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La sociedad catalana se prepara para un nuevo test de estrés

Después de días de alta tensión, se respira cierta «calma», pero podría ser la antesala de la «tempestad»

Cristian Reino

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Agentes de la Policía Nacional realizaron una contundente carga contra los concentrados en la Plaça Imperial Tarraco el 1-O. Foto: jaume sellart/efe

Agentes de la Policía Nacional realizaron una contundente carga contra los concentrados en la Plaça Imperial Tarraco el 1-O. Foto: jaume sellart/efe

El viejo sueño del escritor Paco Candel de que Catalunya sea un solo pueblo, reivindicado por el catalanismo como la piedra angular de sus políticas, se ha puesto a prueba en estos días convulsos, en los que se suceden las jornadas históricas y la sociedad asiste atónita a una cascada de acontecimientos políticos

¿Habrá independencia? ¿Aplicará el Gobierno el 155? ¿Habrá revueltas en las calles? ¿Violencia?, ¿Enfrentamiento civil? Por primera vez se ha instalado el miedo entre la gente.
Gabriel Colomé, profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona, dirigió durante seis años el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat y considera que entre la población existía «pánico», sobre todo el día anterior al discurso de Carles Puigdemont sobre la declaración de independencia. 

«La tensión social era máxima, estábamos en un nivel cinco sobre cinco», afirma. «Lo más impresionante fue el silencio reinante en la ciudad de Barcelona mientras Puigdemont pronunciaba su discurso, la gente, en sus casas, viendo la televisión, y conteniendo el aliento porque nos íbamos al precipicio», dice.

Miedo al corralito

El pánico se produjo, a su entender, por el miedo al corralito. «Cuando se empiezan a ir las empresas grandes, con CaixaBank y el Banc Sabadell a la cabeza, en paralelo hay fuga de capitales, particulares que se llevaban los ahorros a otras provincias españolas; estos días hemos aprendido todos qué es una cuenta espejo», asegura. Y lo que es peor es la «herida» que se ha producido en la sociedad. Habla de «fractura terrible», de «amistades rotas», de «quebranto de la convivencia». 

Salvador Cardús, profesor de Sociología en la Autònoma barcelonesa, formaba parte del Consell Assessor per a la Transició Nacional que creó Artur Mas. Reconoce que en el independentismo se habían generado unas expectativas «exageradas» y que la tropa secesionista esperaba un discurso más «épico». «La suspensión de la declaración dejó muchas botellas de cava en la nevera», ironiza.

Su opinión sobre la tensión vivida estos días en Catalunya difiere de la de Colomé porque, a su juicio, no se puede hablar de «alarma social». «No quiero frivolizar la situación -señala- pero de alguna manera los catalanes nos hemos acostumbrado a vivir así, en un clima de incertidumbre política». 

«Se habla más de política, en el trabajo, a la salida de misa, en el bar, en todos los sitios, pero eso no quiere decir que haya tensión», sostiene. Tampoco cree que haya un conflicto social. «No veo que la convivencia se haya resentido» porque «la sociedad resiste a la tensión que hay en la política, no creo que se pueda hablar en términos de división o fractura, lo que pasa es que la sociedad catalana es muy compleja».

Después de días de alta tensión, la sociedad respira cierta «calma», según los expertos, pero podría ser la antesala de la «tempestad». «Si alguien se confunde en la respuesta a partir de hoy, tanto Rajoy como Puigdemont, volveremos al máximo nivel de tensión», augura Colomé. «Esta semana será clave, veremos si entramos en una especie de limbo o si nos abocamos a la colisión», remata Cardús.

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