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La playa del Miracle es la más 'conflictiva' para los socorristas

Las corrientes de retorno y los sitios de salto son los principales puntos negros del litoral de la ciudad. Los principales usuarios de riesgo son los adolescentes y los bañistas foráneos
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Dos personas participan en el proceso de selección de socorristas de reserva en la Platja l´Arrabassada.Foto: Juli Nomdedeu

Dos personas participan en el proceso de selección de socorristas de reserva en la Platja l´Arrabassada.Foto: Juli Nomdedeu

Tal vez por su cercanía a la ciudad o por la mayor presencia de jóvenes, la playa del Miracle es, por excelencia, la que genera más conflictos a los socorristas que atienden el litoral tarraconense. Hugo Núñez, responsable de Creu Roja del Mar en la ciudad, apunta, no obstante, que desde que cuentan con la colaboración de la Guàrdia Urbana la situación ha mejorado considerablemente.

Uno de los ‘puntos negros’ que encuentra el bañista en el Miracle, y que se repite en todas las playas, son las corrientes de retorno. «Suele ser el sitio más complicado porque dan una falsa sensación de seguridad. El agua que llega a la playa tiene que volver por algún lado. En estos casos se forma una corriente que en vez de ir en dirección a la playa, va al mar. Esa corriente aplana las olas y al no haber oleaje el usuario se baña allí porque cree que es una zona más tranquila. No suele tener problemas al entrar, pero sí al volver. Se cansa y tiene dificultades», explica.

En las playas de Tarragona, explica, generalmente se forma en el extremo de poniente (a la derecha mirando al mar). No obstante, en el Miracle, si bien en poniente hay peligro debido a las rocas del espigón, en levante (a la izquierda mirando al mar) hay también complicaciones porque al estar la zona cubierta por las rocas se forma una fuerte corriente de retorno.

Es uno de los puntos a tener en cuenta en cualquier playa. En algunas, como en la Platja Llarga, por ejemplo, la zona donde se forman las corrientes no siempre es la misma y puede cambiar de lugar en cuestión de horas.

Para salir de dudas, especialmente si no se conoce la playa, lo mejor es hacer caso de la bandera que colocan los socorristas. Para ello, comenta Núñez, cuentan incluso con unas banderas portátiles que les permiten prohibir el baño sólo en una zona sin tener que impedir el acceso en toda la playa. En estos casos también suele haber un socorrista evitando que se entre al agua.

 

Zambullidas peligrosas

El otro gran peligro son los saltos desde las rocas. Hay distintos puntos de salto que los socorristas tienen ubicados en el Fortí de la Reina, La Mora, l’Arrabassada y Cala Llobera (Tamarit).

Recuerda que muy poca gente es consciente del riesgo que conlleva la práctica: «Un día puede no pasar nada y al día siguiente la misma persona puede saltar desde el mismo sitio y tener un problema... Como hay corrientes, la arena va y viene, puede ser que el día anterior hubiese una gran profundidad y al día siguiente, a causa de las corrientes, haya más arena y menos profundidad. También influye la forma de saltar, el peso de la persona, si la ola viene o se va...».

Recuerda el caso de la joven que sufrió heridas graves hace unos años en l’Arrabassada por uno de estos saltos. «Ese día todo el grupo saltó y no le pasó nada a ninguno, y ella, que saltó la última, se golpeó contra el fondo», recuerda.

A partir de aquel suceso la Guàrdia Urbana comenzó a multar a quienes saltan desde las rocas con 800 euros. El año pasado sólo se registraron dos denuncias por esta conducta.

 

El perfil del bañista de riesgo

«Cuando te enfrentas al rescate de una persona dentro del mar normalmente estás frente a dos tipos de usuario: el inconsciente, que no hace caso de la bandera o del socorrista, y el desafortunado, que tiene una rampa o cualquier patología física que le dificulta salir del agua», explica Núñez.

Los socorristas tienen definidos varios perfiles de usuarios de riesgo. En este grupo entran los extremos de edad. Los adolescentes están en la cabeza de la lista, pero también hay que vigilar a los mayores. «Detectamos casos de gente mayor con dificultades para moverse que no ha llegado a ahogarse pero que ha estado a punto de hacerlo sólo por caerse de cara en medio metro de agua», ejemplifica.

También prestan especial atención a los extremos de peso: personas muy pesadas o extremadamente delgadas. Igualmente todos los usuarios que han consumido cualquier tipo de drogas, «porque sus capacidades motrices están alteradas y son más propensos a ponerse en peligro». Otro usuario de riesgo es el que entra con ropa en el agua: «La ropa empapada puede llegar a ser un problema grave si hay oleaje».

Los elementos flotantes también llaman su atención. Recuerdan que no se deben usar cuando hay viento de la tierra hacia el mar.

Pero, sin duda, un usuario de riesgo que abunda en época de vacaciones es el que no conoce la zona, bien sea extranjero o de otra zona de España. En el último caso, algunos se enfadan cuando ven la bandera amarilla y les dicen que de donde vienen el mar está peor. «El socorrista no siempre está bien respetado y valorado», se lamenta.

Un ejemplo se dio hace unos días, cuando durante horas todas las playas de la ciudad tenían bandera roja. A pesar de que la mayoría de los usuarios respetó la indicación de no meterse, los socorristas tuvieron que intervenir en algunos casos para pedir a las personas que salieran. Algunos alegaban no haber visto la bandera y otros, simplemente, no querían cumplir la indicación.

Además del usuario de riesgo, también hay unas horas donde se concentran las actuaciones, generalmente de once de la mañana a dos de la tarde; un día: el domingo, cuando las playas están más masificadas, y unas fechas: del 15 de julio al 15 de agosto, cuando hay más gente de vacaciones.

Eso sí, aclara que si se está en el agua lo más importante es dar aviso haciendo señales. Es por ello que recomienda al resto de usuarios que no agiten los brazos para saludar ni hagan otros movimientos que puedan despistar a los socorristas.

 

Más actuaciones en tierra

Si bien es cierto que, de media, cada día los socorristas entran de dos a cinco veces en las playas de la ciudad a advertir a un usuario que se está poniendo en peligro, lo cierto es que los rescates van considerablemente a la baja. «El mejor socorrista no es el que hace más rescates, sino el que los evita», explica Núñez. A pesar de todo, el año pasado en el conjunto de la demarcación se registraron 137 rescates, un 69,14% más que el año anterior.

Con todo, la mayor parte de las actuaciones de la Cruz Roja tienen lugar en tierra. De hecho, el año pasado hubo un total de 1.941 asistencias repartidas por todo el litoral de la ciudad. Han sufrido un descenso significativo respecto a 2013, cuando fueron 2.471. La diferencia tuvo que ver especialmente con la bajada de atenciones por picadas de medusas.De hecho, el 55% de las asistencias del año pasado fueron por picadas de medusas.

También atendieron 609 heridas y 100 contusiones. En total se activó la ambulancia en 60 ocasiones, de las cuales 23 terminaron con algún traslado a un hospital de la ciudad.

Núñez recuerda que no sólo hay que tener cuidado en el mar, sino también en la arena. Hay que hidratarse y no ir a la playa sin comer o ponerse largas horas al sol después de haber bebido ingentes cantidades de alcohol. Los socorristas suelen encontrarse con muchos mareos e, incluso, golpes de calor.

Otra situación que suelen tener que atender con frecuencia es la pérdida de niños. En este caso recuerda que lo que suelen hacer es llevarles al punto de socorro, por lo que los padres deben saber que deben acudir allí en primer lugar.

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