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Las escuelas de Ponent de Tarragona sacan pecho

Todos los centros educativos se volcaron en una feria de oficios tradicionales donde no faltaron ni las ‘bestias’ construidas por los propios alumnos

Norián Muñoz

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El punto festivo lo pusieron las bestias creadas por los propios alumnos. Los músicos que los acompañaron también eran estudiantes. FOTO: Lluís Milián

El punto festivo lo pusieron las bestias creadas por los propios alumnos. Los músicos que los acompañaron también eran estudiantes. FOTO: Lluís Milián

La mesa rebosa con una docena de bandejas llenas de apetitosos panes. «Los han hecho nuestras madres», reconoce orgullosa una niña. Además nos muestra unos carteles donde pueden leerse los nombres de los ingredientes en catalán, en castellano, en inglés y en árabe y se ofrece, si queremos, a explicarnos la receta del pan que más nos guste.

Es la parada de la  Escola Campclar, una de las diez que se instalaron ayer durante la mañana en la plaza delante de la Biblioteca Pública de Torreforta. 

Hasta 1.500 niños llegaron a reunirse en una feria sobre oficios tradicionales preparada por y para alumnos. Así, por ejemplo, Azahar, de la Escola Bonavista, cuenta cómo prepararon, en las clases de plástica, una auténtica lonja con pescados de distintas especies que tiene encantados a los alumnos más pequeños.

Además de panaderos y pescateros, también hay tintoreros, como Fátima, de la Escola Torreforta, que explica con todo detalle cómo pintó un trozo de tela con café. Y la lista sigue: a los niños de Riu Clar les tocó ser cocineros.

Justo de ese cole son dos niñas que reparten una pequeña encuesta a todo el que pasa. Es uno de esos tests de autoevaluación; si se contesta ‘no’ más de dos veces no se tienen buenos hábitos alimentarios, así que invitan a darle la vuelta al papelito donde hay indicaciones para comer bien.

Los propios niños son los encargados de demostrar todo lo que han investigado sobre sus respectivos oficios. También hay unas niñas haciendo jabón, vitralistas y papeleros. Estos últimos, de La Salle Torreforta, se ocupan además de explicar a sus compañeros la importancia de reciclar. De hecho, muchos de los objetos que han elaborado están hechos con papeles reutilizados.

Algo está claro, los más mayores están disfrutando enseñando su trabajo a los compañeros más pequeños.

Profes trabajando juntos

No es casualidad que la feria se monte en la plaza delante de la Biblioteca que, de hecho, es mucho más que un sitio donde ir a buscar o a leer libros: en la práctica funciona como centro de confluencia cultural y social de los barrios.

De hecho, la Biblioteca, por la que pasan más de 74.000 usuarios cada año, está pendiente de una ampliación que permitirá triplicar su espacio. 

La biblioteca es una de las organizadoras de la feria, junto al Pla Educatiu d’Entorn en el que participan el Ayuntamiento de Tarragona y la Generalitat.

Los alumnos de la Escola Torreforta pintaron telas. FOTO: Lluís Milián

Gracias al plan, por ejemplo, un grupo de maestras de las diferentes escuelas se reúnen periódicamente para montar iniciativas como ésta.
Los profesores especialistas de música de cada centro, por su parte, también se reúnen con el resto de los compañeros, en este caso para preparar toda la música de la fiesta. De hecho, los niños crearon una canción conjunta especialmente para la feria en la que cada una de las escuelas escribió la estrofa correspondiente a su oficio.

Bestias propias

El punto festivo lo pusieron los alumnos de los institutos Collblanc, Campclar, Torreforta, Joan XXIII y La Salle Torreforta, con bestias creadas por ellos y que protagonizaron un pasacalles por el barrio.

Un peculiar dragón con ojos luminosos encabezaba el cortejo, en el que había un bou, gigantes, cabezudos y hasta el Àliga (que emula a la de Tarragona) que creó un grupo de alumnos y padres de la Escola Els Angels.

Las figuras estaban acompañadas musicalmente de sus respectivos grupos, formados también por alumnos. Entre todos organizaron un pasacalles que recorrió calles y plazas del barrio.

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