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La vida cotidiana en Tarragona en alerta antiterrorista 4

La provincia aprende a vivir con la amenaza: controles de carretera, cacheos, colas en conciertos y partidos, acceso más vigilado a industrias o más patrulla policial en la calle y centros comerciales

Raúl Cosano

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Un control policial reciente en el paso fronterizo de La Jonquera, entre España y Francia.  Foto: EFE

Un control policial reciente en el paso fronterizo de La Jonquera, entre España y Francia. Foto: EFE

Rosendo, el mito del rock urbano, tocó este fin de semana en la Tarraco Arena Plaça (TAP). Se aconsejó a los asistentes que acudieran un poco antes, en previsión de que los registros en la entrada fueran más exhaustivos. «La recomendación es la misma que se ha dado para los partidos del Barça o para el concierto de Madonna en Barcelona, que la gente acuda lo antes posible, aunque este evento sea de menos magnitud. Estamos hablando de unas 2.500 personas», explicaba la organización. Debido al plan de autoprotección reforzada, el trámite en el acceso resultó algo más engorroso, en la medida en que se aumentaron esos controles.

Es sólo un ejemplo de cómo la alerta terrorista ha instalado un cambio de hábitos, y no sólo debido de los últimos atentados en París. Los ataques al semanario francés Charlie Hebdo y en Túnez fueron los puntos de inflexión para que España viva desde hace meses en un nivel de alerta de 4 sobre 5. Ese aumento de la vigilancia tiene una afectación directa sobre la ciudadanía, empezando por un incremento de la presencia policial en las calles y en los centros comerciales y de los controles de tráfico por parte de los Mossos d’Esquadra.

 

Armamento visible y chalecos

El propio conseller d’Interior, Jordi Jané, anunció que los controles de tráfico se intensificarían en los próximos días, algo que se está viendo en diferentes vías de la provincia como la AP-7. Otra señal de la excepcionalidad del momento es, por ejemplo, el hecho de efectuar los controles con armamento visible y con chalecos antibalas. Jané también argumenta que un 20% de las acciones preventivas de la policía catalana se realizan para luchar contra el terrorismo yihadista.

El reciente concierto multitudinario de Madonna en el Palau Sant Jordi fue otra muestra. Numerosos espectadores tarraconenses se toparon con las estrictas medidas de seguridad. «Tanto el pabellón como los alrededores estaban vigilados por agentes de seguridad y Mossos armados con escopetas y rifles», explica Pablo. Hubo que armarse de paciencia: hasta un triple cacheo, con separación por sexos incluida, acabó enrareciendo el ambiente y postergó la entrada de los asistentes. El espectáculo se acabó retrasando más de una hora y cuarto.

 

Seguridad en el fútbol

Otra de las afectaciones tiene que ver con aquellos lugares con aglomeraciones. De hecho, la seguridad se reforzó para el partido entre el Nàstic y el Llagostera, con más y de mayor intensidad registros en los accesos al Nou Estadi y un aumento de las dotaciones policiales. La consigna fue la misma: antelación y paciencia por la espera. El partido de Champions entre el Barça y la Roma también vivió medidas especiales que, en último término, se traducen en molestias de cara al ciudadano, que debe sobrellevar con sosiego y calma: pasar tres círculos de seguridad y no permitir el acceso con mochilas, bolsas o riñoneras, que se podían guardar en taquillas hasta el final del partido.

Este nivel 4 significa ‘riesgo alto’ y supone el ‘máximo refuerzo de los dispositivos de seguridad’. Esas medidas se perciben en los puntos estratégicos como la industria química, que ha reforzado su vigilancia y trabaja más en sincronía que nunca con los cuerpos policiales, como indica Teresa Pallarès, la directora general de la AEQT: «Nuestras empresas tienen ya unos niveles importantes de seguridad en los controles de entrada y salida, pero es cierto que en estas circunstancias se estrechan los contactos con las fuerzas de seguridad, se lleva a cabo una comunicación más fluida, hay más atención, se mejoran los mecanismos».

 

Protocolos recordados

Un trabajador de Repsol incide en la vigilancia recientemente aumentada: «Cuando entramos y pasamos por el torno, ahora además nos miran las bolsas. Hay un vigilante y le tienes que enseñar la tarjeta identificativa. Todo esto vino a raíz del ataque a Charlie Hebdo. En diez años trabajando aquí nunca nos habían mirado el equipaje, algo que sí están haciendo en los controles de acceso».

Ahora se han activado o se han intensificado protocolos. «Ahora, por ejemplo, se nos recuerda con más frecuencia el protocolo que hay que seguir en caso de una amenaza de bomba. Nos envían más correos de recordatorio», añade este empleado de la industria petroquímica tarraconense.

También las dos centrales nucleares de la provincia, en Vandellòs-L’Hospitalet de l’Infant y Ascó, llevan meses con las medidas de seguridad adaptadas al nivel 4 de alerta. Aunque por prudencia y seguridad, los operativos en marcha son confidenciales.

Las instalaciones nucleares de toda España se mantienen en esa alerta 4, en una escala de 5, desde antes del ataque contra Charlie Hebdo. Ese nivel ha sido ligeramente reforzado interna y externamente en los últimos meses con seguridad privada y efectivos de la Guardia Civil que recorren los perímetros. En concreto, en Ascó y Vandellòs la Guardia Civil realizará labores de vigilancia en el interior de las centrales antes de dos años para mejorar la capacidad de respuesta ante una amenaza. También en estos puntos estratégicos los atentados de los últimos meses han llevado a crear un grupo de trabajo para establecer la seguridad que se requiere a cada momento.

La situación exige la dedicación plena de todas las fuerzas policiales, hasta el punto de que cuatro sindicatos han denunciado poca presencia policial en el aeropuerto de Reus –uno de los lugares de especial supervisión–, debido a una presión sobre los agentes que ha derivado en diversas bajas por estrés laboral.

Más allá de la alerta, los atentados han generado cierta psicosis en la ciudadanía, algo que se ha concretado en falsas alarmas, como ha sucedido en el Pius Hospital de Valls o en el bingo de Reus. Para combatir falsos rumores, entre otros objetivos, el Govern anunció ayer que pondrá en funcionamiento una web sobre terrorismo con la que entablar una comunicación fluida con el ciudadano. En esa página se ofrecerá información pero también se facilitarán canales para el feedback y la colaboración ciudadana. El reto es acercar el trabajo que realizan los Mossos d’Esquadra a la sociedad y generar confianza.

Hasta llegar al nivel 4, el Plan de Prevención y Protección Antiterrorista cuenta con tres fases previas de activación asociadas a un determinado nivel de riesgo: el 1 corresponde a riesgo bajo, el 2 al moderado, el 3 al riesgo medio, el 4 a riesgo alto y el 5 a riesgo muy alto. El siguiente paso, la elevación a la cota 5, implicaría ya el despliegue en las calles de personal militar. Ese estadio de la amenaza comporta un ‘riesgo muy alto’ o inminente de atentado. Serían los militares quienes, además de dar seguridad en las calles, protegerían objetivos estratégicos y susceptibles de ataques. Incluso se podría llegar a cerrar el espacio aéreo.

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