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La primera vez delante de un castell

Crónica. Los Xiquets de Tarragona abren su «local» para que los turistas puedan conocer esta actividad y ser partícipes de un ensayo

Núria Riu

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Un momento del ensayo de los Xiquets de Tarragona, el pasado martes por la noche. Foto: Pere Ferré

Un momento del ensayo de los Xiquets de Tarragona, el pasado martes por la noche. Foto: Pere Ferré

El punto de encuentro es en el Pati del Rei Jaume I, a las 20 horas de la noche. Un grupo de cinco galeses, cinco rusos, seis alemanes y una pareja de vascos atiende a las explicaciones en inglés y castellano de Bea Moya y Jordi Suriñach. Son dos de los voluntarios de la Colla Xiquets de Tarragona, que ejercen de guías en un «bautizo» casteller con ADN matalasser.

La sesión empieza con una pequeña introducción de los conceptos básicos del mundo casteller. Se habla de los orígenes de esta tradición y de las vestimentas. También del arraigo de los castells en Tarragona, con sus cuatro colles y que los Xiquets, que el año que viene cumplirán su cincuenta aniversario, son los únicos que visten a rayas. Un primer concepto que sorprende a los foráneos: el color de la camisa importa, casi más que en el mundo del fútbol.

La explicación deriva hacia aspectos más técnicos: la piña, el folre y el pom de dalt. Se habla también de alturas y de estructuras, sin olvidarse del Concurs y del pilar caminant, que siempre genera expectación.

Llegan las preguntas. «¿Cuánta gente se ha muerto?», suelta uno de los asistentes. Uno puede visitar Montmeló, adonde los Fórmula 1 alcanzan velocidades de más de 300 kilómetros por hora, y no pensaría jamás en una pregunta así. Pero los castells siempre llevan asociado este componente.

«La pregunta de si se hacen daño cuando se caen no falla nunca. Intentas explicarles que no se desploma así de lado sino que va deshaciéndose, pero les hace mucho respeto», explica Bea Moya.

Poco a poco van llegando los miembros de la colla para el ensayo de los martes. La Plaça del Pou es un horno, el espacio junto al aire acondicionado está cotizado. Cerca del aparato se han colocado también este grupo de turistas que acude por primera vez a un ensayo. No son los únicos visitantes. La actividad es abierta y desde que los Xiquets están en la planta baja del Ayuntamiento hay más gente que se asoma a ver qué hacen.

Los matalassers arrancan con el 4 de 6 amb agulla. Sigue entrando gente, otros acaban de ponerse la faja o de comentar el día. Desde uno de los laterales, Itziar Soto y Mikel Urdangarín es la primera vez que ven castells en vivo. «Los habíamos visto por internet y teníamos ganas de vivirlo en directo, pero no me pensaba de ninguna forma que fuera algo así», asegura la mujer.

Primera experiencia

El ensayo acaba de arrancar, pero esta pareja de Donosti pone en valor la «técnica» de los participantes y que estos «son gente normal». «Me parece una pasada, porque realmente te das cuenta de que cualquiera puede hacerlo», añade Itziar Soto. Confiesa sentirse emocionada de poder verlo de cerca y comprobar como van cogiendo solidez unas estructuras que en las próximas semanas deben poder hacer soñar a los de la calle Santa Anna.

También es la primera ocasión en la que Kai Kirchen veía un castell en vivo y en directo. Algunos de los compañeros de viaje de este joven alemán los habían visto en alguna ocasión por internet, él confiesa que no. Pasan unos días de vacaciones en Calafell y se cogieron una excursión de un día a Tarragona que le llevó a la Catedral, al Mercat y a la visita de los monumentos romanos. Acabaron por la noche en el ensayo de los Xiquets, tras ver a través de la página web del Patronat Municipal de Turisme de Tarragona que es una de las actividades que se ofertan durante el verano.

Los Xiquets empezaban a montar la estructura del 3 de 8 cuando Kirchen hacía su particular retransmisión de los hechos. «Es que me parece una locura. No sé, el trabajo en conjunto, el hecho de proponerse algo, levantarlo entre todos y conseguirlo. No me parece una cosa nada fácil», explicaba.

Se siente especialmente afligido por la situación de los más pequeños. Cuando la enxaneta hace la aleta, muestra con su cara de sorpresa la admiración. «Esta niña no está pensando en lo que está haciendo», afirma con gran satisfacción.

Alrededor de cincuenta personas han participado en estos ensayos abiertos que los Xiquets de Tarragona ofrecen todos los martes y viernes para los turistas. Es el tercer año consecutivo que esta entidad ofrece esta posibilidad, que se ha incluido dentro del programa Tarragona, Ciutat de Castells. Las visitas se hacen en castellano, inglés y francés.

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