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La integración del Circ en la ciudad actual protagoniza la Tarraco Viva

El catedrático Joaquín Ruiz de Arbulo muestra la convivencia de este monumento con la ciudad actual, en una visita que permitió conocer el pasado, presente y futuro del yacimiento

NÚRIA RIU

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El catedrático Joaquín Ruiz de Arbulo protagonizó una visita guiada para conocer el Circ.  FOTO: PERE FERRÉ

El catedrático Joaquín Ruiz de Arbulo protagonizó una visita guiada para conocer el Circ. FOTO: PERE FERRÉ

Era una de las novedades de esta edición de Tarraco Viva, el estreno de las gradas de madera del Circ, en la Plaça Sedassos. Sin embargo, los trabajos de adecuación que quedaban pendientes impidieron que el Ayuntamiento pudiera recepcionar la obra a tiempo, y finalmente el público se quedó sin sentarse en la banqueta. Así es que el catedrático en Arqueología Clásica, Joaquín Ruiz de Arbulo, tuvo que tirar de experiencia e improvisar una ruta por la Part Alta, para conocer uno de los monumentos más sorprendentes del legado romano.

El punto de inicio era Sedassos. Allí Ruiz de Arbulo lanzaba la primera pregunta al público: qué significa todo esto. «Por una parte un orgullo y por el otro un problema», decía. Y es que ningún otro monumento como este representa lo que realmente significa vivir en una ciudad con un legado de más de 2.000 años de historia, en la que las viviendas, negocios y plazas se han desarrollado conviviendo con su pasado. «El Circ es, de todos los monumentos, el que mejor muestra porque somos Patrimonio Mundial», decía.

Ningún edificio de este entorno se salva de esta integración. Incluso el propio Ayuntamiento ocupa uno de los lugares destacados del antiguo recinto, con una capacidad para 20.000 personas. Un hecho que se puso de manifiesto cuando se hicieron las obras para la instalación del ascensor del Palau Municipal, que pusieron al descubierto los boxes de salida de los carros que participaban en las carreras de cuadrigas.

Los edificios de la Plaça de la Font están integradas en cada una de las secciones del antiguo Circ, lo que se traduce en que cada uno de los edificios mantiene la misma anchura, respetando las antiguas bóvedas. Uno de los ejemplos más claros es el edificio de la Caixa, en el que se puede ver a través del cristal la magnificencia del monumento.

El grupo se traslada a la zona de la Capçalera. Allí, el alcalde Josep Maria Recasens proyectó un gran parque arqueológico de acceso a la Part Alta, de forma que todas las viviendas de ese sector tenían que ir fuera. El proyecto no se terminó «seguramente no lo veremos», decía Ruiz de Arbulo. Y es que la visión del arqueólogo es una mirada crítica hacia algunas intervenciones que en algunos casos siguen pendientes y, en otros, en los que podrían haberse hecho de otra forma. Y ahora que hay un proceso de participación para decifir los usos de las gradas del Circ, qué opina este especialista. «Yo no habría hecho nada, pero ahora hay que estar dispuestos a buscar la mejor solución posible que se nos ocurra para disfrutar del espacio».

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