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La pandemia aumenta la demanda de científicos

El virus se ha convertido en una nueva oportunidad para ciertos perfiles laborales

Raúl Cosano

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Carolina Campos, en el laboratorio en el que trabaja entre muestras de virus.  FOTO: DT

Carolina Campos, en el laboratorio en el que trabaja entre muestras de virus. FOTO: DT

De la matrícula de honor a secuenciar el virus


Antes de que las variantes hicieran estragos, Carolina Campos (Tarragona, 22 años) lo avanzó el pasado mes de julio en su trabajo final del grado de biotecnología en la URV: «El SARS-CoV-2 tiene una tasa mutagénica muy por debajo del resto de virus de ARN. Aun así, existen algunas posiciones que son propensas a sufrir mutaciones, algo que indicaría que, a pesar de la baja tasa mutagénica del virus, este se encuentra en un proceso de adaptación. Por ello, es importante vigilar estas regiones que en función del tiempo podrían determinar la evolución patogénica del virus». 

Carolina, una apasionada de los virus, no tenía previsto rubricar la carrera abordando el patógeno de marras, pero todo cambió con el estallido de la pandemia. «Tenía pensado hacer un trabajo completamente distinto, una labor experimental en las instalaciones de Vall d’Hebron. Ya había hablado con el investigador. Pero cuando vino el estado de alarma, entramos en una completa incertidumbre que me obligó a cambiar el tipo de trabajo», explica Carolina. Ese deber pendiente pasó de ser experimental a bibliográfico, algo en principio menos atractivo para todo estudiante de ciencias pero obligado por las circunstancias. En principio se iba a centrar en enfermedades hepáticas y hepatitis virales, pero su responsable, el doctor Josep Quer, le sugirió cambiar de tema: «Me dijo que, como llegaban tantas muestras del SARS-CoV-2, por qué no aprovechaba y me ponía con eso. Me empezó a mandar información». Una parte fue centrarse en el marco teórico, para explicar, entre otros aspectos, la taxonomía de los coronaviurs, los antecedentes del SARS-CoV-2 o la clínica de la Covid-19, así como todo el ciclo infeccioso: «Me enviaban la secuencia genómica y podía hacer un análisis sencillo en un programa informático para ver qué mutaciones había en las muestras». 

Carolina aprendió mucho en poco tiempo durante aquellas semanas de confinamiento en las que ella se enfrentó al virus. «Al principio ves que hay mucha información novedosa y que se va generando a tiempo real, pero también está muy dispersa y es complicado entrelazarlo todo». La aventura fue, según Carolina, «muy satisfactoria»: «Al acabar me di cuenta de que había ganado muchas habilidades y aptitudes, sé que tengo que leer o dónde buscar. He aprendido a realizar búsquedas bibliográfica y a utilizar herramientas in silico, esenciales para la bioinformática que todo estudiante de ciencias naturales debe saber utilizar». «El universo de los virus es tremendo, siempre me ha gustado. Nunca me hubiera imaginado empezar en el mundo laboral con una pandemia», añade. 

Su trabajo, dirigido por la doctora Katihuska Paredes, del Departament de Bioquímica y Biotecnologia de la URV, y supervisado por Josep Quer, mereció una calificación de matrícula de honor, pero, casi más importante, fue arrojar luz, desde su punto de vista como estudiante, al organismo que está sobrecogiendo al mundo: «Pude ver que la proteína de la espícula, que es la que otorga el nombre de coronavirus, es la encargada de reconocer las células que puede infectar y producir más virus. Es esa parte que muta más, y que además es la llave de entrada al cuerpo». 

El trabajo, denominado Características genéticas y variabilidad del SARS-CoV-2 y dedicado a «aquellos que han perdido a alguien durante la pandemia, pero especialmente a los científicos que se están volcando en esta lucha», le abrió la puerta a cursar el máster de investigación biomédica por la Fundació Institut Vall d’Hebron. A su vez, trabaja como técnico de laboratorio, donde estudia enfermedades como la hepatitis y se vuelca en la secuenciación de ese SARS-CoV-2 aún enigmático: «Estudio su variabilidad. Vemos que tiene una facilidad de adaptación increíble. Es capaz de mutar pero hasta cierto punto para que eso favorezca a su existencia. La mutación beneficia a su pervivencia. En este momento de la pandemia vemos que está aprendiendo a adaptarse y a resistir». 

Paula Cid, manipulando el SARS-CoV-2 en el laboratorio.   FOTO: Cedida

Del máster en la URV a diseñar un biosensor

A Paula Cid (Tarragona, 24 años) la pandemia le impactó de lleno en el final de su vida académica. Hace algo más de un año estaba terminando un máster en la URV cuando llegó el confinamiento y, a la vez, la opción de dar el salto e irse a trabajar a Barcelona, a abordar el estudio del SARS-CoV-2 en el Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia, un centro de referencia ubicado en el campus de la Universitat Autònoma.

«Aún no lo he asimilado del todo. Si durante la carrera me llegan a decir que iba a venir una pandemia y mi primera experiencia laboral iba a tener que ver con eso no me lo habría creído», confiesa ahora, como pieza clave en un proyecto ambicioso: diseñar una plataforma para el diagnóstico rápido y el seguimento de la Covid-19. Se trata de un dispositivo basado en un biosensor óptico con nanotecnología, que permitirá hallar el coronavirus en 30 minutos, solo con la saliva, sin pasar por laboratorios especializados. «Estoy muy orgullosa de formar parte de este proyecto y de aportar mi granito de arena. Fue todo muy rápido. Apenas pude acabar los estudios del máster en Tarragona y me vi trabajando aquí», cuenta ella, bioquímica y bióloga molecular por la URV. 

Paula forma parte de esos perfiles recién graduados de los que rápidamente el mercado ha echado mano para investigar sobre la pandemia. En su caso, toma parte en un proyecto llamado CoNVaT que está financiado con más de dos millones de euros por la UE. La idea es introducir una muestra de fluido oral en un sensor óptico que acabe cuantificando la carga viral y que todo ello quede integrado en un dispositivo. Paula es fundamental en esa cadena de trabajo en el grupo de investigación Nanobiosensors and Bioanalytical Applications (nanoB2A). «Nos envían las muestras congeladas. Yo me dedico a prepararlas para ponerlas dentro del biosensor. Cuando manipulamos lo hacemos dentro de la campana.

Tratamos de preparar las superficies sobre las que pondremos los anticuerpos», explica Cid. Lo hace, eso sí, con extrema precaución y cuidado, pasando muchas horas de la jornada en un laboratorio, prácticamente aislada del resto del equipo por motivos de seguridad. Ahí manipula el virus que le llega previamente inactivado mediante luz ultravioleta. 

Cabinas de bioseguridad

«A veces no se valora lo suficiente al biólogo o al bioquímico que está aislado, trabajando con el virus, en unas condiciones duras, e incluso a estas alturas sin haberse vacunado, como es nuestro caso, y con una cierta tensión, porque maneja un patógeno que, en principio, no está activo, pero nunca lo sabes con certeza. Por eso tenemos que protegernos y trabajar en cabinas de bioseguridad», apunta, mientras se ha acostumbrado a ese tránsito drástico que ha supuesto pasar en unos pocos días de las aulas universitarias al estrépito de la pandemia.

«Normalizas la situación pero si lo razonas era impensable que pudiera pasar esto. Durante la carrera ni sabía por dónde iba a tirar después. Quizás gracias a la pandemia he conseguido mi primer empleo», reconoce. Este año de aventura profesional, su debut en el mercado laboral, no ha podido ser más intenso y frenético. «Cuando estoy aquí trabajando sola valoro un poco la situación que vivíamos antes, y soy consciente de en qué estamos inmersos. Tengo la esperanza de que se acabe solucionando. Creo que estamos más cerca cada vez», cuenta, satisfecha por una experiencia que le está brindando una oportunidad inesperado: «Fue todo muy precipitado. Estaba a mitad del cuatrimestre y tuvo que acabarlo luego on line». La pandemia demanda ahora perfiles como el suyo. «No es nada fácil encontrar trabajo de esto. De hecho mi madre siempre me decía que por qué estudiaba esto, ¡que no había salida! Quizás la pandemia ha ayudado. A otros compañeros les ha pasado lo mismo», zanja. 

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