La implicación de un barrio ante el riesgo de exclusión social

Los donativos de la Campaña de Navidad de Cáritas en Sant Pere i Sant Pau, marcados por las restricciones
 

Òscar Lascorz

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Una cuarentena de voluntarios han colaborado en la recogida de alimentos.  FOTO: P.F.

Una cuarentena de voluntarios han colaborado en la recogida de alimentos. FOTO: P.F.

Josefina y Bernabé forman una de las catorce parejas repartidas por todo Sant Pere i Sant Pau que recogieron ayer por la mañana los donativos y las bolsas con alimentos para vecinos del barrio tarraconense. Es el trigésimo séptimo año consecutivo que se ofrecen voluntariamente a colaborar con la tradicional Campaña de Navidad que organiza Càritas parroquial en Sant Pere i Sant Pau. O, lo que es lo mismo, ejercen de voluntarios desde que en 1983 se hiciera por primera vez.

«Lo hacemos con mucho gusto e ilusión», reconoce Josefina con una sonrisa de oreja a oreja. Lo cierto es que de los catorce puntos de recogida, el suyo es el que se encuentra más alejado de una tienda de comestibles, lo que supone que acuda menos gente hasta ellos.

A los pocos minutos llega Jordi Borràs en coche e introduce en el maletero todos los alimentos que hay sobre la mesa de Bernabé y Josefina. Él es uno de los encargados de organizar la recogida y se dispone a llevar todas las bolsas a la parroquia de Sant Pere i Sant Pau, centro neurálgico de esta Campaña de Navidad. Ahí se concentran la mayor parte de los 45 voluntarios que separan y clasifican los alimentos para luego almacenarlos correctamente.

«Tenemos que cubrir necesidades básicas. Pedimos, en especial, productos higiénicos, aceite y detergente», destaca Óscar Guillén, quien, junto a Jordi, organiza una campaña que, reconoce, ha sido diferente a otros años a causa de la pandemia. «Es pronto para hacer una valoración sobre cómo ha ido la jornada, pero no poder hacer el puerta a puerta que realizamos cada año nos perjudicará», explicaba Óscar. Se han adaptado a las circunstancias, lo que implica sustituir las bolsas y sobres que se depositaban en los buzones por cuartillas informativas. Además, de los 150 voluntarios que colaboraban habitualmente en una jornada como la de ayer, la cifra se redujo a 45.

«Los que año tras año donamos alimentos, colaboraremos pasen o no por nuestros pisos. Creo que han informado muy bien de la campaña», dice José Antonio, quien entrega un donativo y alimentos al punto de recogida en el que están José Luis y Puri. El suyo se encuentra justo a la salida de un supermercado por lo que la afluencia de gente es considerable. Entre ellos, pasa Josep Masdéu, mosén de la parroquia de Sant Pere i Sant Pau, quien reconoce que las sensaciones son flojas: «además de no hacerse el puerta a puerta, la gente viene de colaborar con la Gran Recogida de Alimentos. Estos dos factores pueden influir», justifica Masdéu, quien, a su vez, celebra que se haya recuperado voluntariado joven. 

Llamamiento a regalar ánimos

Hasta noviembre, Càritas parroquial de Sant Pere i Sant Pau atendió a 97 familias del barrio, 48 de las cuales acudieron por primera vez al servicio. Los lunes son los días que estas se acercan hasta la parroquia para conseguir los alimentos que, en jornadas como las de ayer, los vecinos y entidades donan. 

Más allá de esto, al menos una vez al mes, la parroquia ofrece un servicio de acogida a estas familias, para conocer la situación económica y personal de sus miembros. En muchos casos, se tratan de personas en riesgo de exclusión social. Por eso, en esta Campaña de Navidad, Càritas ha hecho un llamamiento a regalar ánimos a estos vecinos que no están pasando por una buena situación: «animamos a todos a que nos envíen un detalle que pueda ayudar a alguien en momentos difíciles para que les den ánimos y fuerzas», explica Óscar, quien asegura que, con estas muestras de apoyo vecinal, se puede evitar la exclusión social.

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