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La guerra de Dionisio por una parada decente

En insistencia no le ganan. Un vecino lleva más de un año reclamando a diferentes departamentos del Ayuntamiento que arreglen una parada de autobús a pocos metros de una residencia de ancianos 

Norian Muñoz

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Dionisio en la parada de Maria Cristina que quiere que arreglen. Foto: N.Muñoz

Dionisio en la parada de Maria Cristina que quiere que arreglen. Foto: N.Muñoz

La guerrra de Dionisio López se mide en centímetros; los 30 o 40 que tiene que sortear cuando baja del autobús en la parada de la Avenida María Cristina. Para quien no tiene problemas de movilidad aquello no pasa de un simple salto; para quien va con un bastón, como Dionisio, es jugarse una caída.  

El vecino llega a la redacción del Diari cargado con fotocopias y un dibujo hecho a mano por él mismo tratando de explicar lo que le pasa. Esta parada, que tiene que usar con frecuencia para ir al médico, es todo un reto para él y para otras personas mayores.

Subimos con él al autobús de la línea 6 para tratar de entender lo que sucede. Al subir en Pere Martell nos hace notar, de nuevo, que todo es cuestión de centímetros; esta vez para bien. En esta parada, como hay una plataforma de cemento que mantiene el nivel de la acera, se puede subir al autobús sin esfuerzo (tercera foto). Esa es, justamente, la solución que Dionisio quiere para la parada de María Cristina.
Eso sí, por el camino nos enseña que la suya no es la única parada conflictiva. En la de Ramón y Cajal las puertas por donde bajan los viajeros van a dar directamente al agujero y a los restos de un árbol que se ha cortado de raíz. «Con lo fácil que sería taparlo con cuatro baldosas», aventura. 

El problema: salvar el desnivel del autobús a la carretera. Foto: N.Muñoz

Además no se engaña, los problemas de las paradas de autobús de Tarragona no son sólo responsabilidad del Ayuntamiento, sino que muchas veces la culpa es de incívicos que aparcan sin control aquí y allá.

Finalmente llegamos a la parada de María Cristina y, efectivamente, las puertas traseras del autobús se abren a la altura de un vado (para que nadie aparque) que está en la carretera. A Dionisio le cuesta bajar, incluso a pesar  de que el conductor ha inclinado  un poco el autobús. Con todo, no es el pasajero que lo pasa peor; él mismo acaba ayudando a una señora mayor que va con un carrito de la compra y que parece que no podrá salir a tiempo. 

Y no es la única vez que se repite la escena, asegura, más que nada porque a pocos metros, en la misma acera, hay una residencia de mayores. De hecho, él ha visto cómo el autobús ha tenido que hacer maniobras para sacar la plataforma para las sillas de ruedas. En ese caso abre las puertas más adelante, en el trozo donde hay un poco de acera, pero como está tan baja, la plataforma no llega bien al suelo.

Queja tras queja

Harto de quejarse a conductores e inspectores, en octubre de 2016 decidió ir a ponerlo en conocimiento de la Empresa Municipal de Transports de Tarragona, EMT. Para su sorpresa, cuando le respondieron le pedían disculpas por demorarse en contestarle. «La respuesta a su reclamación se había archivado sin enviar y al recibir de nuevo su reclamación nos hemos dado cuenta de que no la habíamos mandado», se excusaron.
Pero tampoco le daban buenas noticias. El problema, se limitaban a comentarle, era que «el pavimento que afecta a la parada está hundido y a nivel del asfalto debido a la sucesión de asfaltados que se han ido realizando en esa calle». La solución, le explicaban, pasaba por hacer de nuevo el pavimento de la parada, pero «esa obra deben autorizarla los servicios de ingeniería del Ayuntamiento de Tarragona y realizarla la Brigada Municipal».

Lo que quiere Dionisio, una plataforma como la de Pere Martell. FOTO: N. Muñoz

Y vuelta a empezar, esta vez a hablar con los ingenieros municipales, que le aseguraron que la obra debía hacerse el año pasado. Trae apuntado incluso el número de expediente. No pasó nada,

Pero como a insistente no le ganan, mientras hablaba con un departamento y con otro del Ayuntamiento y mandaba cartas Dionisio se entrevistaba con políticos de uno y otro color político sin mejor suerte. La parada que le mortifica, se ve, no debe ser prioritaria. «Están esperando a que alguien se dé un batacazo», se queja, pero no se rinde. Está muy convencido de que es su deber como ciudadano denunciar lo que está mal, «y otras veces me han hecho caso», reconoce.

El Ayuntamiento toma nota

Consultados sobre el futuro de la parada, desde el Ayuntamiento de Tarragona sólo explican escuetamente que «la Empresa Municipal de Transport y los servicios técnicos del Ayuntamiento conocen la situación y se tratará de solucionarla».
Seguramente Dionisio no habrá escuchado hablar del Plan de Accesibilidad que debería tener el municipio y que no tiene. Es probable que tampoco sepa que esta semana el pleno del Ayuntamiento volvió a aprobar una moción (la segunda) en la que todos los grupos políticos se mostraban a favor de sacar adelante el plan.

¿Y el plan de accesibilidad le habría dado a Dionisio la parada que quiere? Probablemente, no, es sólo un plan. No obstante, sí que al menos permitiría hacer una evaluación de cuántas paradas como ésta hay en la ciudad.

Nos despedimos de Dionisio, se va más tranquilo, pero se nota que volverá.

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