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La tradición de la mona se internacionaliza en TGN

El mal tiempo evita las multitudes que se registran todos los años en espacios como el Pont del Diable y el Parc del Francolí

Núria Riu

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Las familias Romero prepararon arroz con pollo para festejar esta jornada.  FOTO: Fabián Acidres

Las familias Romero prepararon arroz con pollo para festejar esta jornada. FOTO: Fabián Acidres

Al mal tiempo, buena cara. Y si al final caen cuatro gotas, siempre hay la posibilidad de cobijarse debajo de la sombrilla. Y es que, a pesar de que el día no ha acompañado, los fieles a salir al campo a comer la mona no han faltado a una cita que para algunas familias y grupos de amigos supone un despliegue logístico que se mueve entre la improvisación y la diligencia.

Sombrilla, nevera, sillas plegables, el camping gas y un plástico a modo de manta para echarse una siesta después de comer. Son algunos de los complementos que llevaban Maite, Manoli, Carles, Pepi y Joan, un grupo de amigos que a las 11.30 horas de este Lunes de Pascua ya estaba ocupando una de las mesas del Parc Francolí.

Aseguraban que todo era fruto de la improvisación. Un ‘yo pongo’ que acabó con una mesa en la que no faltaban el vermut, el cava, las croquetas, la tortilla, la escalivada y las alitas de pollo. «A la primera gota empezaremos a comer y a ver qué pasa», decían.

Manoli ha preparado la mona. Casolana y de chocolate. «Le decimos que le ha quedado muy buena y así el año que viene repetirá», afirman al unísono los amigos. El nivel de preparación era tan elevado que incluso llevan la cafetera. «Es lo que hay, el bar está cerrado», apuntan. Y sí, el chiringuito del Parc Francolí hoy lunes no estaba abierto.

Las familias Romero y Romero se han reunido también en este mismo punto. A pesar de la coincidencia en el apellido, una era venezolana y la otra, hondureña. Para la ocasión habían preparado arroz con pollo, el plato típico panameño que se come en los días de picnic. No ha faltado la mona.

Nicolás López, Matías López, Irina Vasilieva y el pequeño Matías. FOTO: Fabián Acidres

En este caso, comprada en la pastelería y de aspecto parecido a un roscón. «Se está genial», aseguran. Un momento de relax del que disfrutan tanto los que están de fiesta como los que comían pensando que al poco rato tenían que irse para entrar a trabajar.

Desde primera hora

También han madrugado Nicolás López, Matías López, Irina Vasilieva y el pequeño Matías. A las 10.30 ya estaban sentados alrededor de la mesa para reservarla. «Es el primer año que venimos y como siempre se solía llenar hemos decidido venir tempranito», afirma Nicolás López.

Habitualmente pasan el Lunes de Pascua en casa o haciendo una barbacoa.Hoy se han estrenado en el Francolí. «Acá venimos siempre para los cumpleaños y hoy estamos todos juntos para festejarlo. La mona es internacional», aseguran. Una familia de argentinos, una búlgara y los niños ya nacidos en Tarragona. Un mixto también en la mesa con empanadas, pavo y el fuet, que «no puede faltar».

Otro de los escenarios que hoy se ha descartado ha sido la playa. El fuerte oleaje alejaba a los que gustan de aprovechar este día para darse el primer baño del año. 

Caminata por el Pont del Diable

Este paseo por los espacios al aire libre en los que se come la mona no podía acabar sin pasar por el Pont del Diable. Habitualmente es uno de los puntos más concurridos, en los que resulta difícil encontrar una mesa libre pasado al mediodía.

Este desanjelado Lunes, la zona de picnic mostraba una imagen vacía. Una tranquilidad de la que disfrutaban Dolores Suárez, Pepita Fornós, Pilar Soler y Encarna Villena. Las cuatro hacían tiempo jugando al cinquillo, a la espera de que llegara la hora de comer. «Había más gente el Viernes Santo», aseguraba Pilar Soler.

Hoy muchas familias han dejado las fiambreras y las monas en casa. Sin embargo, ha habido mucha gente que no ha fallado en esta cita anual con el Aqüeducte de les Ferreres y ha aprovechado para pasear y cansarse un poco, para ganarse la mona.

Esas cuatro mujeres han llegado en autobús. Han subido caminando desde la carretera, han hecho su caminata y se han sentado con las cartas. Es el ritual que siguen todos los años. «Es lo que nos pilla más cerca y podemos venir con el transporte público porque nosotros no tenemos coche  y para ir al Llorito hay mucha subida», explican. 

Unas 30.000 monas

¿Y la Mona? Todo apunta a que estas cuatro mujeres iban con lo justo encima y no se veía por ninguna parte la típica caja de cartón. Pero Pilar Soler lo tenía todo preparado y del interior de su mochila ha sacado una fiambrera con el típico pastel, en el que no faltaban las plumas ni el pollito. «Pequeñita, que el azúcar ya lo tenemos nosotras», afirma.

El tiempo aguanta y algunas familias que inicialmente se han quedado en casa llegan cargadas con todos los bártulos, a ver si tienen suerte. Según el Gremi d’Artesans Pastissers de la demarcación de Tarragona, este año se han vendido entre 35.000 y 40.000 monas en las comarcas del sur de Catalunya.

La tradición marca que se come el Lunes de Pascua. Aunque éste es un ámbito en el que no hay reglas establecidas y siempre hay los que, sin conocer un porqué, se anticipan y lo hacen el Domingo de Pascua.

 

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