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Las legiones toman el Camp de Mart

Talleres de joyas, sesiones de recreación con la participación de los ejércitos y la oportunidad aprender algunas de las maniobras básicas... El pie de la muralla vivió el trajín auténtico de un gran campamento.

Núria Riu

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Uno de los luchadores del grupo tarraconense Septimani Seniores, con los vivos colores de los escudos.

Uno de los luchadores del grupo tarraconense Septimani Seniores, con los vivos colores de los escudos. Pere Ferré

Un momento del espectáculo de títeres en los jardines del Camp de Mart.

Un momento del espectáculo de títeres en los jardines del Camp de Mart. Pere Ferré

El taller de mosaicos es otra de las actividades clásicas del festival Tarraco Viva.

El taller de mosaicos es otra de las actividades clásicas del festival Tarraco Viva. PERE FERRE

Marina, con la túnica oscura y el collar que, a pesar de ser música, le acreditaba como esclava.

Marina, con la túnica oscura y el collar que, a pesar de ser música, le acreditaba como esclava. PERE FERRE

A partir de ahora sois milites (soldados), por lo que quiero silencio y orden». Es una de las directrices que se escuchaban ayer en el recinto del Camp de Mart, un escenario que se despertó con el ajetreo propio de un campamento en plena campaña y, sin lugar a dudas, uno de los puntos álgidos era el puesto en el que el grupo de recreación histórica tarraconense Septimani Seniores instaló sus tiendas.

La formación fue la gran protagonista durante prácticamente todo el día. Y no tan solo porque ocupaba uno de los sitios centrales de este recinto, sino por la calidad de unos ropajes y el colorido de unos escudos que no dejaban a nadie indiferentes.Pero es que además este grupo contó ayer con unos soldados muy jóvenes. De hecho, jovencísimos, que son los que se inscribieron en un taller que les permitió conocer, tocar y probar las vestimentas que utilizó el ejército que consiguió uno de los mayores imperios de la historia.

Los jóvenes pasearon por un campamento como soldados del siglo V

Antes de adentrarse en el manejo de las armas propiamente dichas, los jóvenes pudieron pasear por un campamento como los de los soldados del siglo V. Allí les enseñaron los stilus, cañas y mapas que se utilizaban para diseñar las grandes batallas. Esto tan solo era el aperitivo de una actividad que ganó emoción a partir de que se equiparon con las túnicas, lanzas, escudos y cascos de resina, estos últimos recién estrenados, que les conferían el estatus de auténticos legionarios. Mientras los niños se preparaban para iniciar la marcha, el responsable de la formación aún tenía tiempo para explicar que la Septimani Seniores es una unidad que realmente existió y que, de hecho, el color de los pendones allí exhibidos se correspondía con los de hace más de 1.500 años.

En marcha
En fila, escute in fronte y empezaba una corta marcha para iniciar una batalla en la que los niños aprendieron algunas de las maniobras que en tantas batallas se pusieron en práctica. «Les explicamos lo más básico y tenemos que ir con cuidado –decía uno de los miembros del grupo–, porque si no, se animan». Y, de hecho, esto es lo que pasa en los mejores ejércitos.

Pero es que los jóvenes del bajo imperio aún estaban de vuelta saboreando el dulce placer de la victoria cuando a escasos metros de su campamento aparecían los soldados de Projecte Phoenix- Legio VII Gemina. Estos, inspirados en el alto imperio –del 27 a. de C. al 284 d.de C, por tanto con vestimentas más primitivas, en las que destacaba sobre todo el uso de pieles.

Los niños vestidos de legionarios en el Camp de Mart.

Y mientras estos iban iniciando las distintas prácticas militares, una decena de niños participaba en un taller para conocer algunos de los secretos de la moda romana.

¿Llevaban calzoncillos los romanos?
Jordi, el monitor de Polièdric serveis integrals, se dirigía a un grupo con una decena de niños a los que intentaba hacer comprender el aspecto que ofrecían los pobladores de Tarraco. También les introdujo en el código que se escondía detrás de cada una de las prendas que escogían antes de salir de casa. 
«No llevaban bambas Nike, sino sandalias. Tampoco sabían lo que eran los tejanos o el plástico. Los romanos utilizaban algodón, lino, lana y cuero», iba argumentando. Hasta que llegó una de las preguntas que, por la cara que pusieron, seguro que no se había planteado en la vida ninguno de los asistentes: «¿Llevaban calzoncillos los romanos?». Pues sí. 

Así pudo comprobarlo Oriol, que se estrenaba como conejillo de indias, mientras sus vestimentas poco a poco iban quedando escondidas por los calzoncillos, la toga blanca, el pañuelo con vivas cenefas de color vino y la corona de laurel. Unas prendas que eran todo un símbolo de estatus y que sin saberlo invistieron al emperador Oriol en pocos minutos.

La ropa era un símbolo de estatus, siendo el blanco reservado para los pudientes

Del color blanco de los pudientes al oscuro de la túnica de Mariona, una música que en la sociedad romana era considerada una esclava, o el rojo que se enfundó Lluc, un centurión que no cabía en sus pieles después de posar con las vestimentas que fueron la envidia de todos sus compañeros.

También para el negocio
Y mientras la variopinta familia romana iba enfundándose sus vestiduras, en la mesa de al lado seguía el taller de joyas. Con grandes dosis de paciencia, los pequeños iban dibujando lo que acabó convirtiéndose en una corona y que para muchos era el primer paso para una larga sesión. «Yo quiero hacerme unos pendientes», decía tímidamente Laura López, mientras su madre estaba más pendiente del hermano que, tras quedar excluido por demasiado pequeño, no pudo evitar la rabieta.

Pero el Camp de Mart no tan solo son juegos, lucha y títeres.También es un espacio para el negocio que aprovechan las empresas y destinos turísticos, mayoritariamente de carácter arqueológico, para dar a conocer sus singularidades.

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