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Tarragona Fiestas

La prostitución y las drogas mueven casi 150 millones de euros en Tarragona

El sexo de pago y el tráfico de drogas aportan 149,2 millones de euros al PIB provincial, según estimaciones del Idescat. La UE obliga a medir la economía de las actividades ilegales

Raúl Cosano

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Desarticulación reciente de una banda que operaba en el Alt Camp. Foto: Guardia Civil

Desarticulación reciente de una banda que operaba en el Alt Camp. Foto: Guardia Civil

El último ejemplo fue la pasada semana: tres instalaciones con más de 2.600 plantas de marihuana, 80 gramos de hachís, 81 pastillas de éxtasis, 6.000 semillas de cannabis y dos armas de fuego; incautado, todo ello, en diversas poblaciones del Alt Camp. La Guardia Civil desarticuló la organización criminal que había detrás y que, además, manejaba una extensa red de pisos.

Todo ello forma parte de un negocio oculto, subterráneo, que no se ve y que hasta hace poco no salía en las estadísticas. Y aun así, sigue siendo dificílmente cuantificable. 

O, al menos, lo era hasta hace poco, porque desde 2014 el Idescat contabiliza ese dato, aunque sea estimatorio, igual que hace en España el INE. Así, por primera vez se incluye el valor económico de las actividades ilegales, que dan una idea del negocio en negro que también contribuye al Producto Interior Bruto (PIB). 

En términos informativos, el Idescat cuantificó las actividades ilegales en un 0,7% del PIB. De esa cifra, un 0,4% corresponde a las drogas y un 0,3% a la prostitución, mientras que el contrabando de tabaco, otra pata de ese volumen económico fuera de la ley, no aparece en ese desglose. 

Del PIB de 21.331 millones de euros en la provincia, según datos del Idescat de 2016, se extrae que las drogas mueven 85,3 millones en las comarcas tarraconenses y el sexo de pago algo menos, 63,9 millones. Son cifras siempre estimadas pero que, de alguna forma, cuantifican esa zona oscura de la economía. Hay que tener en cuenta que se refieren a 2016, último año con cifras definitivas del PIB. 

La medición no es una liberalidad del Idescat, sino una obligación impuesta por la Comisión Europea en 2014, con el objetivo de armonizar el sistema de medición de la economía de cada país y región europea. 

La marihuana ‘in crescendo’

Que la droga mueve grandes cantidades de dinero es algo que llevan tiempo reflejando algunas estadísticas policiales. Un ejemplo es Tarragona como espacio donde abunda el cultivo de marihuana, popularizado sobre todo a raíz de la crisis económica. El bajo coste, la climatología favorable y la facilidad para acceder a las semillas mediante tiendas especializadas o incluso ‘on line’, y de una forma sencilla, son factores que pueden influir. «Las condiciones meteorológicas son importantes, así como la existencia de multitud de masías aisladas, muy alejadas de cualquier vigilancia, con apenas un camino por el que transitar y al que hay que ir expresamente», cuenta un inspector de estupefacientes de la Policía Nacional. 

Hay otro factor clave: la cercanía con la frontera. Una gran cantidad de la producción tiene como destino el extranjero, por lo que a las organizaciones foráneas les resulta más barato ir a buscar la mercancía al norte, Catalunya, que por ejemplo al sur de la península. «El hachís viene de Marruecos, tiene un primer escalón en toda la costa mediterránea que corresponde a provincias como Huelva y Málaga, y luego unos segundos asentamientos en Catalunya, que suelen ser temporales, y que sirven para llevar esa mercancía a otros países», indica el inspector de la Policía Nacional. Países como Francia, Italia, Holanda o el Reino Unido son destinos habituales de la producción que se lleva a cabo en las comarcas tarraconenses. 

El cultivo de marihuana se ha convertido en algo así como un refugio de la actividad de delincuentes que presenta, desde su óptica, algunas ventajas. El beneficio que se obtiene es muy grande, la inversión es poca y las penas son laxas. «Si no se puede demostrar una pertenencia a una organización criminal, es difícil que alguien ingrese en prisión, aunque estemos hablando de una plantación grande», añade la policía, que calcula que en Catalunya sólo se están destapando un tercio de todas las plantaciones existentes. Así pues, los riesgos descienden, mientras que se puede garantizar un notorio flujo de ingresos con esta actividad. 

El narcotráfico histórico

Históricamente, Tarragona también ha sido un enclave para el narcotráfico a través del desembarco de hachís en sus largas y desiertas playas, sobre todo en el Delta de l’Ebre en invierno. 

En alguna época ha servido como alternativa a las zonas del estrecho en el Campo de Gibraltar o Algeciras, si bien en los últimos tiempos la presión policial y la vigilancia con la compleja y sofisticada red de cámaras y radares han logrado lo que, de momento, resulta imposible en el estrecho: reducir los desembarcos y acorralar al narco, que opta mucho menos por descargar sus fardos en zonas como L’Ampolla, Deltebre o Sant Carles de la Ràpita. 

Tarragona, por encima de otras provincias españolas, también destaca por cobijar grupos mafiosos extranjeros, atraídos por algunos alicientes como el sol, la playa, el chalet cerca del mar y las nutridas colonias de extranjeros que les hacen pasar sin llamar la atención. Una de las intervenciones recientes más célebres fue el descabezamiento del clan Polverino, con presencia desde Coma-ruga a Alcanar, pero hay más: desde la Operación Usura, un golpe a la mafia rusa en Cambrils, Salou y Reus; a la Operación Pande, donde se detuvo al capo de una banda de narcotraficantes que residía en Roda de Berà. 

Otros ejemplos: la Operación Metallica, en la que se cazó en Calafell a un hombre ligado a la mafia Ndrangheta, de Calabria; o la Operación Cusak, donde cayó Vadim Polyakov, un ruso sospechoso de vender entradas falsas para partidos. Son muestras de los tentáculos de la mafia desarticulados en los últimos años en Tarragona y que forman parte de esa economía ajena a la ley. 

Bandas desarticuladas

Menos dinero mueve la prostitución, aunque roza los 64 millones del PIB, un 0,3% de esa economía en bruto que se genera en la provincia. En ese sentido, la avenida de Salou, en Reus, es uno de los lugares comunes de esta práctica. A su vez, las operaciones de las fuerzas de seguridad para desmantelar estas tramas también son un goteo. En 2018, una operación de la Policía Nacional y la Policía Local de Cambrils contra una actividad de prostitución clandestina acabó con un total de tres personas detenidas y siete identificadas. Se les detuvo como autores de un presunto delito de trata de blancas, blanqueo de capital y organización criminal.

También el año pasado agentes de la Policía Nacional desmantelaron en la Part Alta de Tarragona un piso donde seis mujeres, todas de nacionalidad extranjera eran explotadas sexualmente. El prostíbulo, ubicado en un piso, estaba regentado por tres miembros de una misma familia.

Esta operación se enmarca dentro del Plan de la Policía Nacional contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual, puesto en marcha en 2013. 

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