La soledad mata tanto como la obesidad y el tabaco

Epidemia social. Sentirse solo tiene efectos demostrados sobre la salud física y mental. Una jornada alertó sobre la necesidad de tomar medidas

Norian Muñoz

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El doctor David Bartrés Faz,  hablando a los asistentes a la  jornada ‘Gent gran i solitud’  FOTO: Pere Ferré

El doctor David Bartrés Faz, hablando a los asistentes a la jornada ‘Gent gran i solitud’ FOTO: Pere Ferré

La soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día. Cuesta creerlo, pero atención, que quien lo afirma lo hace con conocimiento de causa. Es el doctor en psicología David Bartrés-Faz, profesor de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona e investigador principal del proyecto Barcelona Brain Helth Initiative del Institut Guttmann.   

Para el proyecto se está haciendo seguimiento a 5.000 personas vía telemática y, a más de 2.000 de ellas, se las está vigilando directamente con cuestionarios y pruebas médicas. La intención es ver qué aspectos de su vida influyen en un envejecimiento saludable, especialmente a nivel cerebral.

Lo primero que advierte Bartrés-Faz es que no es lo mismo vivir solo que sentirse solo. Vivir solo, es cierto, es un factor importante para sentirse solo, pero no el único. La soledad es un una emoción negativa, una percepción sobre las relaciones que desea la persona y las que realmente tiene.

El especialista lo contaba ayer en el marco de la jornada ‘Gent Gran i Solitud’, que organizaban el Institut Municipal de Serveis Socials y la Fundació Pere Tarrés en el Caixa Forum.

Para demostrar el peso que tiene la percepción, el especialista ponía el ejemplo de los países nórdicos. En Noruega, por ejemplo, la proporción de personas que viven solas es significativamente mayor que en España, pero el porcentaje de ellas que sienten soledad es menor. 

La explicación estaría, en buena parte, en aspectos sociales y culturales; en una manera de relacionarse con la familia que implica ser más autónomos desde pequeños. En resumen, las personas cuando se hacen mayores no tienen expectativas de vivir con la familia.

Más depresión  y ansiedad

Hasta ahora lo más estudiado era el efecto de la soledad en la salud mental, puesto que está demostrado que aumenta las posibilidades de padecer depresión y ansiedad. 

Pero la salud física también se resiente. Sentir soledad impacta al mismo nivel que la obesidad o el tabaquismo.

¿Las causas? Entre los aspectos que originan esta peor salud estarían el no seguir hábitos de vida saludables, tener una mala nutrición, mayor sedentarismo, peor calidad del sueño...
Además, las personas que se sienten solas, desde el punto de vista fisiológico, tienen efectos parecidos a quienes están sometidas a estrés continuo. Esto ocasiona, por ejemplo, subida de la presión arterial y peor funcionamiento del sistema inmunológico.

El propósito en la vida

Pero, aún estando solas, no todas las personas se sienten igual. Uno de los aspectos llamativos que ha encontrado el proyecto de Barcelona son los factores protectores.
Uno de esos factores es contar «con un sentido de coherencia, un propósito en la vida, saber que lo que hago me llena», señala el psicólogo. Se refería a algo que ya se estudió con familias inmigrantes recién llegadas a Estados Unidos. A pesar de vivir en condiciones adversas, rara vez se deprimían o enfermaban. El motivo de esa resiliencia es que sentían que lo que podían hacer por el futuro de sus hijos valía la pena.

En resumen, la soledad es una realidad a tomar en serio en una sociedad cada vez más envejecida. En Catalunya actualmente el 19,7% de las personas  de 65 a 79 años vive sola y la cifra llega al 32,7% en los mayores de 80. No hay datos sobre cuantas se sienten solas, pero en Gran Bretaña, por ejemplo, crearon hace pocos meses un ministerio para la soledad. «Es un tema de salud pública», advierte el especialista.

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