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La provincia acoge 109 ensayos clínicos que mueven 650.000 euros

La industria farmacéutica es la principal impulsora de estudios, aunque los pacientes que participan se benefician de medicinas varios años antes de que salgan al mercado

Raúl Cosano

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Los frutos secos son parte importante de diversos estudios de nutrición. A la derecha, la doctora Mònica Bulló, con un voluntario. Foto: URV

Los frutos secos son parte importante de diversos estudios de nutrición. A la derecha, la doctora Mònica Bulló, con un voluntario. Foto: URV

«Normalmente un ensayo se impulsa a propuesta de un promotor, que habitualmente es la industria farmacéutica, aunque también puede ser iniciativa de un investigador», cuenta el doctor Joan Vendrell, director del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili.

Esta entidad, con la sede principal en Reus, aglutina todos los ensayos y estudios clínicos que se realizan en la provincia. Durante el año pasado se llevaron a cabo hasta 109 estudios. 50 de ellos entraron nuevos. La mayoría son internacionales, vienen diseñados desde fuera y trabajan con una gran cantidad de voluntarios en diversos países.

Interés económico y humano

En total, los estudios que se realizan en las comarcas tarraconenses movieron durante el año pasado 650.000 euros. «Hay un interés elevado de la industria farmacéutica en probar las medicinas. Los estudios son caros. Se hacen números para que luego a los promotores les compense la comercialización posterior del producto», narra el doctor Lluís Massana, jefe de la unidad de estudios clínicos del Hospital Sant Joan de Reus.

A pesar de ese interés económico, también hay uno científico y, en último término, puramente humano, de beneficio directo en la salud. Todos los nuevos fármacos se testan en pacientes enfermos. Ellos son los primeros en probar los supuestos beneficios del medicamento, antes de que salga al mercado.

Eso sí, antes hay que prevenir, también en los aspectos jurídicos. «Les hacemos firmar un consentimiento informado. Puede ser que ese fármaco le vaya bien o que no, y por eso el paciente debe ser consciente», indica el doctor Joan Vendrell. En ocasiones los resultados no son los óptimos y se sufren los efectos secundarios, a pesar de que los riesgos están minimizados.

Contra el colesterol

El doctor Lluís Massana pone un ejemplo reciente. Una investigación sobre el metabolismo lipídico testó un producto para reducir el colesterol. «Comprobamos que el colesterol bajaba gracias a estas inyecciones y con ello descendía un 30% el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. El medicamento empezó a comercializarse en febrero del año pasado, pero teníamos pacientes que llevaban hasta cinco años testándolo y beneficiándose antes que el resto de la población», sostiene Lluís Massana.

Los enfermos de cáncer también tienen la oportunidad de probar en primera persona la reacción a los fármacos antes de que salgan a la venta. «La oncología es uno de los ámbitos en los que más estudios tenemos. También hay medicamentos nuevos que se prueban en enfermedades severas y que ofrecen beneficios», concluye Lluís Massana desde el Sant Joan.

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