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Las obras del Anillo Mediterráneo revitalizan los bares de Campclar

Los 300 trabajadores de las obras de los Juegos han traído mucha más actividad a los negocios de hostelería del barrio tarraconense. Algunos restaurantes han doblado los ingresos |

Esther Garrido

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Verónica Gómez, camarera de Can La Jose, sirviendo algunos platos a obreros. Foto: Pere ferré

Verónica Gómez, camarera de Can La Jose, sirviendo algunos platos a obreros. Foto: Pere ferré

Las obras de los Juegos Mediterráneos de 2018 revitalizan su área de influencia. Un buen ejemplo es el impacto económico en los bares y restaurantes del barrio de Campclar. Los cerca de 300 trabajadores del Anillo Mediterráneo concurren los establecimientos de hostelería, aumentando considerablemente su actividad y sus ingresos. A pesar de que muchos operarios prefieren comer en la propia obra, trayéndose su fiambrera a un bungalow adaptado a tal fin, otros tantos deciden aprovechar su hora de comida en salir a tomar un menú a precios asequibles.

Uno de los restaurantes que más ha notado el impacto generado ha sido Can La Jose, situado justo enfrente de una de las salidas de las obras. El establecimiento abrió hace cinco meses, una vez empezados ya los trabajos, pero este hecho no tiene nada de casual. La propietaria, María José Ramírez, asegura que se hizo con el restaurante «con vista» a los trabajadores que lo podían frecuentar. Y acertó. Según asegura, su local «siempre está lleno» y es tal la concurrencia de obreros por el lugar que ya les ha cogido cariño, porque son «clientes fijos».

Estos comensales fijos se benefician de dos cosas. Por una parte, la cercanía del restaurante a su puesto de trabajo, y por otra, que disponen de un menú de precio especial para ellos. Por 9 euros cuentan con entrante, bebida, postre y distintos platos calientes a elegir, como verdura, arroz, rape, bistec, sopa de pescado con almejas o churrasco.


Adaptarse a la clientela
Ramírez explica con alegría que sus clientes «han engordado» desde que van a comer allí, además de asegurar que siempre les servirá comida casera. Orgullosa, dice «no tener competencia» ya que afirma que la mayoría van a su local, no sólo obreros, sino también electricistas, encofradores, encargados y otros profesionales. Gracias a ellos, asegura, se ha creado «mucho ambiente en la zona» y se siente «muy feliz» con los ingresos que genera.

Le gusta trabajar, así que está contenta por ambas partes. El ir y venir de trabajadores se ha dado poco a poco. Al principio empezaron con unos ocho, pero ahora hay unos 40 obreros cada día en su local que desayunan o comen. La propietaria se ha amoldado de tal modo al horario de los trabajadores, que incluso abre sólo los días que ellos trabajan, cerrando el domingo, al contrario de la mayoría de locales hosteleros. Ramírez no pierde la alegría. Ella prevé que el número de clientes siga aumentando, y que «tengan mucho más trabajo en el futuro» del que ya tienen. Y es que, según asegura, los alimentos del restaurante son de consumo diario, que «nunca tira nada», lo que, en su opinión, se nota. Que la comida siempre sea del día y en todo momento abundante, «platos de trabajadores» como ella los lladefine como uno de los detalles más importantes de su incipiente éxito empresarial. El abanico de personas que llena el local es muy internacional.


‘Y los de aquí están en el paro’
Hay gente de Alicante, de Madrid, de Sant Carles de la Ràpita, pero también muchos portugueses. Y este es un punto de discusión en otro de los restaurantes que los obreros frecuentan, en el bar Aquí Te Espero. José Luís Prades, cliente habitual y presidente de su comunidad, se queja abiertamente en el local de la presencia de portugueses en las obras. En opinión de Prades, «ellos están trabajando y los de aquí están en el paro», situación que encuentra injusta y demuestra con ademanes de desaprobación.

Pero eso no es problema para el dueño, Ambrosio Galindo, quien también ha notado «un aumento de la clientela», la cual va a almorzar y comer. A pesar de ello, reconoce que al principio de las obras había más gente en su restaurante, y que este hecho tal vez se deba a que es un lugar más destinado a tapeo y bocadillos, y que no cuentan con menú. Según afirma Galindo, «algunos se traen la comida y sólo piden la bebida», elemento que no genera demasiados ingresos extra.

Otro restaurante que disfruta del aumento de clientela es La Cantonada. El dueño, May, afirma rotundamente que trabajan «casi el doble que antes». En el establecimiento almuerzan unas 15 personas y van a comer unas 50. ¿Qué se les ofrece? Ellos, como en el caso de Can La Jose, también tienen menú especial para trabajadores. El menú para el público en general es de 10 euros, pero para los obreros cuesta sólo 7, un precio muy atractivo. Esto les incluye un plato completo a elegir, bebida, postre y café.

Hablando con los obreros, se descubre un elemento importante que les hace escoger por salir a comer fuera. Los gastos de comida van a cargo de la empresa, hecho que explica por qué algunos comen todos los días en el restaurante, porque si no «no nos lo podríamos permitir». Entre los que no comen en las obras, muchos afirman que su local favorito es Can La Jose, tanto por la cercanía como por la calidad de los platos. Los clientes confirman el relato de la dueña, cuando afirmaba que los obreros visitaban el local todos los días.

Uno de ellos es Andreu Rosich. Explica que no come nunca en la obra y que «casi todos los compañeros van allí». Es un cliente relativamente reciente, ya que frecuenta el local desde hace dos meses. «A las dos esto está lleno», asegura Rosich.


Paga la empresa
Los compañeros Toni y Dani, de Figueres, son nuevos clientes que apenas llevan dos semanas acudiendo al restaurante, recalcan los mismos aspectos que los demás. Que es el local que está más cerca, que es la empresa quien cubre los gastos. Además, Dani dice que «si tuviera que pagármelo de mi bolsillo no vendría». Los encargados de obra Rafael Sande y Manuel acuden al local desde hace cuatro meses, prácticamente desde que Can La Jose abrió. Repiten los argumentos de cercanía y costes pagados ya mencionados, pero además afirman que «nosotros siempre estamos aquí porque comemos bien y nos tratan estupendamente». Así que son buenos tiempos para los locales de Campclar.

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