La pandemia envía al paro a 4.900 familias al completo en Tarragona

El número de hogares con todos los miembros desempleados crece un 26% en el último trimestre, hasta los 23.500 en la provincia. Muchos están pendientes del Ingreso Mínimo Vital, que llega con dificultades

Raúl Cosano

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Varias personas, a la entrada de la Oficina de Treball de Reus. El virus ha provocado un aumento del paro en la provincia.  Foto: Alfredo González

Varias personas, a la entrada de la Oficina de Treball de Reus. El virus ha provocado un aumento del paro en la provincia. Foto: Alfredo González

«El alquiler nos cuesta 445 euros y ya llevamos 2.000 de deuda acumulada pero, por suerte, podemos continuar viviendo en el piso. El propietario no nos está presionando, por suerte, pero la situación es muy dura. No entran ingresos en casa. Hemos tenido que vender cosas, pertenencias a las que no das uso, para poder tener algo», explica Jaume, un afectado directo por la crisis que deja tras de sí la pandemia. Su hogar en Reus es uno de los 23.500 de la provincia en los que todos los miembros están en el paro. La cifra ha crecido un 26%, según los extractos de la última EPA, si se compara el primer trimestre con el segundo: de 18.600 a 23.500 o, lo que es lo mismo, 4.900 familias más a las que el virus ha dejado desempleadas por completo.

Jaume, junto con su madre, regentaba el bar de un club de fútbol en Tarragona. Se trataba de un negocio que solía ser fructífero, puesto que daba alrededor de 4.000 euros al mes, pero que, obviamente, estaba ligado a la actividad futbolística de la temporada, básicamente entrenamientos y partidos en fin de semana.

Esta familia reusense pudo ingresar alrededor de 900 euros en dos meses, a raíz de atrasos pendientes; una cantidad, en todo caso, insuficiente para cubrir los gastos, cuando se llevan ya seis meses de pandemia y, por tanto, de parálisis total. «Dejamos de trabajar el 11 de marzo, y hasta ahora. Todavía no hemos podido volver a la actividad», explica Jaume.

«Priorizamos para poder comer»

«Lo que hemos hecho ha sido priorizar la compra para poder comer. Hemos tenido que dejar de pagar el alquiler», admite. Tanto él como su madre subsisten con el dinero que les dan algunas amistades y con los ingresos extra que han podido conseguir en este tiempo. «Hemos tenido que vender cosas como un ordenador portátil o un móvil para poder tener algo de dinero», narra Jaume, que al inicio del estado de alarma puso anuncios en internet para buscar trabajo, sin encontrar nada.

Ahora solo espera que la reactivación pueda llevarle a recuperar su puesto y empezar a recobrar la normalidad poco a poco, también a rebufo del regreso de la competición deportiva, que debe volver a finales de este mes o al siguiente. Así, en la provincia hay casi 5.000 hogares más en los que nadie trabaja desde el inicio de esta crisis. En total, hay 233.600 hogares con activos (con al menos un miembro en disposición de trabajar) en Tarragona. Es decir, los que tienen todos sus miembros en paro son el 10% de todos los hogares tarraconenses con activos. Los datos en España también son elocuentes. Los hogares con todos sus miembros activos desempleados aumentaron en 74.900 en ese cómputo estatal, hasta alcanzar un total de 1.148.800.

«Vamos muy justitos»

En los últimos meses, Tarragona ha sido una de las provincias en las que más ha golpeado el paro, debido a la afectación en el sector servicios, clave en el territorio, y, en concreto, por la incidencia en el turismo, quizás el sector más perjudicado por las cuarentenas, los confinamientos y los rebrotes.

Las cosas también son complicadas en el hogar de Gleidis Rodríguez, una venezolana que llegó a España en agosto de 2018, huyendo de la crisis a todos los niveles que azotaba a su país. Ahora reside en La Pineda. «Actualmente trabajo 20 horas a la semana pero no nos da, vamos muy cortos, muy justitos», asume Gleidis.

De hecho, las cuentas a duras penas salen, y obligan a tirar de los pocos ahorros que quedan. «Cobro 450 euros y el alquiler de nuestra casa es de 460. Por eso he solicitado la renta mínima, pero aún estoy esperando», cuenta.

La familia acude a servicios sociales para llenar la despensa. Tanto el marido de Gleidis como su hijo están buscando trabajo, pero sin fortuna, en una Costa Daurada muy lastrada por la situación económica. «Lo estamos pasando mal. Los únicos ingresos que entran en casa son los míos y no nos da», cuenta ella, habituada a convivir con la escasez: se fue de Venezuela ante los bajísimos sueldos y la insostenible situación del país, vivió primero en Barcelona pagando 900 euros de alquiler y ahora, en La Pineda, la renta es más baja y asequible, pero los problemas económicos persisten. «Nos fuimos de Barcelona porque todo era mucho más caro. Ahora estamos aquí, pagamos menos pero igualmente todo se hace cuesta arriba. Somos cuatro en casa y es muy difícil salir adelante en esta situación».

Más allá de cómo el desempleo golpea con saña a las familias, las carencias proliferan en el hogar en los últimos meses. Catherin Villalobos, de Cambrils, está a la espera de un Ingreso Mínimo Vital que se demora: «Mi pareja tiene trabajo pero yo solo estoy cobrando una ayuda de maternidad. Cobramos 1.200 euros pero el alquiler ya es de 500, más todos los gastos. Yo sigo buscando trabajo».

También se ha reducido el número de hogares donde todos están ocupados. En concreto, hay 800 menos en las comarcas tarraconenses, al pasar de 185.400 familias en el primer trimestre a 184.600 en el segundo.

Esta última EPA ha mostrado una destrucción de empleo como nunca se había registrado en el segundo trimestre del año. El impacto de la Covid-19 es histórico en Tarragona. Si la del primer trimestre apenas recogía el impacto laboral de la pandemia, en esta, la que abarca de abril a junio, incluido el confinamiento, la devastación es bien palpable.

La pandemia ha destruido 16.200 empleos en la provincia, todo un récord aciago, más aún en un segundo trimestre que suele generar trabajo de cara a la temporada alta. La media es de 180 empleos aniquilados a diario en Tarragona. No se trata solo de personas que se hayan ido al paro, sino de contratos y puestos que se han dejado de ofrecer debido a la situación sanitaria.

De hecho, hay que regresar a 2008, en el inicio de la crisis financiera, para ver una bajada de la ocupación en un segundo trimestre (incluso en los años más duros de esa recesión, el trabajo crecía en ese periodo de abril a junio a rebufo de la dinámica estacional). Y aun así, en aquel 2008 donde empezaban a asomar los nubarrones, la cifra de aniquilación de puestos era tres veces inferior a la actual: 5.700. Por eso, ni siquiera aquella crisis económica tan dura provocó un periodo tan intenso y acentuado de reducción de empleo en las comarcas tarraconenses, que han visto cómo el paro subía en 9.400 personas, un 18,7% más.

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