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La subida del nivel del mar, un «riesgo muy alto» para Tarraco

Las olas, los sedimentos y la cercanía a la costa amenazan ya el patrimonio romano y lo harán más de aquí hasta 2100, según un estudio. No hay peligro de inundación pero sí de erosión

Raúl Cosano

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El Amfiteatre de Tarragona, ubicado junto a la playa del Miracle. Foto: Alba Mariné

El Amfiteatre de Tarragona, ubicado junto a la playa del Miracle. Foto: Alba Mariné

No sólo el Delta de l’Ebre se ve amenazado por el cambio climático, además de una manera inexorable, tras haber alcanzado un punto de no retorno. El calentamiento global amenaza con borrar la memoria de la Humanidad. Más de tres cuartas partes del patrimonio cultural nacido en la costa del Mediterráneo está en riesgo por una de las principales consecuencias del calentamiento global: la subida del nivel del mar que multiplica la erosión y el riesgo de inundaciones, según una investigación publicada en Nature Communications. El patrimonio de Tarraco no escapa a esos riesgos. El legado imperial en Tarragona no se vería afectado en términos de inundaciones, uno de los factores analizados, pero sí –y de manera grave– en la erosión, el otro baremo en estudio. 

El balance llevado a cabo sobre las zonas mediterráneas por investigadores de la Universidad de Kiel (Alemania) asegura que 37 bienes estarán en riesgo de inundación en los próximos 100 años y 42 ya están en peligro por la erosión. Es en ese punto donde Tarragona aparece más afectada en términos de vulnerabilidad. En la actualidad, el patrimonio tarraconense ya presenta peligro: está en la cuarta posición de cinco posibles escenarios, de menor a mayor gravedad, sin considerar la segura subida del nivel del mar. 

Pero aún más grave es la situación para Tarraco si se atiende al escenario del año 2100. El patrimonio mundial tarraconense vería empeorar mucho su situación y alcanzaría el nivel máximo, de «un riesgo muy alto», en cuento a la erosión. Esta afectación, que ahora ya supone un peligro real, se multiplica según sube el nivel medio marino. La línea base utilizada por los investigadores es la del año 2000, cuando la distancia media de los lugares al agua era de 1,1 kilómetro. Los cálculos más conservadores la dejan a final de siglo en 762 metros y los menos en poco más de 100 metros. Los lugares que verían empeorar más su situación en todo el litoral del Mediterráneo son Tiro (Líbano), Samos (Grecia) y precisamente Tarraco, que ocupa el tercer puesto en esta escala de potencial degradación. 

Bajo ese escenario de final de siglo «el riesgo de erosión sigue siendo más alto en Tiro, seguido por el Conjunto Arqueológico de Tárraco (875), Pitágoreión y Heraion de Samos (595) y Éfeso (1018), todos los cuales tienen un índice muy alto de nueve y más», expone el estudio.

El Amfiteatre, un icono
Varios factores inciden a la hora de determinar esos riesgos. Uno de ellos es la cercanía con la costa, pero también se tienen en cuenta el material del que está compuesto el suelo –más o menos arenoso–, la altura media de las olas o el suministro de sedimentos. El Amfiteatre, precisamente cerrado ahora por seguridad, es quizás, por ubicación, el principal icono de esta amenaza. La acción marina puede provocar erosión sobre la base de la edificación y, en una situación de subida del nivel del mar, donde la Platja del Miracle retrocedería, en caso de temporal tanto la línea del tren como el monumento romano serían objetivos expuestos ante eventuales temporales. 

Parte de los bienes culturales está en la costa porque la actividad humana se desarrolló ahí. En el caso del Mediterráneo se agudiza. Las civilizaciones surgieron en esa primera línea. Tarraco es un ejemplo. La alta concentración de lugares Patrimonio de la Humanidad en este litoral se ha debido «al corto rango de las mareas –no hay mucha distancia vertical entre la pleamar y la bajamar– y la topografía escarpada en estas costas», explican los investigadores, que describen que «los asentamientos se sitúan directamente frente al mar o muy poco por encima del nivel de las aguas».

La ciencia ya trabaja en proyectos para mitigar unos efectos que son irreversibles

El estudio emplaza a tomar medidas cuanto antes. «Nuestros resultados pueden aumentar la conciencia de los encargados de formular políticas y los administradores del patrimonio al señalar la necesidad urgente de adaptación», explica el informe, que añade: «Una gran cantidad del Patrimonio Mundial de la Unesco ya está en riesgo por las inundaciones costeras y la erosión en las condiciones actuales. Ambos riesgos se exacerbarán en el transcurso del siglo XXI y posiblemente más allá, su magnitud dependerá del esfuerzo de mitigación a escala global en los próximos años».

Agustín Sánchez-Arcilla, catedrático de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC), ha colaborado con los investigadores en otros proyectos europeos y aclara que la afectación podría ser más grave aún: «Siempre estamos hablando de proyecciones medias pero hay que tener en cuenta que una de las principales incertidumbres es cómo se va comportar el hielo de la Antártida. Eso afectará a las playas y a los restos arqueológicos». En el caso de Tarraco, esas situaciones se pueden complicar todavía más: «No solo sube el nivel medio, sino que el mar se está acidificando más. El agua es más ácida y eso hace que pueda disolver más la piedra. Afectará a las ruinas que están sumergidas».

«Dos siglos de subida»
El Delta, que se hunde sin necesidad de que aumente el nivel del mar, es el ejemplo más contundente, pero también toda la costa. «Hay que ver qué restos están en una determinada profundidad. Los que estén en zonas próximas a la orilla corren más riesgo», cuenta Sánchez-Arcilla, un exponente de la comunidad científica y académica que ya prepara soluciones ante lo irreversible de la situación: «El nivel medio del mar va a subir durante un par de siglos por la misma inercia térmica del mar, hagamos lo que hagamos con las emisiones. Estamos ligados a enfrentarnos a sus consecuencias y para ello tenemos que tener unos planes para actuar en las zonas más vulnerables». 

«No solo sube el nivel medio. El agua es más ácida, tiene más sal y eso hace que pueda disolver más la piedra», dice Agustín Sánchez-Arcilla, catedrático de la UPC

El catedrático apuesta por una combinación de soluciones que tengan siempre en cuenta las características de cada punto que se intervenga. «Tenemos claro que las medidas deben ser mixtas. No van a servir espigones, murallas de ningún tipo ni diques para contener el mar. Eso no parece lo más sostenible», aclara. Sacos de fibra flexible natural –para no abocar más plástico al mar– o arena combinada con vegetación pueden ser opciones. «Nosotros ahora investigamos las mejores soluciones para que luego la administración las pueda elegir y financiar», zanja Sánchez-Arcilla.

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