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Las colonias de este año: menos niños y controles de salud diarios

Las estrictas normas sanitarias cambiarán por completo el funcionamiento de las actividades de verano. Algunas empresas y entidades no podrán organizarlos

NORIÁN MUÑOZ

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Imagen de uno de los casales de la Fundació Pere Tarrés. FOTO: Cedida

Imagen de uno de los casales de la Fundació Pere Tarrés. FOTO: Cedida

Después de meses de confinamiento, con escuelas e institutos cerrados, los casales y las colonias este verano son más esperados que nunca. No obstante, las medidas de seguridad que tocará poner en marcha por el coronavirus no solo cambiarán la actividad como la conocemos hasta ahora, sino que han hecho que algunas empresas y entidades hayan decidido no organizarlos por ahora o que condicionen su realización a la evolución de la pandemia.

Adaptación a toda prisa

Por lo pronto, las empresas que han decidido seguir adelante están adaptando su operativa a toda velocidad. Felipe Fleix, gerente de English Summer, una empresa con 40 años de experiencia y que cuenta con cuatro casas de colonias en Vallclara, Poblet, Tamarit y Prades, reconoce que ahora mismo el mayor esfuerzo está en informar a las familias sobre todas las medidas que ha consensuado el sector con la Generalitat para garantizar la seguridad este año.

Las actividades de verano son cruciales para una empresa como la suya. Tras la declaración del estado de alarma, tuvo que suspender 300 colonias escolares en las que iban a participan 18.000 alumnos. También han tenido que anular todos los cursos de idiomas en el extranjero. «Tenemos que salvar el verano», reconoce. Así, además de sus habituales colonias en inglés, el 28 de este mes harán, por primera vez, un campamento de día de una semana solo para participantes de la región sanitaria.

Una de las principales normativas que tendrán que cumplir, tanto los casales urbanos como los campamentos, es que deberán organizarse en grupos de máximo 10 niños que deberán ser siempre los mismos y con el mismo monitor. Habrá que contar, además, con un responsable de seguridad e higiene por cada 30 participantes. Estas necesidades de personal han hecho que algunas empresas no puedan hacer las actividades o suban el precio.

Fleix cuenta que, en su caso, ya trabajan estas ratios, aunque esta vez, por ejemplo, los profesores nativos que han contratado tenían que estar viviendo en el territorio.

Respecto a los espacios físicos, se estipula que se debe contar con cuatro metros cuadrados por participante y que, a la hora de dormir, las cabezas deben estar a dos metros de distancia.

En su caso no tienen problemas en los dormitorios porque son cabañas para pocos participantes, pero para otras casas supondrá un quebradero de cabeza.

Con todo, en el comedor tendrán que hacer turnos para poder mantener las distancias de seguridad. Contratarán una empresa especializada para hacer la desinfección de los espacios y luego doblarán el personal de limpieza.

También deberán instalar dispensadores de gel hidroalcohólico en todos los espacios. Ellos, adicionalmente, entregarán un dispensador individual a cada alumno. Igualmente les tocará comprar más material, especialmente deportivo, para que sea de uso individual de cada grupo.

En su empresa han decidido asumir los costes sin aumentar la matrícula. «Es momento de fidelizar a los clientes; ya sabemos que hay familias que no vendrán por miedo o por problemas económicos», relata.

Más necesarios que nunca

Las entidades del tercer sector, por su parte, ya están advirtiendo de que este año los campamentos tendrán una función social más importante que nunca. Montse Vall, licenciada en pedagogía y delegada en Tarragona de la Fundació Pere Tarrés, entidad sin ánimo de lucro, recuerda que si el confinamiento ha sido duro para todos, para los niños vulnerables lo ha sido todavía más.

Los educadores de la fundación, que durante la crisis han seguido acompañando a niños y familias en situaciones de riesgo social, se encuentran diariamente con situaciones difíciles: la pérdida o la precarización de los trabajos, lo que ha implicado una bajada de los recursos económicos para cubrir las necesidades de higiene y alimentación; la carencia de recursos materiales, informáticos o de conectividad para seguir la educación a distancia y problemas de convivencia familiar causados por el confinamiento en viviendas a menudo muy reducidas.

Todo esto ha supuesto un incremento de la carga emocional que ya soportan estos niños. «Los casales serán la oportunidad de volver a estar al aire libre, reencontrar la normalidad e incluso volver a rutinas que a todos nos ha costado mantener», explica.

La entidad también organiza casales y colonias en colaboración con organismos públicos, aunque por las condiciones excepcionales de este año, muchos todavía no han abierto inscripciones.

En la ciudad de Tarragona volverán a organizar el casal municipal, en el que un porcentaje de los participantes son remitidos por Serveis Socials y becados por el Ayuntamiento. También habrá niños becados por la propia fundación que este año ha vuelto a poner en marcha su campaña solidaria anual «Cap infant sense colònies» para buscar fondos con los que costear estas becas.

Eso sí, reconoce que hay una comisión en la fundación pensando en cómo serán las actividades teniendo en cuenta que habrá que mantener la distancia de dos metros, algo complicado con los niños pequeños que seguramente no habrán tenido la experiencia de estar en grupo con otros niños después de que se impusieran las medidas de distanciamiento social. «Tenemos claro que todo será diferente, pero no queremos renunciar a la diversión», dice.

Decididos a seguir

También está decidida a seguir con su casal de verano la Fundació Santa Maria de Siurana, que lo organiza en el mes de agosto, cuando tradicionalmente no hay más opciones. Se celebra en el Col·legi Sant Pau, que cede sus espacios.

Los niños que participan son derivados por Serveis Socials del Ayuntamiento de Tarragona y por Cáritas. Se trata, en la mayoría de los casos, de familias con vulnerabilidad económica o social. También acuden niños de centros tutelados por la Generalitat o hijos de víctimas de violencia de género.

En invierno ya habían iniciado una campaña para recaudar fondos para el casal, al que el año pasado acudieron 64 niños y quedaron muchos otros en lista de espera. Los responsables de la entidad aseguran que este año harán todo lo posible por que se celebre y pondrán de sus fondos para garantizar que siga.

Que bote el balón

Si todo va bien esta será la 36 edición del campus de verano de la Associació Deportiva Torreforta, ADT. El coordinador del campus los últimos cinco años, Marc Hernández, apunta que hay intención y ganas de que la actividad se repita, pero desde un principio han condicionado su realización a las normas que impongan las autoridades sanitarias y que se han ido actualizando. Otros clubes deportivos están en situación similar.

El campus, que tiene el baloncesto como centro, acoge a niños y adolescentes de Tarragona y alrededores, y tienen claro que los participantes no llegarán en la misma forma física de años anteriores, así que tocará ir recuperando progresivamente la actividad.

Desde un primer momento los más interesados en apuntarse fueron los grupos de niños más mayores y adolescentes que se han quedado sin entrenamientos y sin ver a los amigos de sus equipos todo este tiempo. En el caso de los más pequeños han notado que las familias tienen más miedo al contagio, en parte porque los niños luego pasarán el verano al cuidado de los abuelos.

En lo que se refiere a espacios, no han tenido problemas porque se celebra en las amplias instalaciones de la antigua universidad laboral. No obstante sí tendrán que contar con más personal y ampliar las plazas de transporte para poder guardar las distancias. Pese a todo han decidido no subir las cuotas y dan opciones a las familias de asistir con o sin comedor y transporte.

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