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Las gaviotas se quedan en Tarragona

Medioambiente. Ya hay colonias de estas aves que crían y viven sin salir del municipio. Algunas vigilan los patios de escuela para comerse los restos de las meriendas

Norián Muñoz

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Gaviotas patiamarillas, la especie que ya puede considerarse de la ciudad. FOTO: fabián acidres

Gaviotas patiamarillas, la especie que ya puede considerarse de la ciudad. FOTO: fabián acidres

El vuelo de gaviotas suele evocar el mar, pero en Tarragona ya hace un tiempo que puede verse a estas aves por la ciudad, y no precisamente cerca de la playa. Un ejemplo claro es el grupo de más de un centenar que cada mañana se apuesta en el tejado de la Escola Cèsar August a ‘vigilar’ a los niños que salen a jugar al patio. Una vez los alumnos regresan a clases las gaviotas muestran a lo que han venido: en poco tiempo arrasan con los restos de las meriendas infantiles que quedan por el suelo y en las papeleras.

Lo curioso, explican desde el centro, es que cuando no ven movimiento, no se acercan. Lo comprobamos un fin de semana: el sábado, como había partido de fútbol, fueron a ‘cazar’ las sobras. El domingo, que la escuela estaba cerrada, no portaron por allí. Entre semana también se las puede ver comiendo los restos de bocadillos en el cercano Institut Martí i Franquès.

Fenómeno europeo

A Raül Aymí, ornitólogo del Institut Català d’Ornitologia (ICO), no le sorprende nada de lo que le contamos. Las gaviotas, especialmente las de la especie patiamarilla, que es la que se ha extendido por el centro de la ciudad, son muy hábiles y se han adaptado perfectamente a los medios urbanos donde pueden encontrar comida. Es un fenómeno, explica, que se está dando en diferentes ciudades de Europa.

Lo cierto, apunta, es que ya puede afirmarse que en la ciudad hay grupos de gaviotas que hacen su vida aquí. Nidifican y crían en tejados y pasan su día comiendo las sobras que dejan los humanos. Su vida, además, es relativamente larga y pueden llegar hasta los 20 años.  Aymí, que es de Tarragona, es el responsable de la oficina de anillamiento del ICO y de sus publicaciones en Tarragona y su relación con las gaviotas viene de largo. Desde 2009 lleva a cabo un estudio en el Zoo de Barcelona haciendo seguimiento. En nuestra ciudad también realiza observaciones con la colaboración del Port de Tarragona.

A pesar de que cada vez se ven más gaviotas tanto en el centro como en los barrios, desde el Ayuntamiento de Tarragona no consta que causen problemas. En lo que se refiere a aves, actualmente sólo consideran plaga y se realizan controles en palomas y estorninos. El vuelo de las gaviotas, no obstante, puede resultar intimidatorio. Son territoriales, así que si se da la circunstancia de que tengan el nido cerca hacen vuelos para espantar a los humanos. La escena más típica es la de la persona que sale a tender la ropa al balcón y la gaviota vuela muy cerca para amedrentarle. En algunos casos se pueden llegar a producir heridas por rozamiento.

En lo que se refiere a la salud, un estudio del Hospital Clinic encontró que las heces de las gaviotas patiamarillas pueden tener importantes concentraciones de la bacteria E.Coli.

Cazadoras de palomas

Otra de las situaciones que llama la atención es como algunas atacan a las palomas. La escena se ha dado varias veces, por ejemplo, en las inmediaciones de la Plaça Imperial Tarraco. En este sentido el experto apunta que no todas se dedican a esta labor de ‘caza’ pero a las que se les da bien sí tienen cierta especialización para atacar a pichones y palomas enfermas.

La situación de Barcelona

Una de las evidencias más claras de la adaptación de las gaviotas a la vida urbana es la que ha podido documentarse en Barcelona. Allí el ICO tiene unas jaulas ubicadas en el Zoo donde acuden diariamente a alimentarse y que usan para capturarlas y anillarlas para poderles hacer seguimiento.  La experiencia ha servido para identificar a especímenes que se anillaron cuando nacieron en el Zoo y que posteriormente han podido verse en Cariño (Galicia) o Llanes (Asturias).

Pero el seguimiento ha servido sobre todo para ver cómo las gaviotas marcadas allí se alimentan. Se las puede ver en diferentes vertederos tanto de Catalunya como de Valencia pero, sobre todo, haciendo sus propios itinerarios por la ciudad. Han aprendido a revisar papeleras, visitan los patios de las escuelas después del desayuno y tienen movimientos regulares, siempre a la misma hora, hacia el Parc de la Ciutadella, el Parc de Diagonal Mar y la zona portuaria.

Aymí explica que la situación de Tarragona no llega a estos extremos, pero no le extrañaría de aquí a unos años ver una situación similar.
Más allá de la abundante gaviota patiamarilla, en el Port de Tarragona pueden verse y, además nidifican, otras especies menos abundantes, como la protegida gaviota de Audouin, que llegó en el año 2013 y que hizo que se paralizaran temporalmente unas obras.

El control de la población de gaviotas no está planteado en Tarragona. En Terres de l’Ebre, en sitios donde han amenazado la reproducción de los flamencos, sí que se han tomado medidas. Por lo demás en la ciudad, explica el ornitólogo Raül Aymí, su expansión dependerá de la cantidad de alimento que tengan disponible.

Si lo que se quiere es saber más sobre estas aves, Aymí recomienda las actividades que el GPEC organiza periódicamente para salir a ver aves marinas. Se trata de especies que no siempre son fáciles de identificar. Los pollos por ejemplo, tienen un plumaje marrón y hasta los dos o tres años no se da el cambio al plumaje que las caracteriza.   

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