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'La indiferencia nos mata'

Entrevista con Josep Frigola Ribas, misionero y autor del libro 'Tota una vida per Àfrica'

Esther Garrido

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Josep Frigola estuvo esta semana en Tarragona para participar en la presentación de la campaña anual de Mans Unides. Foto: lluís milián

Josep Frigola estuvo esta semana en Tarragona para participar en la presentación de la campaña anual de Mans Unides. Foto: lluís milián

Josep Frigola nació en el año 1941 en Ventalló (Alt Empordà). En el año 1951 entra en el seminario de Girona. Misionero de vocación, ha pasado la mayoría de su vida en África, entre Burkina Faso y Níger. Se ha centrado en la evangelización de los pueblos, ha sido nombrado consejero pedagógico del Programa de Educación de Base por la Iglesia Católica y ha escrito un libro: Tota una vida per Àfrica.


- Usted nació en la posguerra. ¿Cómo afectó este hecho a su vida? - Vivíamos en una casa de payeses, en el Empordà. Fue una etapa bastante dura . De pequeño recuerdo ir a trabajar al campo, al huerto.

- Sobre su infancia en la posguerra, ¿encuentra coincidencias entre esta y su vida en África? - Sí. Me han servido mucho, porque se trata de la vida de payés, la rural. Esta experiencia me aportó muchos conocimientos y me ayudó mucho a integrarme en la vida de África.

- ¿Cuándo sintió «la llamada» de hacerse misionero? ¿Por qué? - Primero sentí la llamada a la vocación de ser capellán. Entonces, de mayor, empecé a ver misioneros que pasaban por allí y explicaban sus experiencias. Pero uno de ellos era un compañero mío y me sorprendí mucho cuando se marchó. Y fue cuando decidí irme y ser como ellos. A mi compañero lo asesinaron en el año 1994 mientras yo estaba en Níger.

- ¿Qué sintió cuando su compañero le dijo que se marchaba? - Me impactó. Yo no había pensado nunca en ello, pero me planteé «¿Y por qué yo no? ¿Qué me impide ser misionero?». Al final decidí irme al Instituto de Misioneros de África. Yo escogí el que tiene el sobrenombre de Padres Blancos, pero hoy en día podríamos decir que son padres negros, ya que la mayoría son africanos. En Occidente no hay vocación, pero en África sí.

- ¿Echaba en falta su hogar? - Sí y no. Desde que empezamos el seminario ya hacías tu vida. Y después cuando viajé a África claro que echaba en falta, pero cuando lo haces por vocación no te sientes mal. ¡Al contrario! Es un sentimiento interior, un hilo conductor que te lleva de un lugar a otro.

- Hábleme de su trabajo como misionero. ¿Por qué cree que es importante? - Como enviado, has de proclamar un mensaje: testimoniar de nuestra fe en el Evangelio donde vas y donde vives. Se ha de proclamar el Evangelio pero a la vez se han de respetar los derechos de cada persona. Esta tarea de ayudar a la gente a que se desarrolle, crezca, hace que coja las riendas de su vida y de su país.

- ¿Entonces, cómo es el trabajo de misionero? - Lo primero es ser y vivir con la gente donde estás destinado. Llegar al corazón de la gente. Se ha de comenzar por un estudio de la lengua y las costumbres. Intento observar cómo viven y adaptarme en base a ello. Por ejemplo, como era gente rural, empecé haciendo trabajos en el campo.

- ¿Qué aporta la evangelización? - El Evangelio no nos pide si hemos ido a misa o no, si hemos cumplido los mandamientos. Lo que nos pregunta es: ¿Cómo has querido a tu hermano o a tu hermana?

- ¿Cuántas lenguas habla usted? - Catalán, castellano y francés. De africanas aprendí el mossi, el hausa y el zerma. Los mejores profesores son los niños. Recuerdo un niño en Níger que me repetía las cosas una y mil veces. Me enseñó la forma, el tono, todo.

- En su libro Tota una vida per Àfrica dice que el trabajo pastoral y el social son dos polos rivales. ¿Por qué cree que es tan difícil unir esos dos puntos? - Porque los separamos nosotros mismos. Nos han educado a separar entre cuerpo y alma. La Iglesia se ha querido dividir: vida de fe y vida política. Pero no se puede cortar.

- ¿Se tendrían que unir la vida política y la espiritual? - Todo acto es político. Todo acto es social. No se puede dividir la vida política y la vida de fe.

- Siguiendo el hilo de unir la parte pastoral con la social. ¿Para usted hay algún punto más importante que otro? -

No. Eso sí, si alguien me pregunta cuál es el motor que me mueve, éste es la fe. Es ésta la que me hace ver que la persona se ha de respetar como es. Que se la ha de ayudar a que crezca. Si una persona es musulmana tengo mucho que decirle. Nos acostumbramos a decir: con esta gente no se puede dialogar. Pero cuando no hay maneras de dialogar con palabras, hay otras formas, como viviendo una realidad social juntos.

- ¿Cuál cree que es la mejor vía para el progreso en África? - La educación. Nelson Mandela dijo que la educación es la mejor revolución. Educación en cuanto a crecer como personas. A partir de este punto puedes coger las riendas de tu vida. En esta educación sí creo. Pero cuando veo la educación escolar, la de aprender cosas… Aprendemos cosas y no aprendemos a vivir.

- ¿Cómo es Níger? -Es un país con un gran potencial humano a pesar de ser el más pobre del mundo. No importa de qué religión seas. Lo único que importa es tu condición humana. Hay muchas etnias y mucho conflicto, pero crecimiento en responsabilizarse de ellos mismos. Tienen «orgullo de ser» y quieren manifestarlo. Actualmente es un lugar de tránsito y migración, así como el centro de muchos focos de terrorismo islámico. Ahora las potencias intentan intervenir para ver cómo solucionarlo. Pero es muy difícil.

- Según su experiencia ¿qué le falta a la sociedad africana? - Poder ser más ella misma. Las influencias coloniales tuvieron muchoimpacto. Y las neocoloniales todavía lo siguen teniendo. En los países en los que yo he estado, todavía se depende mucho de dos factores: uno es el clima, con su régimen de lluvias y desertización. El otro es la ayuda exterior. De momento, desgraciadamente son países que no pueden vivir según sus propios recursos y eso los marca muchísimo.

- ¿Y a la catalana? - Compromiso. A pesar del paro y de tantos problemas, disponemos de mucha riqueza y no la sabemos compartir. Otro valor que echo en falta es que nos quedamos muy indiferentes sobre lo que ocurre en el mundo. La indiferencia nos mata. El hecho de tener tanta comunicación y de saber todo lo que pasa, nos puede tocar durante unos momentos, pero nada más. Es como tocar una cuerda de guitarra. El hecho de saber tanto nos puede tocar los sentimientos pero no hace música.

- Explíqueme su mejor experiencia como misionero. - La alfabetización. De repente alguien viene y te dice «ahora soy una persona, ahora cuento». El saber escribir aporta autoridad. Se hacen milagros con la lengua.

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