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«La pandemia ha aumentado el sentimiento de soledad de las personas mayores»

Los expertos alertan que las restricciones por culpa de la Covid-19 han dejado a muchos internos de las residencias de ancianos afectados tanto «cognitiva como emocionalmente»

JOAN MORALES

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Exterior de la residencia de personas mayores L’Onada de Riudoms . FOTO: Alba Mariné

Exterior de la residencia de personas mayores L’Onada de Riudoms . FOTO: Alba Mariné

«Echo de menos un beso, un abrazo, el contacto físico, el calor de la familia, mis salidas y encuentros con los amigos». Tiene 67 años y lleva siete viviendo en la Residencia L’Onada de Riudoms. Responde a las iniciales de J.M.R.M. (prefiere mantener su nombre en el anonimato) y es el testimonio de uno de las más de 8.000 personas mayores que viven en una residencia en Catalunya, un colectivo que se ha visto especialmente afectado por la pandemia de la Covid-19, y no solamente desde un punto de vista sanitario -que también- sino psicosocial.

Para Montserrat García, antropóloga y gerontóloga, además de profesora de la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Fundació Pere Tarrés, «la situación entre las personas mayores es complicadísima. Han estado aisladas desde hace meses por la pandemia y ha aumentado el nivel y sentimiento de soledad, tanto en los mayores que están en residencias como en los que están en casa. Todas las restricciones han provocado que esta soledad aumente».

El ejemplo de J.M.R.M. sirve para reforzar la explicación de Montserrat García. Este usuario de L’Onada explica al Diari que «soy de Riudoms y antes de la pandemia siempre salía por la mañana a dar una vuelta por el pueblo, o a tomar un café con los amigos. También me veía con unos familiares que tengo en Reus y algún domingo comía con ellos. Desde que empezó el confinamiento de marzo, en 11 meses habré salido un mes en dos o tres períodos muy cortos».

Montserrat García recuerda que «somos una sociedad que necesita el contacto de la piel con la piel. Aunque estas personas estén rodeadas de otros compañeros residentes o de profesionales se sienten solas». Esta antropóloga incide en el ejemplo de J.M.R.M. y comenta que «también han perdido las salidas a la calle, el contacto con la comunidad. Muchas residencias están integradas en el barrio y siempre se ha aconsejado a los residentes que salgan y mantengan el vínculo con sus amigos, comercios, vecinos, etc. Todo esto ha desaparecido y agrava la sensación de soledad y aislamiento».

Miedo al contagio

Esa necesidad de verse con sus familiares y de recuperar el contacto social con su entorno provoca, en algunos casos, que estas personas mayores tengan más miedo de perder para siempre estas relaciones afectivas que no a contagiarse de la Covid-19. «Por muchos testimonios que he oído, las personas mayores le tiene más miedo a perder el contacto con la familia que al contagio. Muchos nos decían que preferían arriesgarse a coger el virus por ver a la familia. Otros nos decían que han pasado una guerra y que esto es peor, porque en la guerra al menos conocían al enemigo y ahora no. Cognitiva y emocionalmente están muy afectados», asegura Montserrat García.

J.M.R.M., en cambio, í que admite tener «miedo a contagiarme de la Covid-19, a pesar de que ya estoy vacunado. Somos personas de riesgo y si enganchas el virus estás apañado. En todo este tiempo he pasado de una fase inicial de angustia, a la de ahora, que es de incertidumbre».

Por su parte, Sole Menéndez, directora de la residencia L’Onada de Riudoms, coincide en que «a todos nos ha afectado la pandemia, pero los residentes lo han vivido de una forma muy compleja. Tanto los que normalmente no salen porque no pueden, y han dejado de recibir visitas de sus familiares, como los que salían». Además, pone en valor la gran entereza de estas personas mayores: «No sé si nosotros, que somos más jóvenes, tendríamos la fuerza que tienen ellos y aguantaríamos 14 días encerrados en una habitación. Es de admirar».

Ante esta situación de soledad e incertidumbre por parte de las personas mayores de las residencias, el trabajo del personal sociosanitario se presenta como importantísimo. En este sentido, García reconoce que «el papel de los profesionales está siendo magnífico. Han suplido, o han intentado hacerlo, a la familia. Cuando empezó todo muchos profesionales decidieron confinarse dentro de las residencias con las personas mayores para que no estuviera solas». J.M.R.M coincide con las palabras de la antropóloga y asegura que «la labor de los profesionales es muy buena y hacen un gran esfuerzo para que estemos bien. Les pongo un 10».

La pandemia también ha puesto sobre la mesa algunos aspectos del colectivo de personas mayores y, en cierta parte, «una discriminación. La Covid-19 ha hecho ver que hasta ahora era un colectivo olvidado», asegura Montserrat García, quien pone un ejemplo: «No se habla mucho del tema de los malos tratos porque estas personas no denuncian, pero seguro que han aumentado los casos tal y como ha pasado con la violencia contra las mujeres».

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