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Las obras del Circo de Tarragona no convencen a los defensores del patrimonio

Tampoco ven con buenos ojos el proyecto de la estructura metálica prevista para el Teatro romano

Carla Pomerol

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Se instalará una sábana plegada que recuperará el perfil original de las graderías en tres de las seis vueltas existentes y que será accesible desde la misma plaza.

Se instalará una sábana plegada que recuperará el perfil original de las graderías en tres de las seis vueltas existentes y que será accesible desde la misma plaza.

Aquellos que defienden el patrimonio de la ciudad no están convencidos con las obras de reconstrucción del Circo y del Teatro romano, que se están llevando a cabo desde hace unas semanas. Creen que son obras con un gran impacto visual y que serán irreversibles. Por eso, la Reial Societat Arqueològica Tarraconense, entidad que defiende el patrimonio arqueológico de la ciudad, pide a las administraciones pensar bien las actuaciones y planificarlas a largo plazo.

Después de casi 40 años, el Teatro romano, el monumento más olvidado de la Tarraco Romana, se está rehabilitando, con la intención de convertir el monumento en un museo. Paralelamente, las graderías del Circo romano, situadas en la Plaça dels Sedassos, recuperarán su perfil original y se habilitaran unas gradas integradas en la misma plaza, para poder ver conciertos y espectáculos. En un principio, arqueólogos y entidades vieron bien estas intervenciones, pero a medida que los proyectos han ido avanzando, no se muestran cien por cien convencidos.

Las obras de remodelación del Circo romano han suscitado diversidad de opiniones. «Ya se sabe, esto de la arqueología es muy subjetivo y opinable», explica Rafael Gabriel. Se sospecha que la intención del consistorio es utilizar las graderías del Circo romano, situadas en la Plaça dels Sedassos, como plataforma para poder ver conciertos y espectáculos durante las fiestas. «Está muy bien hacer restituciones volumétricas que ayuden a comprender cómo eran los edificios, pero de aquí a hacer el monumento accesible y a darle una nueva utilidad, no me parece bien», explica Rafael Gabriel, presidente honorario de la ReialSocietat Arqueològica Tarraconense (RSAT), entidad que se encarga de defender el patrimonio arqueológico. Además, Gabriel asegura que «no tiene sentido hacer una gradería en esta plaza. Si ahora, los vecinos tienen dificultades para dormir, imaginaos qué pasará luego».

Óscar Martín, secretario de la RSAT, destaca el gran impacto visual que tendrá esta nueva construcción con ladrillos. «El consistorio quiere potenciar el aspecto más funcional de las graderías, en detrimento de la esencia del monumento», asegura Martín, quien añade que «creemos que el color tendrá un impacto tremendo, que no se integrará en la plaza. Seria necesario buscar un color más neutro». A partir de ahora, el objetivo ya no será visitar el monumento, será acomodarse para ver espectáculos.

Rafael Gabriel justifica este tipo de actuaciones a que «algunos diseñadores de la ciudad no son suficientemente respetuosos con el patrimonio, porque son muy aficionados en dejar su huella en las reconstrucciones. Y esto va en detrimento del monumento».

El teatro

«Me gustó saber que se empezaba a hacer algo en el Teatro romano, pero cuando me enteré que, durante las excavaciones, se encontraron restos anteriores a la construcción del Teatro, pensaba que se reconsideraría el proyecto. Pero no ha sido así. La cosa sigue igual», explica Rafael Gabriel, presidente honorario de la RSAT, quien añade que «no se pueden hacer los fundamentos de la estructura de hierro sin tener en cuenta los restos republicanos y portuarios encontrados recientemente». Según Gabriel, «aquí, en Tarragona, hemos hecho muchas cosas de este estilo, como por ejemplo, en el mismo Mercat Central, donde, durante las excavaciones, se encontraron restos romanos en la calle Reding, pero como se trataba de la entrada del nuevo aparcamiento del Mercat, nadie dijo nada. Se tapó y nunca más se supo».

La idea de las obras de reconstrucción del Teatro romano es simular volumétricamente unos tramos de las graderías a través de unos elementos metálicos. «Será un nido de palomas y de gaviotas», prevén desde la RSAT. «No sabemos cómo puede afectar esto a los restos arqueológicos», comenta Óscar Martín, secretario de la RSAT.

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