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Lágrimas de dolor y rabia entre los trabajadores de la química

Crónica. Hace un mes los empleados de la compañía hicieron una huelga de un día para denunciar la falta de seguridad. «Era previsible», decían algunos al día siguiente de la grave explosión en Tarragona

NÚRIA RIU

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Momento del minuto de silencio en solidaridad con las víctimas del accidente del martes a última hora de la tarde.  FOTO: PERE FERRÉ

Momento del minuto de silencio en solidaridad con las víctimas del accidente del martes a última hora de la tarde. FOTO: PERE FERRÉ

Acababa de conocerse hacía unas horas que habían encontrado el cadáver del trabajador desaparecido, cuando los empleados del sector químico convocaron un paro en las puertas de las empresas del polígono petroquímico, en solidaridad con las víctimas. La noche había sido muy larga. Algunos de los allí presentes a penas habían podido pegar ojo y la rabia, la tristeza y la indignación se medía a partes iguales entre un colectivo que hace tiempo que viene denunciando la «precarización» del sector.

El acceso a la empresa IQOXE seguía cortado por los Mossos. A escasos metros, continuaban los trabajos de extinción del incendio en la planta afectada. Mientras tanto, un centenar de trabajadores empezaban a reunirse en este punto, junto a la antigua carretera de València. En los corrillos se hablaba de lo sucedido. Las cabezas bajas y los ojos rojos de algunos de los allí presentes no podían esconder el abatimiento que están sufriendo y que, a medida que pasan las horas, aún no pueden comprender.

Hace justo un mes, la plantilla hizo una huelga de un día, con amenazas de seguir con las protestas, por la «falta de seguridad» que se estaba produciendo en la planta. Según informaron los sindicatos, se despidieron a tres personas y el proceso no había finalizado. «Se esperaba. Había recortes, recortes y más recortes. Les apretaban demasiado según me decían», explica un extrabajador, que había ido a mostrar su apoyo a quienes habían sido sus compañeros.

Todos juntos

El amplio despliegue de medios de comunicación y el miedo a sufrir represalias hacía que muchos trabajadores decidieran morderse la lengua. Ayer, los más veteranos estaban allí para mostrar su apoyo. Andrés Luna trabajó durante 22 años en los que había sido la antigua IQA. Hace diez años que se jubiló, pero allí mantiene a grandes compañeros que no lo están pasando bien. «Es como si fuera mi familia y ahora debemos estar todos juntos», argumentaba.

Luna fue compañero de Òscar Saladié, el trabajador que perdió su vida como consecuencia de la explosión. «Era muy buena gente. No se puede expresar lo que sentimos. No logro entenderlo», decía.

Algunos de los empleados seguían comentando la reacción que tuvieron al ver el resplandor, fruto del incendio, el martes a última hora de la tarde. «Pensaba que se estaba quemando el Eroski», explicaba a sus compañeros. Los dirigentes de los dos sindicatos mayoritarios se sumaron al minuto de silencio que tenía lugar en la puerta de acceso de la fábrica.

Los responsables de seguridad de la compañía, por el momento, han decidido no hablar sobre la explosión. De hecho, puede tardarse meses antes de que pueda esclarecerse su origen.

Miguel es empleado de una compañía subcontratada, que había acabado su turno a las cinco de la tarde. Horas antes había trabajado en el mantenimiento de la planta ubicada en el polígono sur. A las 18.41 horas, cuando se registró el incidente, ya estaba en casa. «Me enteré a última hora y te quedas tan en shock y tan sorprendido que no sabes cómo reaccionar», afirmaba.

La empresa tiene unos 115 empleados. En aquellos momentos se estaba trabajando en la planta, pero una parte del personal ya se había marchado. Un elemento que destacaban con la boca pequeña algunos de los allí presentes, quienes apuntaban que la tragedia podría haber sido mucho más grave. Por el momento, los trabajadores no saben qué pasará en los próximos días ni cuándo podrán reincorporares a sus puestos de trabajo, después de un incidente que dejó la zona completamente destrozada.

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