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La historia de Sergi Fèlix: Cómo sobrevivir a la pandemia sin bolos

Buscándose la vida. El cantante de Vergüenza Ajena se reinventa y pide que se programe cultura

Carla Pomerol

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Sergi Fèlix, de 34 años, creció entre la Part Alta y Riuclar. Se dedica a la música gracias a sus padres, dice.

Sergi Fèlix, de 34 años, creció entre la Part Alta y Riuclar. Se dedica a la música gracias a sus padres, dice.

A Sergi Fèlix, o más conocido como el alma del grupo Vergüenza Ajena, no le hace falta presentaciones. La mayoría de tarraconenses le han visto con su inseparable guitarra en cualquier escenario de la ciudad. Una imagen que hace meses y meses que no se repite. La pandemia ha maltratado a muchos colectivos. También a los músicos, quienes se han quedado sin su principal fuente de ingresos: los bolos. El protagonista de hoy nos explica cómo sobrevive a esta situación, justo ahora que acaba de ser padre. 

Sergi Fèlix, a parte de ser el vocalista de la banda de rumba Vergüenza Ajena, también pone la voz al dueto Els Xatus. Se trata de un formato más íntimo y que ha recorrido gran parte de la geografía tarraconense. «Sin ninguna duda, este era el año de Els Xatus. Teníamos entre 50 y 60 bolos apalabrados, entre fiestas mayores de pueblos pequeños y bodas», explica Fèlix, quien añade que «la previsión era que este sería nuestro mejor año». 

El 13 de marzo, su suerte, como la de muchos, cambió radicalmente. Tras muchos años subido a un escenario, el protagonista de hoy se veía obligado a buscarse la vida. Algunos ayuntamientos anulaban inmediatamente los conciertos y, en el caso de las bodas, iban suspendiéndolas semana a semana. «Fue muy duro», recuerda.

Pero rápidamente pensó en reinventarse. Empezó ofreciendo conciertos a través de las redes sociales, con su proyecto Rumba Confinada. «Conocí a mucha gente y fue entonces cuando me di cuenta de los muchos seguidores que tenemos», explica Fèlix. También apostó por personalizar canciones y para hacer algún que otro bolo a través de aplicaciones, como el Zoom. «Recuerdo con mucha emoción cantar en el cumpleaños de un niño. Los familiares estaban en sus casas y todos conectados a la aplicación», explica Fèlix. Primero, empezó a hacer los conciertos de manera gratuita, pero después optó por aceptar donaciones. «Llegó un momento que necesitaba una compensación. Algunos colegas de Barcelona me dijeron que se estaba llevando mucho el tema de la taquilla inversa online», explica Fèlix.

Fèlix también vio como una oportunidad el hecho de dar clases particulares de guitarra. «Empecé con tres, y ahora ya tengo 13 alumnos», añade.
Cuando llegó el verano, la cosa mejoró un poco. Hizo algún que otro bolo en pueblos y en bares. El momento álgido llegó con las Festes de Santa Tecla. Vergüenza Ajena llenaba el Camp de Mart. Todo parecía volver a la normalidad. Nada más lejos de la realidad. La segunda ola se asomaba y nuestro protagonista volvía a quedarse sin trabajo. 

«Anímicamente ha sido un año muy duro. Mi medicina siempre ha sido tocar la guitarra y, con la que está cayendo, es casi imposible subir a un escenario», explica Fèlix, quien desde aquí quiere aprovechar para enviar un mensaje: «Necesitamos volver a programar cultura y el público debe tener un papel importante. La gente tiene que ser responsable y adaptarse a las medidas actuales. No queremos que sigan criminalizando al sector». 

Pero de todo se saca algo positivo. Fèlix asegura que «gracias al confinamiento, nos hemos dado cuenta del importante número de seguidores que tiene Vergüenza Ajena», y anuncia, en exclusiva, que la banda de rumba más conocida de Tarragona ya está grabando otro disco con nuevas canciones y más alegría.

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