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La proliferación de pérgolas en bares de TGN obliga a redactar una ordenanza

Restauradores y expertos en urbanismo reclaman una normativa más clara y unificar los criterios de diseño y estilo para reducir el impacto en el paisaje de la ciudad

Carla Pomerol

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La calle de Trafalgar, en El Serrallo es una de las zonas que cuenta con más pérgolas, algunas fijas y otras móviles.   FOTO: pere ferré

La calle de Trafalgar, en El Serrallo es una de las zonas que cuenta con más pérgolas, algunas fijas y otras móviles. FOTO: pere ferré

Cada vez son más los bares y restaurantes que optan por instalar una pérgola en sus terrazas. Los propietarios quieren mantener la clientela verano e invierno. El Ayuntamiento cuenta con una normativa sobre la ocupación de la vía pública, que habla también de las estructuras fijas o móviles que protegen las terrazas. Pero los expertos en urbanismo coinciden en asegurar que se trata de una normativa muy interpretativa. El resultado es una ciudad con multitud de terrazas protegidas por pérgolas de diferentes formas, estilos y colores. El consistorio ha decidido constituir una comisión que estudie la creación de una ordenanza. El objetivo es regular este incremento.

Las pérgolas nacieron hace unos años, poco después de la prohibición de fumar en el interior de los bares y restaurantes. Los propietarios se negaban a que su local perdiera vida y así buscaron la manera de que los clientes pudieran fumar sin pasar frío en invierno.  Hay algunas zonas de la ciudad donde la presencia de pérgolas forma parte del paisaje. Se trata, por ejemplo, de la calle de Trafalgar, en El Serrallo, o la Plaça de la Font. Las estructuras pueden ser fijas o móviles. La normativa municipal tampoco acaba de definir con exactitud qué diferencia hay entre unas y otras. Lo que sí contempla es que, dependiendo de la tipología, debe desmontarse o no durante un período de tiempo determinado. Esta es la teoría, pero la práctica va mucho más allá y, tanto el sector de la hostelería como el de urbanismo aseguran que falta una regulación clara. 

Por su parte, el Ayuntamiento de Tarragona trabaja en la redacción de la ordenanza y la intención del equipo de gobierno es fomentar las estructuras móviles, en lugar de las fijas. 

Las alarmas saltaron hace unos días cuando vecinos de la Part Alta denunciaban a través de las redes sociales la instalación de una pérgola en un restaurante de la calle d’en Vilarroma, en el corazón del centro histórico. La normativa dice que cualquier ocupación en plazas y calles de la Part Alta restará sujeta a estudio. Por último, el documento contempla que solamente se podrá instalar una estructura fija en la Plaça de les Cols y, semipermanente, en la Plaça del Rei y la D’en Rovellat. 

La Plaça de la Font es un tema aparte. Y es que según la normativa, la ocupación de la vía pública debe ser compatible con los intereses de los vecinos y de las actividades que se celebren. «La teoría es muy bonita, pero lo cierto es que las estructura fijas perjudican nuestro día a día», explica Jèssica, una vecina de la Plaça de la Font. Por su parte, el presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, Manel Rovira, asegura que «con las que hay, son suficientes. No hacen falta más». Se refiere a bares, terrazas y pérgolas. Rovira añade que lo importante es que, durante los meses que no sean necesarias las estructuras, se quiten para el buen funcionamiento de otras actividades. 

El Serrallo, a parte

Una situación parecida se vive en la calle de Trafalgar, en El Serrallo, donde cada metro y medio se encuentra un restaurante con pérgola incluida. Unas son más impactantes que otras. Una de las estructuras simula un comedor, ya que incluso cuenta con una barra de bar en su interior. Algunos vecinos se quejan de la dificultad por cruzar de un lado al otro de la calle. 

La mayoría de estos locales ubicados a primera línea de mar se encuentran dentro de dominio público del puerto, por lo tanto, la Autoritat Portuària es la encargada de dar las autorizaciones de ocupación. El Port dispone de un pliego de condiciones que contempla la normativa del Ayuntamiento. Entre las características requeridas se encuentra que los colores sean tonos claros, como blanco, gris o crudo, que las tarimas sean de madera tratada y que se utilicen cristales o plásticos transparentes.

Por su parte, la presidenta de la Associació de Veïns Tarragona Centre, Núria Sabat, asegura que el problema se centra en las estructuras fijas, «que cuando el local en cuestión cierra sus puertas, la pérgola sigue en el mismo sitio, quitando espacio para los peatones». En la zona centro, Sabat destaca las estructuras ubicadas en algunas cafeterías de la Rambla Nova.

La norma llega tarde

Tanto restauradores como expertos en urbanismo de la ciudad coinciden en opinar que es necesaria una regulación más concreta y restrictiva que la actual. También hablan de unificar los criterios, como por ejemplo, colores o estilos. «Sino, cada una va a la suya y el impacto visual que general en la ciudad es muy bestia», asegura un restaurador.

El arquitecto tarraconense Xavier Climent reconoce que las terrazas dan vida a la ciudad, «pero el espacio no es infinito y se debe regular». Climent opina que, en este caso, la sociedad va por delante de las normas. Es decir, los restauradores tenían la necesidad de buscar alternativas de negocios utilizando, por ejemplo pérgolas, y, después, la administración ha decidido controlar el fenómeno. El arquitecto tarraconense apuesta por la unidad en el modelo. «Lo peor, para mí, son las barreras verticales. Dificultan la visibilidad», explica Climent, quien cree que la clave de la cuestión está en unificar criterios, marcar el diseño y cambiarla cada dos o tres años. La polémica por el incremento de pérgolas en terrazas de bares y restaurantes está servida en Tarragona.

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