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Las mafias de la ocupación venden pisos por 1.500 euros en Tarragona

Entran en casas vacías de bancos y las ofrecen. Gente desesperada acepta. «Pago mil euros por una llave», dice una familia en El Vendrell

Raúl Cosano

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Precinto judicial en una puerta reventada esta semana por ocupas en Vila-seca. Fueron detenidos ‘in fraganti’. FOTO: dt

Precinto judicial en una puerta reventada esta semana por ocupas en Vila-seca. Fueron detenidos ‘in fraganti’. FOTO: dt

«Compro llave de casa de ocupa. Pago 1.000 euros. Me urge»
El reclamo es directo y se ve en un simple y rápido rastreo en internet: «Hola, compro llave de casa de ocupa. Somos una pareja con dos hijos en Coma-ruga o alrededor de Calafell. Propiedad de banco. Pago 1.000 euros y un poco más. Me urge. Anuncio serio». 
La chica reconoce, al otro lado del teléfono, la situación: «Pagamos 700 euros de alquiler. Se nos acaba el contrato ahora. Queremos uno más barato pero hasta que no nos salga, queremos irnos de ocupas, aunque también buscamos por inmobiliaria desde hace tiempo. Todo está muy caro». Buscan, aunque sea temporalmente, un piso de banco vacío, cuyo acceso puedan comprar o al menos, conseguir mediante un alquiler, pagado a un intermediario, siempre en negro, por supuesto. 

«Busco piso de ocupa en Reus por algún precio aceptable»
Es otro ejemplo de las barbaridades inmobiliarias actuales, al amparo del mercadeo de casa vacías, generalmente de entidades financieras. Proliferan anuncios como este: «Busco piso de ocupa en Reus por algún precio aceptable, urgente, aunque sea pequeño. Es sólo para mí. Tengo 22 años». El portal Milanuncios está repleto de este tipo de ofertas, algunas de ellas en la provincia. 

Un alquiler, siempre en negro, de 200 euros o una venta por 1.500
Por tanto, el interés por vecinos desesperados por tener un techo existe, así que también la otra parte, la que suministra estas viviendas, saca tajada. Ya no se trata de una ocupación por necesidad. Ahora intervienen intermediarios, cazadores de pisos vacíos, que son bandas organizadas o buscadores solitarios que ofertan un lugar barato en el que vivir durante al menos dos años, el tiempo en que suele demorarse una sentencia para ejecutar un desahucio. 

Los precios son variables, pero se sitúan entre los 200 y los 300 euros de alquiler, siempre abonados en negro, o los 1.500 por entregar las llaves de forma definitiva. Cada caso es un mundo. Es el colmo del delirio inmobiliario más oscuro y directamente sumido en el delito: pagar a terceros una cantidad por vivir en un piso que pertenece al banco.  

Esperar a que se muera el que vive dentro para ocupar al día siguiente
Eduardo Navas, presidente de la Asociación de Vecinos Primer de Maig de Mas Pellicer, en Reus, ha sido testigo de algunas situaciones extremas: «Están muy atentos. Hace un mes se murió la mujer que vivía en un piso y al día siguiente se metieron». 
La práctica está difundida en otros barrios, porque el control de los que ocupan es exhaustivo. Dan vueltas por la zona, se fijan en un piso que no tiene ropa colgada o que no presenta movimiento. A veces se dan el aviso entre ocupas. Los que están en un piso cercano se enteran de que otro ha quedado libre y actúan con rapidez. 
 
Sorprendidos ‘in fraganti’ en una ocupación en Vila-seca
Las autoridades ya reconocen estas prácticas en Tarragona. La policía local ha detenido esta semana en Vila-seca a dos personas que se dedican a localizar viviendas de bancos vacías, cambiar las cerraduras, conectar la red de agua y luz de forma fraudulenta y alquilar o vender las llaves al mejor postor. Se trata de un hombre de 39 años y de su sobrino, de 20, viejos conovidos de la Polícia Local y Mossos d’Esquadra. Fueron sorprendidos por los vecinos una vez entraron en el inmueble y detenidos poco después. 

Los 50 vecinos que vigilan en Reus y el grupo de WhatsApp
La labor de vigilancia está en marcha y es en buena parte vecinal. En Reus incluso han habilitado un grupo de WhatsApp para dar la voz de alerta cuando hay sospechosos merodeando. Miembros de la Associació de Veïns L’Harmonia del Carme están comunicados permanentemente para dar aviso a Mossos si es preciso. «Nos avisamos entre nosotros. A veces hemos acabado llamando a la autoridad. El otro día estuvimos hasta la una y media de la mañana para evitar una ocupación», explica Josep Machado, el presidente. A eso se añade un trabajo concienzudo de patrullaje. Los 25 vecinos que integran la junta directiva, junto con otros tantos delegados, cubren las 47 calles del barrio. 

No queda ahí la labor altruista y desinteresada de la asociación. También se encargan de tapiar las casas vacías susceptibles de que sean usurpadas por los ocupas. Ya tienen prevista algunas operaciones de este tipo. La propia entidad contrata a paletas y costea la intervención. Todo ello se debate previamente en reuniones de juntas y asambleas con centenares de vecinos, donde la ocupación es un tema principal. 

El Serrallo, el punto caliente de Tarragona
En Tarragona, el centro neurálgico del problema reside en El Serrallo. En los últimos tres años los pisos ocupados no han parado de aumentar y los vecinos aseguran que se trata de un grupo de personas «muy bien organizadas» que se encargan de entrar en viviendas y, en algunos casos, alquilarlas por 200 o 300 euros. 
La circunstancia conlleva otros problemas, como el aumento de la sensación de inseguridad e incivismo en el barrio marinero, las peleas y la venta de droga. Nada que no pase en las zona periféricas de poblaciones como El Vendrell o Reus. Los vecinos exigen una mayora presencia policial. 

La picaresca: vivir por la cara en el piso vacío para evitar ocupas
Tal es el temor a la ocupación que en algunas zonas que este desmadre inmobiliario ha generado la picaresca. Otro ejemplo visto en la red: «Soy un hombre de Tarragona de 36 años, responsable. Puedo vivir en tu piso para protegerlo de posibles ocupaciones. Mantendría el piso limpio y ordenado. Sólo Tarragona ciudad». 

«Regalo el piso porque tiene ocupas dentro»
La desesperación de los propietarios es la otra derivada del fenómeno, y no solo por tener que convivir con ocupas en el mismo vecindario, con las molestias y los problemas de incivismo que ello conlleva. «Regalo piso en el centro de Tarragona. No sé cómo estará por dentro, lleva cinco años ocupado y nadie hace nada. Hay denuncia y está en manos de abogados». Y continúa el anuncio, muestra de la desesperación por la ocupación: «Por temas de trabajo no puedo pagar hipoteca, faltan 12 años por pagar 440 euros al mes. Antes que se lo quede el banco y la mala persona que hay dentro, prefiero cederlo». 

Un promotor: «Les di 500 euros para que se fueran»
Otra consecuencia de este fenómeno que crece en las catacumbas de la economía sumergida. Un promotor inmobiliario, harto de los ocupas en uno de sus inmuebles, ha llegado a negociar con ellos para que se marcharan. «Una vez les di 500 euros para que se fueran. Me salía más barato que emprender el proceso judicial». 
Se han conocido ocupaciones en lugares como Tarragona y Salou que se han convertido en un calvario judicial para su dueño, a basa de amenazas, sentencias y recursos. En ocasiones, se llegan a prolongar más de tres años.  

Desalojan y ocupan tres días después
Un piso ocupado en la calle Comte de Rius de Tarragona. Sentencia de desahucio un viernes. El martes a medio día se presenta el administrador del propietario para enseñar el piso a unos nuevos inquilinos. Al llegar encuentra un agujero donde estaba la cerradura y la puerta con una nueva. Hay gente dentro. El inquilino desahuciado era conocido de los nuevos ocupantes y les había facilitado la información y estos entraron en la vivienda. No hubo forma rápida de sacarles. Se tuvo que interponer un nuevo juicio de lanzamiento que se alargó meses. 

Más puertas ‘antiocupas’ y más seguridad privada
No sólo las empresas que fabrican puertas contra ocupaciones han aumentado su volumen de negocio. También hay particulares que venden este tipo de sistemas de seguridad –generalmente, de segunda mano– y lo ofertan en diversos portales de internet. Por otra parte, compañías dedicadas al sector de la seguridad privada y especializadas en el control de acceso también ofrecen servicios ‘antiocupas’. Han notado un repunte de solicitudes con el incremento de este fenómeno. 

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