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La mitad de los vados de peatones tiene problemas de accesibilidad

Escalones insalvables, pendientes demasiado elevadas, señalización incorrecta... Un recorrido en silla de ruedas muestra el amplio catálogo de escollos que hay en la ciudad
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Aunque la acera es baja en este paso de peatones del Párking Saavedra, como no está rebajado, no se puede cruzar en silla de ruedas. Fotos: Lluís Milián

Aunque la acera es baja en este paso de peatones del Párking Saavedra, como no está rebajado, no se puede cruzar en silla de ruedas. Fotos: Lluís Milián

Paso de peatones de la avenida President Companys, justo delante la Subdelegación del Gobierno. Aunque a simple vista no lo parezca, este es uno de tantos vados ‘conflictivos ’para las personas con movilidad reducida. Al hecho de que hay una farola justo antes del paso se suma la circunstancia de que la acera es muy estrecha y queda completamente inclinada, con lo que se pierde lo que los técnicos llaman ‘banda de paso’, ese espacio por el que los peatones deberíamos poder caminar sobre plano. La consecuencia es que es fácil que quien va en silla de ruedas termine, sin quererlo, en la carretera.

Así nos lo demuestra Lluís Roig, arquitecto técnico, ingeniero de edificaciones, responsable de la Fundación Tarragona Unida del Col·legi d’Aparelladors, Arquitectes Tècnics i Enginyers d’Edificacions de Tarragona (COATT) y usuario de una silla de ruedas. Se ofrece a ayudarnos a hacer un breve repaso por la variada casuística de despropósitos que abundan en los pasos de peatones.

Al vernos junto a Roig y con la cámara de fotos, un hombre se acerca. «Es terrible, yo he ido con mi padre empujando una silla de ruedas por aquí y es imposible», comenta sobre este vado. Y no es el único; otras personas se nos acercan espontáneamente durante el recorrido para hablarnos de su dificultad para moverse con familiares en sillas de ruedas.

Pero esa incomodidad no es sólo un tema de percepción. Para la elaboración del Pla de Mobilitat en 2011 se analizaron 949 vados del núcleo urbano. Se encontró que un 13,6% de los casos eran «inexistentes» y un 46% necesitaban una mejora.

No es posible saber la situación actual, ya que no se ha vuelto a hacer un estudio similar, pero en el recorrido encontramos que todavía hay una gran variedad de deficiencias.

 

Catálogo de dificultades

Además de la acera que queda completamente inclinada, como en el caso de la Subdelegación del Gobierno, otro problema típico es el del vado que no llega a la calzada, que presenta un escalón. Un ejemplo lo encontramos en la calle Estanislau Figueres, a la altura de la antigua comandancia de la Guardia Civil. Con la silla de Roig, por ejemplo, es imposible salvar la distancia entre la carretera y el vado (ver imagen del teléfono móvil) y eso que, explica, muchas de estas diferencias de nivel se superan gracias a que un gran porcentaje de quienes se mueven en silla de ruedas por la ciudad lo hacen en sillas eléctricas, más potentes, con ruedas más anchas y un sistema de ayuda para estos casos. La situación se repite, además, en calles que no son muy antiguas, como por ejemplo en algunos vados de Pere Martell.

Abundan, además, los vados con pendientes tan elevadas que hay que jugarse el tipo a la hora de subir o bajar. Es el caso de un vado en la calle Santa Joaquima de Vedruna, cerca del colegio Sagrat Cor. Aquí a Roig le toca hacer varios intentos hasta que consigue salvar la cuesta. Para alguien que va con un bastón o muleta una inclinación demasiado alta también es un problema. Para más inri, hay una rejilla de alcantarillado justo en el medio del paso. La dirección de los agujeros, además, permitiría que se quede atascada una silla manual. Y no es el único, también encontramos vados donde se ‘atraviesa’ mobiliario urbano, semáforos y papeleras.

Pero tal vez uno de los pasos más insólitos se encuentra en el Carrer del Mar, donde se aprovecha la entrada y salida de vehículos como si fuera un paso de viandantes.

No obstante, explica Roig, la peor condición se da en las zonas donde los pasos no están rebajados. Es el caso de vías tan importantes como la calle Unión, por ejemplo, que se puede cruzar de subida y de bajada, pero no atravesarla.

 

Pavimento de ‘patchwork’

Más allá de la movilidad física, las deficiencias más evidentes tienen que ver con la mala o inexistente señalización para personas invidentes.

Teniendo en cuenta que la textura del suelo es lo único que tienen las personas ciegas o con resto visual para ‘leer’ dónde pueden cruzar, la ley indica que los vados deben estar señalizados con una banda de baldosas con franjas de líneas rectas que indican su presencia. Además, en el propio vado debe haber una parte de pavimento de botones. Ambos pavimentos especiales deben ser de un color diferente el resto de las baldosas.

El vado correcto, tal como marca la ley de accesibilidad de 2010, apenas existe en la ciudad. «Lo más común es encontrarse una especie de ‘patchwork’ (colcha de retazos)», explica Roig.

Las franjas señalizadoras brillan por su ausencia en muchas aceras nuevas y en algunos casos el problema es que cuando se hacen obras de reparación, o las compañías de suministros levantan la calle, muchas veces no tienen en cuenta el pavimento.

 

El año del Pla d’Accesibilitat

El problema de los pasos de peatones será, sin duda, uno de los aspectos que tendrá que abordar la comisión que se formará este año para redactar el Pla d’Accesibilitat de la ciudad, un documento que la ley exigía desde hace 24 años.

Desde el ayuntamiento explican, además, que «las actuaciones importantes para mejorar los accesos se desarrollarán durante este año, así consta como inversiones para este ejercicio». No han ofrecido más datos porque, explican, se está trabajando en el tema.

De todas formas se siguen realizando actuaciones puntuales. En el balance del Pla de Mobilitat del año pasado consta la supresión de barreras en tres pasos de peatones y cuatro señalizaciones de pasos nuevos.

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