La noria deja de girar en Tarragona

El sector de la feria es uno de los más castigados por el coronavirus. Muchos ayuntamientos de la provincia han vetado las atracciones debido a la suspensión de las fiestas mayores

JUANFRAN MORENO MARCELO

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Las motos de la atracción de los autos de choque hace ya muchos meses que no arrancan. FOTO: ALBA MARINÉ

Las motos de la atracción de los autos de choque hace ya muchos meses que no arrancan. FOTO: ALBA MARINÉ

La noria ha dejado de girar, los motores de los autos de choque han gripado, los caballitos ya no galopan, los grandes clásicos que nos transportan directamente a nuestra infancia ya no suenan… En otras palabras, el sector de la feria languidece lentamente porque se encuentra prácticamente parado y no atisba movimiento en el futuro a corto plazo. El gremio de los feriantes constituye de uno de los más golpeados por un coronavirus que los ha colocado en un contexto desolador. «Insostenible», así definen la situación algunos de los feriantes de Tarragona.

La suspensión de las fiestas mayores a lo largo de la provincia y del país ha provocado que no se puedan celebrar ferias, o que así lo haya decidido la mayoría de consistorios de Tarragona. «Algunos llevamos desde Navidad sin trabajar y otros incluso desde octubre del año pasado. Más de un año parados», comenta Manel Gené, presidente del Gremi de Firaires de Tarragona. «Ya no tenemos ni dinero ni comida. A nosotros no nos dan paga como a otros», añade con amargor Gené.

La situación es insostenible y varios feriantes reunidos en una de las naves que tienen en el polígono de Vila-seca lo evidencian en sus rostros y sus palabras. Están cansados y se sienten un gremio incomprendido y desprotegido. No solo no pueden trabajar, sino que tampoco les dan motivos firmes del porqué.

«Algunos llevamos desde Navidad sin trabajar y otros incluso desde octubre del año pasado»

En Tarragona hoy terminan las fiestas de Santa Tecla, pero lo cierto es que en la capital de la provincia ha sido imposible poder montar alguna atracción desde el desconfinamiento: «En Semana Santa quisimos montar en el Port y por parte de ellos no hubo problema, pero desde el Ayuntamiento no nos han contestado todavía y seguimos esperando respuesta. Después han suspendido la Feria de Abril de Bonavista, las fiestas de los barrios de Tarragona y tampoco se nos ha dicho nada. Yo llamo un par de veces al día y a mí nadie me coge el teléfono», lamenta Manel Gené.

Sin fiestas mayores y sin ferias

Pero no solo en Tarragona se han encontrado con la imposibilidad de montar, también ha sido tarea imposible en la Feria de Cambrils, en las fiestas de Reus que se celebran también estos días y en las del Ebre. «Los ayuntamientos han cogido la tónica de decir no a las fiestas mayores. Es normal que quiten las fiestas, pero nosotros podemos trabajar. ¿Cómo pueden autorizar un concierto en el Camp de Mart y no dejar que un padre lleve a su hijo a los caballitos?», pregunta con impotencia Ramon Pàmies, un feriante que posee un pequeño parque infantil.

«¿Cómo pueden autorizar un concierto en el Camp de Mart y no dejar que un padre lleve a su hijo a los caballitos?»

Los feriantes se muestran sorprendidos de su situación, ya que a nivel sanitario cumplen con todas las medidas e incluso tienen un protocolo de sanidad. «Tenemos un protocolo de sanidad que está presentado en todos los ayuntamientos, tenemos las atracciones en un espacio exterior y las desinfectamos después de cada uso, los niños tienen que subirse con mascarilla… El único motivo que nos dan desde los consistorios es que no quieren aglomeraciones», comenta Felipe Lacambra, otro feriante que también tiene un pequeño parque infantil.

El gremio no tiene dudas de que se encuentra en el momento más crítico que recuerdan. Lo afirma con contundencia Carles Martorell, dueño de Churrerías Teruel: «Como esta crisis no hemos vivido ninguna porque en las otras al menos podíamos trabajar. No hay opción de trabajar, somos el único gremio que no trabaja».

Durante todos estos meses que llevan parados, algunos feriantes se han podido acoger al cese de actividad, pero no se conforman con eso y Manel Gené lo deja claro: «Ese no es el remedio. Tener material de 40 millones de pesetas como el que tengo aquí guardado en la nave para cobrar 500 euros al mes… No queremos eso, ese material lo tenemos para trabajar y es lo único que pedimos, que nos dejen hacerlo».

«El único motivo que nos dan desde los consistorios es que no quieren aglomeraciones»

Óscar Gené, vicepresidente del Gremi de Firaires de Tarragona (GREFIC), ahonda más en la difícil situación que están viviendo: «Ya no sabes lo que hacer. Hasta me planteo montar la atracción en medio de la Rambla de Tarragona y a ver qué pasa. ¿No cortan los payeses la carretera? Pues nosotros vamos a tener que hacer lo mismo». Gené todavía se muestra más contundente cuando afirma: «Somos 400 familias las que vivimos de esto en Tarragona, y ahora mismo el sector de la feria está muerto. Hay gente que está en Cáritas».

Sin esperanzas a corto plazo

Lo peor es que el futuro se contempla también con impotencia y crispación. No hay motivos para ilusionarse ni para mucho menos poder decir que la situación vaya a cambiar de manera favorable en las próximas semanas. «La época buena ya ha pasado y ahora las mejores citas de invierno ya se están cancelando. La última esperanza que nos queda es poder montar en eventos esporádicos», apunta Óscar Gené.

«¿Has visto el concierto del otro día en el Camp de Mart? ¿Por qué nosotros no podemos trabajar?»; «Los políticos no tienen corazón, no quieren tener responsabilidad ninguna»; «¿Qué diferencia hay entre una panadería y una churrería?»... Estas son algunas de las amargas afirmaciones que dejan por el camino algunos de los representantes del gremio de feriantes. Todas repletas de frustración e impotencia. Quieren volver a trabajar y quieren respuestas claras de por qué no lo han podido hacer ya y sobre todo de por qué todavía no pueden hacerlo.

Por último, los ayuntamientos de la provincia argumentan su negativa a que los feriantes puedan montar sus atracciones debido a que siguen las directrices marcadas por Salut en la normativa PROCICAT, según fuentes consultadas por el Diari.

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