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Las goteras en el parking del Serrallo persisten en algunas plazas de coche

Hace aproximadamente un año, Lubasa traspasó el equipamiento a otra empresa, APK2. El titular es la Autoritat Portuària

Carla Pomerol

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Los conos naranjas y las garrafas de agua marcan que hay plazas no disponibles. FOTO: Alfredo González

Los conos naranjas y las garrafas de agua marcan que hay plazas no disponibles. FOTO: Alfredo González

Garrafas de plástico, cubos llenos de agua, carteles de «Plaza con gotera. No aparcar» y cintas de seguridad. Esta es la imagen del párking ubicado en el Moll de Costa, que se encuentra en mal estado. Al menos un 35% de las 405 plazas no está disponible. Así lo indican los conos de color naranja que impiden el aparcamiento, a causa de las filtraciones de agua. Además, cuando llueve, se forma una película de agua resbaladiza en el suelo. Algunos vecinos del barrio del Serrallo son abonados al párking. «Sufrimos mucho por nuestros coches, pero no tenemos garajes propios y, por lo tanto, no tenemos más remedio que dejarlos ahí», asegura un vecino.  

Hace aproximadamente un año, Lubasa traspasó el aparcamiento a la empresa APK2, quien tiene la concesión hasta 2033. Por su parte, la Autoritat Portuària sigue siendo la titular del equipamiento. Algunos vecinos se quejan del precio. Un minuto cuesta 0,0507 euros. Lo que es lo mismo, 3 euros la hora o 22 el día. A través de la página web parkimeter.cat se pueden comprar bonos y reservar plaza de párking a 36 euros dos días, o 150 un mes entero. 

Fuentes cercanas a la empresa concesionaria asegura que muchos de los usuarios se quejan del estado del equipamiento. Un ejemplo son Maria y Sònia, vecinas de Igualada. La semana pasada pasaron unos días en Salou, acompañando a sus hijas a un torneo de baloncesto. «Hemos venido a aparcar aquí y nos hemos quedado alucinadas con las goteras», explicaba Maria y Sònia, quienes añadían que «hemos pedido ir al lavabo y nos han dicho que no funciona. No es muy normal». 

Desde el día de la inauguración

Los problemas de este párking se remontan al mismo día en que se inauguró. Fue en 2006, cuando algunos residentes del barrio marinero alertaron del peligro que suponía construir un aparcamiento tan cerca del mar. Los usuarios denunciaron, desde un principio, las filtraciones que salpicaban a sus coches. Las manchas no se iban con agua y los vecinos se vieron obligados a pintar de nuevo sus vehículos. Lubasa, la empresa que entonces gestionaba el párking, investigó las causas. Se trataba de agua y cal del techo, una sustancia corrosiva que dañaba la carrocería. La empresa, finalmente, se hizo cargo de los destrozos.

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