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La historia a través de la meteorología en Tarragona

La muestra, que arranca en la época de la Ilustración y termina en la actualidad, ofrece al visitante instrumentos de todo tipo, desde termómetros hasta anemómetros, propiedad de Hug Texidó. La exposición se puede ver hasta el 23 de abril en el Tinglado número 1 del Moll de Costa

Esther Garrido

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Hug Texidó junto a un pluviómetro y a un anemómetro. Ambos aparatos son del siglo XIX. Foto: Lluís Milián

Hug Texidó junto a un pluviómetro y a un anemómetro. Ambos aparatos son del siglo XIX. Foto: Lluís Milián

Instrumentos meteorológicos existentes desde el siglo XVII hasta la electrónica digital, termómetros, barómetros, pluviómetros o anemómetros. Es lo que encuentra el visitante que se acerca a la exposición Meteorologia històrica al Port de Tarragona. Un viatge per la història a través dels instruments i documents meteorològics de totes les èpoques . También hay mucha documentación sobre los sistemas de medición y períodos históricos. Se trata de una colección particular de objetos de meteorología histórica que estará abierta en el Tinglado número 1 del Moll de Costa el día 23 de abril.

El visitante puede admirar la exposición a través de cuatro etapas: la época de la Ilustración, el siglo XIX (con las expediciones científicas y geográficas de los ingleses), la Primera Guerra Mundial y la Segunda. La exposición se divide en distintos dioramas en los cuales se representan los diferentes momentos históricos, acompañados de información contextualizada no sólo de cada uno de los aparatos sino también de su uso en la historia.

Uno de los puntos fuertes de la exposición es mostrar al público cuan importante es la medición de la meteorología para la historia. Una de las anécdotas más reseñables fue en la Segunda Guerra Mundial, cuando J.M. Stagg persuadió a Eisenhower de cambiar el día de desembarco de Normandía, dadas sus mediciones sobre las tormentas en el Canal de la Mancha. Así, tuvieron que esperar al primer día que hubiera luna nueva.

Desembarco de Normandía

«Un sólo hombre puede cambiarlo todo», asegura Hug Texidó, propietario de todos los objetos expuestos. Se aficionó a la meteorología con sólo tres años, desde las riadas ocurridas en el año 1962. Tiempo más tarde se hizo excursionista y los sistemas de medición se le hicieron fundamentales. También era radioaficionado, con lo que compartía datos con otras personas, además de recibir directamente el Meteosat ya en los años 90.

Todos los objetos de Texidó han sido adquiridos de su bolsillo o regalados por amigos, en una afición que comenzó «poco a poco y casi sin darme cuenta». El año 1995 hizo su primera exposición sobre meteorología y la actual es ya la séptima, la cual lleva tres años preparando.

Texidó es una persona muy agradecida. Siempre tiene un recuerdo en su memoria para las personas que le han ayudado en su recorrido, como Josep Bertran, quien conocía su colección y decidió ayudarle poniéndole en contacto con el Port.

Texidó agradece el apoyo de su familia, ya que, según asegura, «muchos coleccionistas se lo esconden a sus esposas» y en su caso no ha sido así. Reconoce, no obstante, que su hobbie es solitario. Es muy elitista dado su alto coste económico y apenas hay unos cuantos coleccionistas como él en todo el mundo. Aún así, «somos competidores y amigos a la vez, todos nos conocemos y nos ayudamos», asegura.

La historia de cómo se ha ido haciendo con cada uno de los objetos es cuestión de años, paciencia y oportunidad. «Hay objetos que aparecen y después desaparecen», dice. Por ello, su filosofía es la de «si puedo, me lo compro. Porque nunca sabes si volverá a estar disponible».

Los objetos de la exposición más valiosos sentimentalmente para él son los anemómetros del siglo XIX. «Me encanta el viento», afirma, «un día con sol y viento es la perfección para mí».

Una cosa muy destacable es que todos los objetos, a excepción de uno, siguen funcionando. Texidó asegura, orgulloso, que «los objetos de hace 150 años siguen funcionando», no como los de hoy en día.

El objeto más extraño de la muestra es un anemómetro de mano de velocidad instantánea de placas deflectoras, del 1935.

El más antiguo es el termómetro de instantánea de 1730 a 1750 de escala Rèamur, y el más moderno una radiosonda del año 2000. Todos los aparatos son fuertes y frágiles a la vez, ya que aguantan en el exterior temperaturas desde -50 cº a 50 cº, pero en cambio, lo que no soportan es una mala manipulación.

Otro objeto muy curioso es un higrómetro tipo Saussure, del 1873, el que para poder medir la humedad necesitaba el cabello de una chica rubia caucásica. Pero no es el único importante. También hay un Lunario perpetuo hecho por su propio bisabuelo en el 1888. Texidó confiesa que tras cada objeto «hay una historia», la mayoría personal, y que llamar ‘aficionado’ a alguien en el mundo de la meteorología no es un peyorativo, ya que los datos que ellos obtienen son de los que se nutren los investigadores.

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