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La necrópolis paleocristiana, un monumento olvidado

El viento se llevó parte de la carpa que cubre el yacimiento, dejando a la intemperie los restos arqueológicos. Los expertos reivindican mejoras e inversiones en el recinto

Carla Pomerol

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La estructura de hierro y policarbonato se instaló en los años 70 y, a simple vista, está en mal estado, con agujeros y hongos.

La estructura de hierro y policarbonato se instaló en los años 70 y, a simple vista, está en mal estado, con agujeros y hongos.

El conjunto funerario de la necrópolis paleocristiana de Tarragona es un yacimiento arqueológico excepcional. Se trata de uno de los santuarios martiriales más antiguos e importantes de la península ibérica, que se descubrió en el año 1923, al iniciar los trabajos de construcción de la antigua fábrica de tabacos, que cesó su actividad en marzo de 2007.

El recinto, que engloba distintos espacios –algunos aún pendientes de excavación–, sufre actualmente algunos desperfectos que contribuyen a la percepción de abandono. Es el caso de la estructura que cubre parte del yacimiento.

Los episodios de fuerte viento que se vivieron durante la Semana Santa se llevaron parte de la carpa, dejando al descubierto algunos de los ataúdes. Además, la estructura, que se instaló en los años 70, se encuentra en estado de deterioro, con agujeros y hongos. 

El desgaste de la cubierta es uno de los problemas del yacimiento. Pero hay otros. Como por ejemplo, el edificio central –antiguo museo de la necrópolis–, que lleva desde el año 1994 cerrado, en desuso.

El área funeraria, es decir, la parte que está cubierta por la estructura de hierro y plástico policarbonato, cuenta con una gran variedad tipológica de entierros. Actualmente, el yacimiento solamente muestra parte de ellos. Así se decidió en el año 2013, cuando se realizó la puesta a punto del conjunto arqueológico, perdiendo algunos elementos funerarios importantes.

Otro de los rincones de la necrópolis –que desde el año 2015 se puede visitar–, es la Cripta dels Enginyers. Durante muchos años estuvo cerrada y, debido a la proximidad del río Francolí, es habitual que la cripta se inunde.

La necrópolis estuvo dos décadas cerrada al público, hasta que en el año 2013, se abrieron sus puertas, después de una remodelación. Desde entonces, los trabajos de conservación en el yacimiento han sido mínimos, llegando al estado actual.

El monumento es propiedad del Estado, pero la gestión es a cargo de la Generalitat. Justamente esta repartición entre las administraciones es la que provoca la falta de inversión.

La cubierta es necesaria

Por todo ello, el yacimiento tiene un aspecto de abandono, aunque según explica la directora del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, Mònica Borrell, el monumento se encuentra en pleno rendimiento.

Borrell reconoce que el problema de la cubierta debe solucionarse lo antes posible. «Estamos estudiando presupuestos y alternativas para la reparación. La solución es compleja, ya que nos encontramos encima de un yacimiento arqueológico y, por lo tanto, no se puede poner cualquier tipo de maquinaria a trabajar», explica Mònica Borrell, quien no descarta replantear la situación e intentar llevar a cabo mejoras en toda la cubierta. «No sé hasta donde podemos llegar», asegura Borrell. 

Para algunos tarraconenses expertos en arqueología, la cubierta es indispensable para conservar los restos de la necrópolis. «Este tipo de monumento no puede estar a la intemperie», asegura el arqueólogo y presidente de honor de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense (RSAT), Rafael Gabriel, quien añade que supone un peligro.

En la misma línea, el arqueólogo y director del Museu Bíblic Tarraconense, Andreu Muñoz, explica que «no ha existido una política de mantenimiento y protección acorde con la excepcionalidad de los restos, y aquí está el resultado. El yacimiento debe estar cubierto: las lluvias y el viento provocan una degradación en los restos. Se suma la desprotección que da paso a las acciones vandálicas. Demasiado tiempo las administraciones mirando hacia otro lado».

Recuperar elementos enterrados

Otra de las cuentas pendientes del recinto es la recuperación de algunos de los elementos enterrados, como por ejemplo la Basílica de Sant Fructuós, un santuario donde están enterradas las reliquias de los mártires Fructuós, Eulogi y Auguri, que fueron quemados vivos en el Amfiteatre.

La basílica se encuentra dentro del recinto de la Tabacalera y, por lo tanto, no es visitable. «Si pudiéramos excavar todo el espacio, los visitantes tendrían una visión más real», opina Muñoz.

Otro de los yacimientos apartados de la necrópolis, pero que forma parte de ella, es la Basílica Funerària de la Beata Thecla, que se encuentra en medio del párking del Parc Central. Por su parte, desde el MNAT aseguran que hay «la voluntad de solucionar las carencias del yacimiento», según Borrell.

«No he entrado nunca»

Pasan un total de 7.000 visitantes anuales por la necrópolis, entre público escolar y turistas. Por el Museu Nacional Arqueològic –actualmente en obras–, pasan unas 55.000 personas. «¿Está abierto? Pensaba que ya estaba cerrado. Creo que entré una vez cuando era pequeña...», explica Raquel Aguado, de 39 años y vecina de Tarragona, quien añade que «el aspecto es de abandono total».

En esta misma línea se encuentra Antonio Collado, de 74 años y residente en el barrio de La Granja, quien confiesa no haber entrado nunca. La necrópolis forma parte del Patrimonio Mundial de la ciudad y, sin embargo, es uno de los monumentos más olvidados, tanto por los tarraconenses como por las administraciones.

 

El edificio central sigue cerrado al público

La necrópolis estuvo cerrada al público durante casi 25 años. En el 2013, se recuperó el recinto. Pero no en su totalidad. El edificio central, que era el antiguo museo arqueológico, continua cerrado desde el año 1994. En su interior aún se encuentran algunas colecciones importantes, aunque las más destacadas se trasladaron al nuevo museo de la necrópolis, ubicado también en el interior del recinto, donde hay una exposición de síntesis.

En un principio, se trataba de una solución provisional, que finalmente se ha eternizado. Mònica Borrell, directora del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona, explica que el edificio está a la espera de una remodelación. «Se trata de una asignatura pendiente. Tenemos la voluntad de recuperarlo», asegura Borrell.
 

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