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La tercera ola impide seguir el rastro del virus en Tarragona

Pese al incremento de test, la oleada hace que el Camp y el Ebre no controlen la cadena de contagios. La tasa de positividad se dispara al 12%. Debe ser inferior a 5%, según la OMS

Raúl Cosano

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Sanitarios durante un cribado masivo reciente en Bonavista. FOTO: PERE FERRÉ

Sanitarios durante un cribado masivo reciente en Bonavista. FOTO: PERE FERRÉ

Tarragona ha perdido por completo el dominio de las cadenas de contagio y, por lo tanto, del propio rastro del virus. La situación es una consecuencia más de los estragos de la tercera ola generada por la Navidad y anunciada desde hace semanas por los expertos y por las autoridades sanitarias. Con las uvas casi en la garganta y apenas superada la resaca de la Nochevieja menos festiva que se recuerda, los efectos de las reuniones navideñas de 2020 ya comienzan a notarse y a provocar que el arranque de 2021 vuelva a tener tintes de pesadilla.

Hay un dato muy esclarecedor que muestra cómo de complicada está la situación. Tarragona afronta la repercusión navideña con la tasa de positividad más elevada de los últimos dos meses. Este dato refleja el porcentaje de personas que dan positivo en la infección de entre todas a las que se les hace una prueba diagnóstico –incluyendo tanto casos nuevos detectados como personas que vuelven a dar positivo–. Según la OMS ese índice debería mantenerse por debajo del 5% para considerar que la pandemia está bajo control, pero ahora está desbocado. En el Camp de Tarragona sobrepasa el 12% mientras que en las Terres de l’Ebre es del 10,5%, superando ampliamente lo establecido. Tarragona capital, con cerca de un 16% de positividad, Salou, con un 14%, o Cambrils, con un 13%, muestran una estadística que revela un enorme descontrol de los casos, en la medida en que una gran cantidad de positivos escapan de ese radar. En las Terres de l’Ebre, municipios como Amposta (13%) o Tortosa (9%) también están por encima de ese umbral aconsejado.

Empeoramiento constante

Para detectar esa minoría de casos contagiados, se necesita hacer test a un gran número de contactos sabiendo que la mayoría no ha contraído el virus. Así, es preciso que muchos casos den negativo para tener garantías de que se está detectando a casi todos los positivos. Su crecimiento suele ir en paralelo al aumento de otros indicadores epidemiológicos. Antes de las fiestas, en la semana del 17 al 23 de diciembre, la tasa de positividad era de 5,76% y, por lo tanto, estaba prácticamente en los límites adecuados para reflejar la contención de la pandemia.

La transmisión tras las fiestas hace imposible seguir la trazabilidad de los positivos

A medida en que han pasado los días, esa ratio ha ido en aumento, encendiendo todas las alarmas. Catalunya está en una mejor situación que el Camp de Tarragona y que las Terres de l’Ebre, ya que su positividad se ubica en el 10,10%, según los últimos datos de Salut. Seguir el rastro del virus es decisivo para intentar localizar a los contactos de un positivo y diagnosticarles, para que después pueden hacer la cuarentena respectiva y quedar aislados. Esto es especialmente importante en el caso de los asintomáticos, en la medida en que evita esa eventual propagación del virus que se realiza, además, sin saberlo.

A pesar de ese estándar de la OMS, para tener una fotografía exacta hay que analizar otros indicadores. Hay expertos que sugieren que más allá del 10 o del 15% de positividad la situación comienza a ser muy preocupante.

Para controlar los contagios, es vital realizar un gran número de pruebas, uno de los instrumentos principales para cortar la transmisión que se tienen ahora, a diferencia de la primera oleada. «El virus ahora no es menos violento, lo que pasa es que ahora vamos a buscarlo. Tenemos los rastreos, seguimos la tasa reproductiva, conocemos datos que nos pueden ser muy útiles. Hemos implementado instrumentos que nos permiten hacer una vida lo más normal posible, porque tenemos maneras de vigilar, de actuar y prevenir», cuenta Antoni Castro, jefe del servicio de medicina interna del Hospital Sant Joan de Reus y decano de la Facultat de Medicina i Ciències de la Salut de la URV.

Lo cierto es que Catalunya ha realizado en los últimos meses un gran esfuerzo para incrementar el número de PCR o antígenos. De 9.000 PCR a la semana en septiembre en la provincia se ha pasado a más de 11.000, a lo que hay que sumar más de 8.000 test de rápidos antígenos, otra de esas pruebas diagnósticas. Hay, por lo tanto, muchos más medios de detección, lo que no ha evitado que el virus esté campando a sus anchas en estos momentos y sea muy complicado seguir su trazabilidad con el objetivo de acotarlo. Atrás queda un esfuerzo grande por parte de los centros de atención primaria, que han asumido la mayor parte de este trabajo diagnóstico, pero también los cribados masivos impulsados en zonas concretas. Pero si se atienden a los datos más recientes la evolución es preocupante. Se están haciendo menos pruebas, fundamentalmente por la reciente abundancia de días festivos, pero está habiendo más casos diagnosticados, una nueva muestra de que la situación se desborda por momentos, a la espera de que en unos días puedan verse los efectos de las nuevas restriccciones instauradas.

El perfil medio del contagiado tarraconense ha envejecido en esta tercera ola

Menos pruebas, más contagios

En la semana del 14 al 20 de diciembre, previa a las fiestas, se realizaron en la provincia de Tarragona casi 22.700 pruebas, arrojando 1.109 positivos. Del 28 de diciembre al 3 de enero, ya en plenas celebraciones navideñas, se efectuaron 20.000 test –entre PCR y antígenos– que diagnosticaron 2.176 casos, prácticamente el doble de contagios.

El secretario de Salut Pública, Josep Maria Argimon, diferencia esta oleada de la anterior, la que tuvo lugar a partir de mediados de octubre. «Desde el puente de diciembre tenemos una situación al alza sostenida, no exponencial como en octubre», explicaba Argimon. Pero, ¿qué otras diferencias se pueden hallar entre oleadas? Está por ver, en la medida en que la tercera aún está creciendo y todo apunta a que el pico queda lejos, ya que aún no se está percibiendo todo el impacto que generará las reuniones familiares y la interacción social derivada de las fiestas de Navidad.

Uno de los aspectos más llamativos es la edad media de los contagios. En la segunda oleada, desde finales del verano hasta finales de noviembre, la franja de edad con más contagios en Tarragona fue la de 10 a 19 años, con mucha diferencia. En este nuevo envite de la Covid-19, el perfil se ha envejecido. La franja de los 40 a los 49 años es la que aglutina la mayor parte de los positivos, más en la línea con lo que sucedió en la primera ola, a partir de mediados de marzo de 2020.

Lo que parece que no cambia es el perfil de los más vulnerables a complicaciones de la enfermedad y a desenlaces fatales. La mayor parte de defunciones son de personas que tienen entre 80 y 89 años, según los registros de Salut. Tampoco parece modificarse la letalidad, similar a la de la oleada anterior. De 2.176 casos en una semana, 13 defunciones, lo que arroja una mortalidad del 0,5%, según los datos más recientes. Es, un porcentaje muy similar al de la oleada de otoño y en la línea del que se registra en otros lugares. Atrás queda, superada, la letalidad del 10% registrada en la primera ola, una cifra desvirtuada e irreal debido al infradiagnóstico: se detectaba menos virus porque no había acceso a PCR y, por lo tanto, la proporción de fallecidos respecto a los contagiados era mucho mayor. Las ratios de letalidad actuales van más acorde con este tipo de virus respiratorio.

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