Las playas de Tarragona llenas... de problemas

El colapso por la falta de aparcamientos, la suciedad, las barreras arquitectónicas y la 
falta de respeto son algunos de los escollos que ensombrecen la costa de Tarragona

Agnès Llorens Altimís

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El parking de la Platja Llarga, lleno de vehículos. Foto: Fabián Acidres

El parking de la Platja Llarga, lleno de vehículos. Foto: Fabián Acidres

«Aparcar es, cada vez más, un suplicio. Venimos antes de las nueve de la mañana para poder encontrar sitio», se lamenta Paquita. Ella y su marido, Albert, son usuarios de la Platja Llarga desde siempre y cada vez tienen más problemas para poder disfrutar de este espacio, a causa de las dificultades para aparcar en una playa que, durante los últimos años, ha visto menguar el número de plazas de aparcamiento. Ellos se conforman con modificar sus horarios. «Antes veníamos más a mediodía, pero decidimos que era mejor aprovechar la primera hora de la mañana para encontrar un lugar donde dejar el coche», explica Paquita, que añade que, dado que vienen de fuera de la ciudad, el turismo se convierte en su medio de transporte habitual para disfrutar del mar.

Los problemas de estacionamiento son una de las pequeñas piedras que ensombrecen la oferta de playas de la ciudad de Tarragona, una de las destinaciones preferidas de los tarraconenses y visitantes que, durante estas semanas, se convierten en barrios vivos, llenos de diversidad, en los que surgen problemas de convivencia que reclaman solución.

En la Platja Llarga, la dificultad para aparcar es un problema que no es nuevo, pero que se agudizó a partir de 2016, cuando el consistorio municipal delimitó y prohibió el estacionamiento en las dunas y en el antiguo humedal, ubicado en el centro de la playa más larga de la ciudad. Desde entonces, y a pesar que se ha intentado resolver esta situación por varias vías, los problemas para dejar el vehículo son una realidad en las horas puntas del día y en fines de semana de verano. «Aparcar es una auténtica odisea», se lamenta otra de las usuarias de la playa, Consuelo, que explica que «muchas personas optan por aparcar en urbanizaciones cercanas y las colapsan completamente y ahora, en agosto, es realmente difícil encontrar sitio en horas punta».

El hecho que los usuarios hayan lidiado los problemas de estacionamiento aparcando en zonas como Cala Romana o Solimar es un hecho que denuncian también las asociaciones de vecinos. «Los ciudadanos optan por aparcar en las urbanizaciones cercanas en playas como la Llarga y, a mediodía, están literalmente colapsadas, un hecho que dificulta la calidad de vida de los vecinos que viven en ellas», apunta la presidenta de la Federació de Veïns de Llevant, Gemma Fusté, que lamenta que «esta situación tenga repercusiones en la vida de los ciudadanos que todo el año viven cerca de la playa.

Desde el Ayuntamiento se conoce esta situación que, desde hace varios veranos, es una constante en Tarragona y que tiene en la Platja Llarga su principal punto caliente. «Somos conscientes que es una situación que tenemos que resolver cuanto antes y esperamos que el próximo verano ya podamos contar con alternativas que sirvan para superar esta dificultad», explica el responsable municipal de Urbanismo y portavoz municipal, Xavier Puig, que detalla que la solución para poder aparcar en la Platja Llarga tiene que permitir que se conserven las zonas de interés natural, al mismo tiempo que aseguren el estacionamiento para aquellas persones que vienen de fuera de Tarragona, principalmente. Según Puig, la soluciones que se plantean para solventar este problema pasan por aumentar la frecuencia del transporte público, buscar nuevas plazas de parking e impulsar un carril bici que una la zona de Llevant, para fomentar la llegada a la playa a pie o en bicicleta.

Sustos en el agua

Durante las últimas semanas, los ahogamientos en playas de la demarcación y la ciudad de Tarragona han sido noticia y motivo de preocupación. En lo que llevamos de temporada, las olas se han cobrado la vida de 12 bañistas en las comarcas de Tarragona −dos de ellos en la capital− en un verano marcado por las banderas amarillas y rojas. «A partir de las siete de la tarde ya no hay servicios de socorrismo y, en pleno mes de agosto, las playas todavía están llenas de gente», explica la representante de la Federació de Veïns de Llevant, Gemma Fusté, una opinión que comparte plenamente el presidente de l’Associació de Veïns de La Móra, Francesc Garcia, que apunta que «sobretodo en días de bandera roja, sería necesario que la vigilancia se alargara».

El portavoz municipal, Xavier Puig, sostiene que «el horario de los socorristas es el mismo que en otras localidades costeras cercanas y los principales problemas de ahogamientos que se han vivido en Tarragona se han producido en plena noche». A pesar de esto, Puig admite que «es importante que podamos revisar como ofrecer un mejor servicio a los ciudadanos, que puede pasar por alargar el calendario que los horarios», explica, al tiempo que añade que «es importante que la ciudadanía sea consciente que los recursos son limitados y de la necesidad de responsabilizarse de uno mismo».

Suciedad y deshechos

El portavoz municipal alude a la responsabilidad personal en una área espinosa como la de la limpieza, que durante los últimos meses ha copado gran parte de la actualidad local y que es especialmente sensible en el área de las playas. «Sabemos que hay que actuar en muchos puntos de la ciudad, pero también tenemos que los ciudadanos tengan consciencia y que se vayan de la playa llevándose los residuos que puedan generar». No siempre sucede así. Una mañana de domingo de agosto, el área de merendero de la Platja dels Capellans, en Cala Romana, aparece llena de restos de suciedad y plástico. Botellas, restos de envases de supermercado de comida, toallitas de limpieza y otros restos forman un decorado que aparece escondido a primera vista.

A pesar de ello, son muchas las familias que optan por disfrutar de esta pequeña playa, a pesar que no cuenta con los mejores accesos para personas con dificultades de movilidad. «Venimos cada año, como mínimo con toda la familia. Nos encanta venir», explica Lorena, al tiempo que apunta que «está muy bien poder disponer de una zona a la sombra para comer, pero es realmente difícil subir con las ruedas del cochecito para los niños». Cerca de ella, Antoni se lamenta que los lavabos públicos se encuentren ubicados casi en la carretera, a pleno sol. «Hay veces que no se puede entrar de lo sucios que están y la temperatura es realmente difícil de aguantar», explica.

La suciedad también hace acto de presencia en playas como Cala Tamarit, ubicada al lado del termino municipal de la localidad vecina de Altafulla, una playa que vive desde hace años con los deshechos de botellas de los botellones de la noche anterior. «Es un problema que no es siempre igual y que varía. En años anteriores nos habíamos visto obligados a convivir con restos de botellas y de botellones de la noche anterior», explican Laura y Angel, usuarios habituales.

Al marcharnos, volvemos a observar algunos restos de botellas y de latas que se esconden, como piedras en el paraíso, en los alrededores en los que se alza el Castell de Tamarit.

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