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Las ciudades de Tarragona se adaptan al peligro terrorista

Los principales municipios de la provincia reforzaron su seguridad tras el 17-A. La demanda de bolardos se disparó y cambió el paisaje

Diari de Tarragona

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En julio, el Ayuntamiento de Tarragona empezó a sustituir los bolardos por bancos y dados.  Foto: Pere Ferré

En julio, el Ayuntamiento de Tarragona empezó a sustituir los bolardos por bancos y dados. Foto: Pere Ferré

Un año después, los atentados del 17-A han cambiado buena parte de la fisonomía de las ciudades. Después de este tiempo, los bolardos y pilonas instalados casi de urgencia se han sustituido por elementos decorativos más integrados y con la misma función de detener el paso de vehículos a paseos, calles y plazas susceptibles de ser muy concurridas. 

Las soluciones han sido muy variadas. Tarragona optó por colocar bloques de hormigón de color azul en lugares como la Rambla Nova. Por fin, este pasado mes de julio, fueron reemplazados por bancos y bloques de piedra sobrios y de color gris. Municipios como Calafell instalaron esas defensas ‘new jersey’ como solución provisional para salir del paso. 

Grandes maceteros en Reus
Reus optó también por bloques de hormigón en lugares de gran afluencia de gente como la Plaça de la Llibertat, la calle Llovera, delante de la Plaça de Catalunya o en los pasos de peatones del Tomb de Ravals. Luego los suplió por jardineras, todo ello con afán ornamental, una de las obsesiones de los municipios.

El terrorismo ha cambiado el paisaje urbano, y no sólo por los ataques de Barcelona. El atropello múltiple y mortal en Niza (Francia), en 2016, fue un punto de inflexión. Desde entonces y hasta hoy, ha habido diez ataques en Europa con atropellos masivos, hasta tal punto de que la necesidad de protección ha llevado a ayuntamientos y particulares a reforzar la seguridad en plazas, calles y paseos. Así lo confirman las empresas que trabajan con este mobiliario urbano y que se mueven por Tarragona. 

«Hemos aumentado las ventas más de un 30%, no sólo a partir de los atentados de Barcelona y Cambrils, sino en general, durante los últimos tiempos. Se han multiplicado las consultas, de gente que te pregunta qué impacto aguanta un objeto, qué velocidad de un vehículo…», sostiene Jordi Rocasalbas, responsable de la compañía Benito Urban. 

Esther Rovira, delegada comercial en la provincia de Tarragona, confirma el aumento: «Se ha notado un incremento. Muchas veces preguntan por productos que no son específicamente para la seguridad pero que, evidentemente, puestos en un paseo, impiden el paso de cualquier vehículo, por grande que sea».

Bancos para disuadir
Poblaciones como Valls, Reus, Vila-seca, Salou, Cambrils, Amposta, Deltebre, L’Hospitalet de l’Infant o L’Ampolla han hecho algún encargo en los últimos tiempos a Benito Urban. La pilona clásica, también conocida como bolardo, se ha convertido en el elemento más representativo, pero hay otro mobiliario urbano más estético e igual o más eficaz a la hora de contener una ofensiva yihadista y, sobre todo, disuadir de un posible ataque terrorista. «Si pones un banco, a la vez que sirve para sentarse, también es un obstáculo que impide que pase un coche. Lo mismo pasa con algunas jardineras grandes. Dentro se pone tierra y se convierte en algo muy pesado que tiene utilidad en términos de seguridad», aclara Esther Rovira.

Papeleras de grandes dimensiones y pesadas, así como bancos de piedra –o, como en el caso de Tarragona capital, cubos de ese material– forman parte del mobiliario instalado en algunos de los municipios a raíz de los ataques terroristas del año pasado. 

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