional de la Joventut de Catalunya (CNJC), que afirma que la población juvenil tiene que dedicar el 120% de su salario a pagar la vivienda, según el estudio.

Salarios más bajos

Además, los jóvenes han visto cómo sus ingresos salariales han bajado durante 10 años consecutivos y se encuentran, a día de hoy, en los 930 euros mensuales, según datos de la Encuesta anual de estructura salarial publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El estudio del CNJC y del Observatorio DESC también indica que el salario bruto de los jóvenes ha bajado un 21% en una década.

¿Por qué hay tan pocas facilidades para comprar o alquilar un piso? Bien, a la hora de adquirir una vivienda se establece que se necesita un 20% del valor de ésta como entrada, más los gastos al firmar una hipoteca. Una cantidad elevada y de la que la mayoría de los jóvenes no dispone.

Pero no solo eso, conseguir una hipoteca no es una tarea sencilla, ya que la incertidumbre reina en las personas, pero también en los bancos. Las entidades financieras cada vez son más reacias a la financiación. Exigen muchas garantías y los jóvenes actuales, con una capacidad adquisitiva mermada por los bajos salarios, no disponen de los fondos iniciales necesarios para la adquisición de su primera vivienda, por lo que no les queda más remedio que acudir al mercado de alquiler. Y el alquiler tampoco es barato, lo que hace que los jóvenes vean su emancipación como un paso repleto de riesgos. Son tiempos de Covid e incertidumbre. Los jóvenes lo saben bien.

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