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La tradición rural, estandarte de futuro

La cuna de los castells y el calçot se encuentra en Valls y su entorno, una tierra que remarca el potencial de sus raíces

REDACCIÓN

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La tradición rural, estandarte de futuro

La tradición rural, estandarte de futuro

El Alt Camp es tierra de castells y calçots. Existe un gran corriente turístico motivado sobre todo por la calçotada, cocina típica y tradicional de la comarca. Este territorio, y sobre todo Valls, es conocido por ser la cuna de los castells, una tradición que mueve masas por toda Catalunya.

Los castells son una de las manifestaciones culturales más espectaculares de Europa. Consiste en la construcción de torres humanas de hasta nueve y diez pisos de altitud. Bajo el lema tradicional identificativo «fuerza, equilibrio, valor y juicio», los castells son un excelente reflejo del vigor de las tradiciones catalanas.

Valls, la capital del Alt Camp se caracteriza por estar vinculada con los castells. El origen está en el antiguo ‘Ball dels Valencians’, uno de los que se realizaban en torno de las procesiones religiosas. Estos bailes finalizaban con una figura constituida por el levantamiento de una construcción humana, que con el tiempo fue alcanzando importancia, hasta independizarse del baile.

La Gran Calçotada, instante clave de la temporada. FOTO: Ajuntament de Valls

La evolución de este primitivo castell hasta la manifestación popular que hoy conocemos tuvo lugar en Valls, donde desde principios del siglo pasado se documenta la existencia de dos grupos de castellers rivales. Es por eso que esta ciudad es considerada cuna de los castells y la plaza del Blat, donde actúan la Colla Joves y la Colla Vella de los Xiquets de Valls, ‘kilómetro 0’ del mundo casteller.

Poco a poco, la fuerza de los castells se fue imponiendo y pasó a ser el protagonista indiscutible en las fiestas del Camp de Tarragona y del Penedès durante la segunda mitad del siglo XIX. Es en esta época cuando se consiguen las metas castelleras más importantes y por eso es conocida como la primera época de oro de los castells.

El origen de los castells reside en el antiguo ‘Ball dels Valencians’, propio de procesiones religiosas

Desde la primavera hasta finales de otoño es habitual que se celebren jornadas castelleras a lo largo de las plazas de la provincia. Algunas rivalidades superan en intensidad incluso las futbolísticas, como puede ser la que existe entre los Xiquets de Tarragona y la Jove Xiquets de Tarragona o la que hay entre la Vella dels Xiquets de Valls y la Joves Xiquets de Valls.

En 2010, la Unesco aprobó la inclusión de los castells en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, otorgándole así un reconocimiento universal. El concurso de castells en el escenario de la Tarraco Arena Plaça, en Tarragona, que se celebra cada dos años y está considerado el mayor espectáculo casteller del mundo.

De la tierra a la garganta

La comarca del Alt Camp esconde una joya gastronómica que ha trascendido sus fronteras, el calçot. Es una cebolla blanca (Allium Cepa L.) que se cultiva de una manera muy especial para que sea alargada, y que resulta ser uno de los platos típicos por excelencia de la gastronomía catalana. Tal es su repercusión que el calçot de Valls cuenta una Indicación Geográfica Protegida, un distintivo de calidad reconocido por la Unión Europea.

Las altas temperaturas y las perspectivas de negocio han avanzado la temporada, que se abre de forma oficial con la calçotada de Valls, que se celebra el último domingo de enero.

Actuación castellera en la Plaza del Blat de Valls. FOTO: Alfredo Gonzalez

Hasta entrado marzo puede degustar en numerosos restaurantes un menú especial a base de calçots, morcillas, carnes a la brasa, vino y postre. Atrae cada año a miles de aficionados y se ha convertido en la base económica de toda una región. Su temporada es de noviembre a abril. El boom del calçot está alargando la temporada, incluso después de Semana Santa.

Cuenta la leyenda popular que el descubrimiento de los calçots se debe a un agricultor de Valls apodado «Xat de Benaiges», quien, a finales del siglo XIX, quemó unas cebollas viejas en el fuego. En vez de tirarlas las peló y probó, descubriendo que su interior era muy dulce y poco fibroso. No existe ninguna documentación que acredite esta historia.

El último domingo de enero es el día de la Gran Fiesta de la Calçotada de Valls

Sin embargo, y gracias al archivo municipal de Valls, sí que hay documentación que acredita la existencia de los calçots en esta población a principios del siglo XX. No así de la existencia del «Xat de Benaiges», una historia que empezó a circular en los años 40 del siglo pasado. Se dice que el mismo Xat de Benaiges ideó la salsa Salvitxada, que acompaña a los calçots, aunque esto tampoco está documentado.

Por otro lado, hay evidencias que muestran que los romanos ya comían calçots. En una excavación en la ciudad húngara de Brigetio, durante el mes de agosto del año 2000, el arqueólogo húngaro Lázló Borhy encontró una pintura curiosa del siglo II que mostraba a un hombre comiendo porrus capitatus, los actuales calçots, en la típica posición: mano alzada, mirando hacia arriba, e introduciendo el calçot en la boca.

Los calçots se han convertido en la estrella gastronómica de la zona. Durante toda la temporada numerosos restaurantes los ofrecen en sus cartas ante el éxito de demanda. Tortilla, en tempura, crema o pan de calçots, son algunas variantes de este delicioso manjar.

Lo más habitual es comerlo asado en llama viva y una vez pelado, con salsa. Mancharse ya sea los dedos con el carboncillo o con la salsa a la hora de comerlos es obligado, por lo que también es costumbre ponerse un babero para para la ocasión. Disfrute de una buena calçotada.

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