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Las pantallas de la EMT se olvidan de las personas ciegas

Un recorrido con una persona invidente descubre lo que funciona y lo que no en el transporte público, desde paradas inaccesibles a conductores que se esmeran en ayudar

Norian Muñoz

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Aleix Marcoval junto a una parada, usa el bastón para orientarse. FOTOs: Alba Mariné

Aleix Marcoval junto a una parada, usa el bastón para orientarse. FOTOs: Alba Mariné

Aleix Marcoval tiene 21 años, estudia Educación Social en la URV, toca la trompeta en la orquesta de la universidad y es ciego. Quedamos con él en la parada de Països Catalans para acompañarlo en un recorrido en autobús.

De entrada no tiene dificultad para llegar hasta su parada porque la técnica de la ONCE que le enseña los recorridos le ayudó a aprenderse el camino. No obstante, para alguien como él, que usa el bastón para ‘leer’ en el suelo los elementos que se encuentran en la acera, habría sido muy difícil encontrar el camino a la parada sin ayuda externa, porque en el pavimento no hay nada que se lo indique.

Resulta más fácil entenderlo si se piensa, por ejemplo, en cómo están señalizados, en teoría, los pasos de peatones. Hay una serie de baldosas con listones colocadas en fila que encaminan hasta el cruce. Una vez en el cruce propiamente dicho, el mismo está señalizado con unas baldosas de botones. 

Lo primero: encontrar la parada

El problema es que, en general, en las paradas de autobuses que recorremos no hay ningún tipo de baldosa en el pavimento que indique que allí hay una parada. 
En el caso que nos ocupa se trata de una parada con marquesina, una estructura voluminosa que puede identificar con el bastón. Peor lo tiene en el caso de las paradas en las que hay un poste con la banderola (como en la imagen). El riesgo es que, si sólo hay un poste, la persona ciega no es capaz de prever el volumen que habrá arriba y puede chocar. En muchos casos ya han comenzado a colocarse también palos a los lados para advertirlo.

Lo segundo: dar con el autobús

Una vez en la parada, el reto es dar con el autobús de la línea que se quiere coger. Aleix se ha descargado la aplicación de móvil de la EMT y cuenta que le funciona bien. Busca la parada en cuestión y el móvil le ‘canta’ los horarios.

No obstante, si se tratara de alguien con cierta visión el asunto sería distinto. Después del recorrido con Aleix hablamos con Maria del Mar Velardíez. Ella tiene retinosis pigmentaria y un 10% de visión. En su caso, los horarios que están colocados en las paradas no le son de ayuda porque la letra es pequeña hasta para la lupa que usa. También ha escuchado a personas mayores quejarse. Si no es una parada que conoce, tiene que esperar a que llegue alguien para que le diga cuándo viene el autobús.

Esta cartelera de buses interurbanos tampoco emite señales acústicas. Foto: Alba Mariné

En teoría, cuando los autobuses llegan a la parada, deben abrir sus puertas y emitir una señal sonora en la que se dice el número de la línea y la dirección. Hacemos la prueba en una parada concurrida, la de la calle Colom, cerca del Mercat. Y el resultado es desigual, no en todos los casos la señal funciona.

Y aquí viene la gran queja de las personas ciegas con las que hablamos. La EMT comenzó a colocar en verano pasado una serie de pantallas digitales que avisan cuáles serán los próximos autobuses en pasar y la hora. «Y a nosotros no nos han tenido en cuenta. Es una pena que hayan invertido en tecnología y no sea accesible», reflexiona Maria del Mar.

La empresa dice que las pantallas ahora no emiten sonido por temas técnicos, pero lo harán

Aleix recuerda que en su parada habitual también han colocado uno de estos paneles «y no me sirve de nada». Lo hace mientras nos enseña el llavero con un mando que tiene dos botones. Con uno puede activar la señal acústica de los semáforos y con el otro, en ciudades como Barcelona, el botón sirve para que la pantalla le indique el autobús que viene y cuánto tardará. Aquí no.

Lo tercero: dónde bajar

Cuando ya se está en el autobús el siguiente reto es ser capaz de seguir el recorrido. En la mayoría de los casos la pantalla que indica la próxima parada y el aviso por voz funcionan, pero también encontramos algunas líneas en las están estropeados. 
También hay casos, explica Aleix, en que el problema es que el autobús va tan lleno que la señal no se escucha. En este sentido cabe destacar la dedicación de los conductores. Relata que la atención es muy buena y suelen estar pendientes de ellos y preguntarles dónde tienen que bajar.

Y a la hora de bajar, comentan los consultados, habría que garantizar que las paradas estuvieran libres de obstáculos. Ponen el ejemplo de la de Prat de la Riba, rodeada de mobiliario urbano y árboles, y una de la Rambla Nova que da a un escalón.

Lo cuarto: recargar la tarjeta

En realidad, el viaje con Aleix tenía como destino la estación de autobuses porque quería renovar su tarjeta. La buena noticia es que la pavimentación de la Plaça Imperial Tarraco está muy bien y puede llegar sin inconvenientes hasta la estación, que también está señalizada en el suelo. La mala noticia es que al llegar a la estación el suelo se vuelve liso y ya no hay más referencias. Hay que preguntar y que le acompañen hasta la oficina donde al final consigue renovar el título.

Aleix cree, además, que estaría muy bien que, cuando pasa su tarjeta por el lector en el autobús, le indicara cuántos viajes le quedan. Ahora no lo sabe.

Quinto: la estación es la jungla

Hasta aquí estamos en territorio de la Empresa Municipal de Transports de Tarragona, EMT. Pero le proponemos a Aleix el ejercicio de ir más allá. ¿Qué tiene que hacer para ir a su casa en La Sénia?

La entrada a la estación sí que está bien señalizada en el pavimento. Foto: Alba Mariné

Cuenta que la situación del transporte interurbano es claramente peor para una persona ciega. Él suele memorizar los horarios de internet de la línea que usa. Comprar los billetes es otra odisea; hay que recordar dónde está la ventanilla en cuestión.  No tiene manera de llegar autónomamente al andén correspondiente. Aquí, por supuesto, tampoco le sirve de nada la enorme pantalla que anuncia las llegadas y las salidas porque no tiene voz. Una vez en el autobús todo depende de que el conductor grite, a viva voz, las paradas.

Pendientes de mejorar

Cuando le explicamos un resumen del recorrido a la concejal Begoña Floria, presidenta de la EMT, reconoce que se ha avanzado en accesibilidad, pero todavía quedan muchas cosas por hacer.

En lo que se refiere a la gran queja –las pantallas digitales–, Floria explica que ha habido problemas técnicos y todavía no están programadas correctamente, pero sí que está previsto que emitan señales acústicas. Prometió, además, que las que se instalen de aquí en adelante, en los próximos dos años, sí que comenzarán a emitir las señales desde el primer momento «está en el pliego de condiciones», señaló.
En lo que se refiere a las paradas de banderola, indicó que la empresa ya ha ido colocando dos pies a los lados de estas paradas para que las personas que van con bastón sí puedan prever el volumen que tienen –en nuestro recorrido todavía quedaban paradas por señalizar–.

Sobre los autobuses en los que no funciona el avisador acústico, apuntó que las incidencias siempre se miran de resolver, aunque los fallos los achacó a los años que tienen los vehículos «por eso se renueva la flota».

Finalmente, aseguró que están en una mesa de trabajo con la ONCE, y la accesibilidad es una preocupación constante de la EMT. En este sentido señaló: «Somos una de las primeras empresas de la provincia en aplicar códigos internacionales de lectura fácil. En los autobuses hay vinilos con pictogramas que no sólo ayudan a las personas con problemas de visión, sino  a las personas con autismo o dificultades en la compresión lectora», recordó.

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