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Las mascarillas, la nueva moda que llega a Tarragona

Personalizadas, estampadas… cada vez hay de más tipos y la sociedad ya las empieza a considerar con naturalidad como parte de su día a día. Ansi y Marta son dos modistas que hacen posible lucir mascarillas customizadas

Juanfran Moreno

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Otro ejemplo de mascarilla personalizada. FOTO: F.A.

Otro ejemplo de mascarilla personalizada. FOTO: F.A.

La rosa de Reus en forma de mascarilla. FOTO: Fabian Acidres

La rosa de Reus en forma de mascarilla. FOTO: Fabian Acidres

Una pareja posa con sus mascarillas. FOTO: Fabian Acidres

Una pareja posa con sus mascarillas. FOTO: Fabian Acidres

Una mascarilla con estampado de rosas.  FOTO: Fabian Acidres

Una mascarilla con estampado de rosas. FOTO: Fabian Acidres

Una mascarilla de lo más llamativa por sus colores.  FOTO: F.A.

Una mascarilla de lo más llamativa por sus colores. FOTO: F.A.

Los niños también lucen sus mascarillas personalizadas.  FOTO:F.A.

Los niños también lucen sus mascarillas personalizadas. FOTO:F.A.

Los estampados de flores están a la orden del día.  FOTO: Fabian Acidres

Los estampados de flores están a la orden del día. FOTO: Fabian Acidres

Las dos mascarillas más usuales: quirúrgicas y personalizadas.  FOTO: F.A.

Las dos mascarillas más usuales: quirúrgicas y personalizadas. FOTO: F.A.

Personalizarse las mascarillas es una moda que ha irrumpido con fuerza. Cada vez son más los complementos de este tipo que se ven personalizados entre los ciudadanos a pie de calle. Lejos quedan ya esos primeros días de coronavirus en el que las mascarillas quirúrgicas de color azul nos invadían. La gente ha aprovechado la oportunidad para lucir un complemento que actúa como protector, pero que también puede servir como complemento de moda. Las hay ya de todo tipo y esta moda sirve para afrontar con más optimismo y autoestima una nueva normalidad que cada vez está más cerca de implantarse de manera definitiva. 

El 4 de mayo, Ansi abrió su centro de estética Calia en l’Hospitalet de L’Infant después de dos meses de confinamiento absoluto. Para protegerse llevó una mascarilla personalizada que se había hecho. Para su sorpresa, los clientes y clientas comenzaron a preguntar de dónde la había sacado. Aquello fue el embrión al boom que llegaría durante los siguientes días. «Llevo ya hechas unas 130 mascarillas y entre hoy y mañana tengo que hacer 21. Todo ha sido muy rápido», comenta la impulsora. 

El boca-oreja ha sido la clave para un «boom tan rápido». También aprovechó su cuenta de Instagram, pero no cree que esto haya sido clave: «Esa cuenta ya la tenía antes en la que subía otras cosas, pero no tengo muchos seguidores, tengo más en mi cuenta personal. Ha sido más el boca-oreja lo que me ha permitido tener un reclamo tan alto».

Ansi lamenta no haber tenido antes la idea, sobre todo durante el confinamiento, cuando el tiempo del que disponía era mayor que ahora. «No paro de trabajar durante todo el día. Por la mañana y por la tarde estoy en el centro estético y luego por la noche me pongo a pintar mascarillas hasta las 02.00 de la mañana. Estoy tantas horas dibujando sobre ellas que hasta estoy cogida de la espalda», explica la artista. Lo cierto es que la vena artística siempre ha estado presente en Ansi. Pintar sobre tela no era algo nuevo para ella y por eso el reto no ha resultado complicado: «Siempre se me ha dado bien dibujar. Pinto paredes, camisetas, espardenyas, barriguitas de embarazadas…». 

Ella se ha convertido en otro ejemplo de esas personas que aprovechan los tiempos complicados. No buscan excusas, sino oportunidades: «En tiempos de crisis hay que aprovechar la creatividad de las personas». 

El proceso de producción de las mascarillas tiene lo suyo, aunque Ansi cuenta con una aliada: «Yo me dedico a pintar las mascarillas y mi hermana las cose. Más o menos hago una mascarilla por hora». Los diseños que ha tenido que pintar son muy variados, aunque hay algunos que se repiten: «Me piden muchas mascarillas con banderas, escudos, nombres…». Otras mascarillas le permiten sacar su vena más creativa: «Hay otros clientes que me dan una serie de ideas y a partir de ahí yo creo. Por ejemplo, me dicen que le gusta el color azul y las estrellas».

Como no podría ser de otra manera, también hay encargos que le han llamado la atención y que recuerda: «Me han pedido una mascarilla de un torero matando a un toro, que no me gusta, pero lo respeto, ya que es el gusto del cliente, y también me impactó una que me pidió un cliente en la que tenía que plasmar un cuadro que le había pintado su padre».

Por último, no teme el hecho de que las grandes marcas ya estén comenzando a anunciar la venta de mascarillas. «Al final es como todo, se tienen que subir al carro ya que para ellos también es una oportunidad de negocio. Ellos harán precios más baratos porque el proceso de producción es mucho más rápido. Pero yo creo que tenemos que apoyar al pequeño comercio y encima son mascarillas caseras», concluye Ansi. 

Marta estaba en el paro antes de comenzar el confinamiento. Modista de profesión, vio el auge de las mascarillas como una oportunidad, aunque al principio todo nació sin buscarlo: «Soy modista de profesión y le hice mascarillas personalizadas a mi madre, a mis hijos, a mis amigos… Luego empezó el boca a oreja y ha sido un no parar», explica la modista.

Aquello fue el embrión de una demanda que ha crecido con el paso de los días. «Llevaré hechas unas 80 mascarillas. Voy haciendo cuando puedo porque tengo que cuidar a dos niños (ríe). Coso por la mañana, cuando están durmiendo, a la hora de la siesta y por la noche. Hay días que hago 10 y otras que solo puedo hacer una, depende», relata. 

Para Marta este boom de las mascarillas se debe a que «la gente, ya que tiene que llevarlas, pues busca llevar algo diferente». Respecto a las demandas, hay de todo tipo de estampados, aunque a ella le ha sorprendido que haya adultos que se hayan decantado por mascarillas muy originales: «Ha habido personas mayores que me han pedido mascarillas que en teoría eran de un estampado para niños».

Sobre la amenaza que se cierne sobre ella por la entrada en este mercado de las grandes marcas, Marta se muestra muy crítica, aunque no sorprendida: «Es evidente que si comienzan a vender mascarillas nos va a castigar, pero eso ya lo dábamos por hecho. Es una lucha perdida». 

A lo que añade: «La gente se tiene que acordar de que hemos sido las modistas desde casa las que hemos cosido mascarillas durante el confinamiento. En ese momento las grandes marcas no estaban». 

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