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La metralla que escondía el Pòsit

La restauración del edificio del barrio del Serrallo ha sacado a la luz las secuelas de una bomba caída entre 1938 y 1939. La idea del Port ahora es terminar las obras dando visibilidad a esta huella histórica
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Josep Company, historiador aficionado, muestra las secuelas de la bomba caída cerca del edificio. Foto: Lluís Milián

Josep Company, historiador aficionado, muestra las secuelas de la bomba caída cerca del edificio. Foto: Lluís Milián

Hace tres semanas largas, el arquitecto Xavier Climent, responsable de la remodelación integral del edificio de la antigua Confraria de Pescadors, llamó entusiasmado al arqueólogo municipal, Joan Menchón, para darle una grata noticia: las columnas que sustentan la terraza de La Puda conservaban secuelas de metralla de una bomba caída durante la Guerra Civil.

El descubrimiento replanteaba parcialmente el proyecto encargado por la Autoritat Portuària (debe terminarse en dos fases este año) para remodelar este edificio y devolverle el esplendor perdido hace años a causa del traslado de la propia cofradía al Moll de Pescadors.

Climent explica que «repicando el rebozado de encima de un arco de la terraza se hundió una pared que escondía capiteles descabezados de las columnas originales de 1932». Tras quitar el postizo que cubría las columnas, el arquitecto informó al Port, a Cultura de la Generalitat y al Ayuntamiento para consensuar cómo debían seguir las obras.

Fuentes de la Autoritat Portuària explican que «se está estudiando la posibilidad de dejar las columnas tal y como han aparecido para mantener los restos de metralla y dejar testigo arquitectónico de los sucesos de la Guerra Civil».

El descubrimiento de esta metralla ha sido comentado en el barrio porque ha despertado la curiosidad de la historia de este edificio. Francesc Pedrol, Ros de la Guita, es actualmente el vecino más anciano del Serrallo. A sus 94 años tiene la mente lúcida y una memoria prodigiosa, aunque él no fue testigo directo de esta bomba caída muy cerca del edificio del Pòsit en 1938 ó 39.

«No recuerdo cuándo cayó la bomba. Estaba en el frente, en La Fatarella o Mequinenza», explica. Sin embargo, este pescador apunta que tras la guerra y antes de que recuperara el uso de café, se recubrieron las columnas para borrar la huella de la bomba y se utilizó ese edificio para almacén un tiempo. Luego, a pesar de ser café y luego restaurante (ya en la década de los años 60), nunca se destaparon las columnas originales que había pensado Antonio Pujol Sevil.

El descubrimiento de la metralla o sus secuelas también ha atraído la curiosidad de historiadores de la ciudad. Uno de ellos, Josep Companys, afirma que «es importante que los hechos de la ciudad puedan verse in situ para ser explicados. Ahora con las visitas de la Memòria Històrica estas columnas pueden reforzar las explicaciones de los bombardeos sufridos en Tarragona».

Además de las columnas, el proyecto restaurará el reloj de la fachada y habilitará la antigua cofradía con los mismos usos: el restaurante La Puda en la planta baja, una sala polivalente encima con capacidad para 160 personas y una segunda planta, donde había las aulas para los niños de los pescadores hace unas décadas, se cambiarán por oficinas de la Autoritat Portuària de Tarragona. La rehabilitación de este edificio protegido tiene una inversión que ronda los 1,2 millones de euros.

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