La pandemia dispara los pacientes en rehabilitación

Terapeutas ocupacionales y fisioterapeutas del Joan XXIII o la Xarxa Santa Tecla aún tratan a pacientes graves de las distintas olas que meses después aprenden a caminar de nuevo y a valerse por sí solos

Raúl Cosano

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Aleix Fortuny, haciendo ejercicios con las terapeutas en Joan XXIII. FOTO: PERE FERRÉ

Aleix Fortuny, haciendo ejercicios con las terapeutas en Joan XXIII. FOTO: PERE FERRÉ

«Como si fuera un lema de una película, el objetivo es quedar ‘as well as possible’, tan bien como sea posible, así que voy a trabajar más para seguir mejorando», dice Aleix Fortuny, tarraconense de 35 años, mientras hace ejercicios con sus dedos y una goma en Joan XXIII. «La mano aún tiene lesiones considerables. Aunque ha ganado fuerza, ahora trabajamos la sensibilidad y la motricidad fina, para perfilar y que los dedos cojan esa delicadeza», relata el joven. Está en la fase final de una recuperación larga y costosa, pero también muy fructífera. Aleix se contagió de Covid-19 en la segunda ola, hace más de un año. Ingresó el 26 de septiembre de 2020 y salió el 22 de enero de 2021. Estuvo cuatro meses hospitalizado, uno de ellos en la UCI. «Sufrí una neumonía bilateral y me quedaron lesiones en el hombro y las piernas, así que lo que ahora estoy haciendo es intentar reducir el hándicap de la vida diaria, para lograr un grado de independencia que me permita moverme con más soltura», dice.

«Es muy gratificante volver a cocinar, nadar o ir en bici»
Aleix Fortuny. Paciente de Covid-19

Los progresos son enormes. «Al principio no caminaba. Tuve que aprender a andar de nuevo. Solo movía el brazo derecho. Con trabajo, constancia y perseverancia ha habido una mejora. No tenía fuerzas para coger cosas. Ahora estoy en ese tramo final para volver al trabajo, porque aún continúo de baja». Aleix, pese al mal trago, ya disfruta de los avances: «Una de las labores que he recuperado ha sido cocinar, que me gusta mucho. Ahora puedo estar de pie en la cocina, usar las manos y cocinar. Eso fue especialmente gratificante. Y también hacer de nuevo bicicleta y nadar, cosas que hacía desde que era pequeño».

La Covid persistente requiere mucha recuperación. Pere Ferré

En este regreso a la normalidad juegan un papel clave las terapeutas ocupacionales. «Son personas muy empáticas que te ayudan a ponerte en el nuevo papel. Eso me ha ayudado a ser fuerte mentalmente, porque cuando sales del hospital nadie se atreve a pronosticar cómo acabará todo ni el alcance de tus lesiones. Ahora he visto que con trabajo ciertas cosas se pueden alcanzar», dice Aleix.

En esta tarea las terapeutas ocupacionales son las encargadas de la recuperación de los pacientes tras largas estancias en la UCI pero también de que los que sufren Covid persistente puedan mejorar habilidades, por ejemplo desde el punto de vista cognitivo.

«La clave está en que el paciente potencie las habilidades que tiene y aparque lo que no puede hacer»
Montserrat Mata. Terapeuta ocupacional

Su labor empieza ya en las propias unidades de intensivos. «Ahí nos dedicamos a la orientación a la realidad. El enfermo está entre cuatro paredes, sin ventanas, y es importante dirigirse a él para que se mantenga orientado. Les situamos un poco, con el tiempo que hace fuera, con el día, la hora. También intervenimos en el posicionamiento, a nivel postural. Una larga estancia, con tanto tiempo en una misma posición, puede generar lesiones», indica Anna Andreu, una de las terapeutas.

Abrocharse los botones

La estabilidad epidemiológica ha dado un respiro a estas profesionales tensionadas durante toda la pandemia, en la que la necesidad de rehabilitación crecía durante cada una de las cinco oleadas. «Ahora ha bajado bastante el volumen comparado con hace algunos meses. Los pacientes de la quinta ola eran más jóvenes y la recuperación ha sido más rápida», cuenta Montserrat Mata, otra de las profesionales. «Estar un tiempo en decúbito prono –boca abajo– provoca polineuropatías que necesitan reeducación postural, como poder a volver a levantar el brazo, abrocharse los botones de la camisa, atarse los zapatos o caminar sin acabar agotado», reconoce otra trabajadora del Joan XXIII, Montserrat Soriano.

La atención a la Covid-19 supone una tercera parte de la jornada actual. Pere Ferré

Cada paciente es un mundo y la rehabilitación se enfoca según sus necesidades. «Nos centramos en cómo influyen las secuelas a nivel de actividad de la vida diaria. Hay que aprender a hacer el trabajo de otra manera. La motivación también es importante y trabajar en cosas que tengan sentido. Es decir, si para alguien es importante volver a recuperar la habilidad de escribir en ordenador, nos centramos en eso. Si para alguien es fundamental volver a cocinar, hacemos eso», relata Anna Andreu.

Momentos de saturación

La atención a la Covid-19 supone una tercera parte de la jornada actual, aunque durante algunas de las olas prácticamente todo el trabajo se enfocaba a esa patología. Como el resto de sanitarios, han vivido momentos duros de saturación y sobrecarga.

«Hay que aprender de nuevo a levantar el brazo o a caminar» 
Montserrat Soriano. Terapeuta ocupacional

«La clave está en potenciar las habilidades que tienen y aparcar lo que no se puede hacer. Imaginemos una mano que no puede extenderse por completo. Entonces intentamos hacer una determinada actividad de otra manera. O adaptamos el entorno al paciente», dice Montserrat Mata. Fisioterapeutas, logopedas o neuropsicólogos forman parte de estos profesionales que trabajan conjuntamente en las terapias de recuperación, configurando tratamientos multidisciplinares. En esa relación han encontrado una de las lecciones que deja la pandemia. «Todo esto nos ha unido más como equipo, entre profesionales, nos hemos tenido que relacionar más para trabajar más conjuntamente», cuentan desde el Servei de Medicina Física y Rehabilitació del Joan XXIII, un espacio con varias salas, que incluye desde equipamientos de gimnasio a una cocina para poder reeducar en los movimientos para las labores culinarias. «Hemos hecho un trabajo muy intenso durante estos meses», remarca la doctora Montserrat Fibla, supervisora del servicio en Joan XXIII.

La recuperación del enfermo es muy variable, en función de la afectación, de las necesidades y del estado de salud previo, pero puede alargarse meses. Los resultados, como en el caso de Aleix, son muy agradecidos. «Para nosotras es una satisfacción ver que una persona evoluciona bien y encuentra una independencia funcional», recalca Anna Andreu.

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