Más de Tarragona

Las residencias de Tarragona, de foco Covid a los hogares más seguros

Las residencias vuelven poco a poco a la normalidad al llegar a la inmunidad de grupo. Atrás quedan meses duros en los que perder el contacto con las familias ha sido lo más traumático

JOAN MORALES

Whatsapp
Las actividades han tenido que readaptarse con grupos pequeños. Foto: Fabián Acidres

Las actividades han tenido que readaptarse con grupos pequeños. Foto: Fabián Acidres

Las residencias de ancianos han pasado de ser los espacios más afectados por la pandemia -especialmente durante las dos primeras olas- a uno de los lugares más seguros y los primeros que han logrado la tan deseada inmunidad de grupo gracias a la vacunación. Hasta que ésta empezó a inocularse, precisamente entre los residentes y trabajadores, el número de fallecimientos en estos centros representaba entre el 30% y el 40% del total. Ahora es el 15%.

La reducción de contagios y de muertes ha permitido que las residencias hayan empezado a recuperar, muy lentamente, la normalidad previa al inicio de la pandemia. Eso sí, con mucha cautela y manteniendo siempre todas las medidas de protección necesarias.

Un ejemplo lo encontramos e la residencia STS Misericòrdia de Reus, un centro con capacidad para 148 residentes y que actualmente cuenta con 130. Después de salvarse de la primera ola, la segunda le cogió de lleno, con una gran afectación en usuarios y trabajadores. Sheila Mateu, directora del centro, explica al Diari que «cuando nos llegó la segunda ola reforzamos mucho todo el personal, tanto de enfermería, como de auxiliares y médicos. Esto nos permitió evitar que el brote fuese todavía mucho peor».

Una usuaria de la residencia STS Misericòrdia, junto a una fisioterapeuta. FOTO: F.A.

La residencia STS Misericòrdia empieza a recuperar poco a poco la normalidad. Atrás quedan aquellas primeras semanas de confinamiento, en marzo de 2020, donde lo que más afectó a los usuarios fue «perder el contacto con sus familiares. Fue lo más traumático», recuerda la directora, quien añade que «en nuestro centro siempre hemos tenido libertad de horarios para que las familias puedan ver a los internos y fue un shock para todos».

Un año sin salir

Carla Villa, educadora social y coordinadora Covid durante el brote que vivió la residencia, incide en que «los residentes han estado un año sin poder salir a la calle. En cambio, desde hace un mes ya pueden hacerlo con visitas programadas». Las visitas de los familiares también se han recuperado, aunque solo se pueden hacer en la recepción de la residencia o mediante un paseo por los alrededores de la misma.

Está claro que la vacunación ha representado un antes y un después en las residencias de ancianos de nuestro país. Sheila Mateu reconoce que «la vacunación ha sido el punto de inflexión. Ha sido una bocanada de aire fresco para todos. Vemos que el decaimiento y la tristeza de antes ha cambiado por unos residentes más animados, y también lo vemos en las familias. Nos costará mucho llegar a la normalidad total de antes de la pandemia, pero es importante valorar los pequeños avances que estamos consiguiendo. Aunque con mucha prudencia, somos algo más permisivos. Por ejemplo, los paseos con las familias los hemos alargado hasta una hora».

No obstante, la directora del centro deja claro que «aunque estamos todos vacunados, las medidas de seguridad siguen vigentes y hacemos mucha pedagogía para recordarlo».

Roser Martí, de 92 años, lleva dos meses en la residencia STS Misericòrdia. FOTO: F.A.

Capacidad de resistencia

Irene Martínez, fisioterapeuta del centro, pone en valor «la capacidad de resistencia que han tenido nuestros residentes en los peores momentos. Ha sido increíble. Es una generación que ha sufrido mucho a lo largo de su vida y tienen una gran capacidad de sacrificio. Tienen claro cuál es el objetivo y hacen lo que sea para volver a la normalidad. Nos han dado una lección brutal y debemos aprender de ellos, que son los más débiles».

Además, y por si fuera poco, los ancianos aún han tenido tiempo para preocuparse por las personas que los estaban cuidando. «Confían mucho en nosotros y también se preocupan por cómo estamos. Nos preguntan si hemos descansado, si estamos bien, etc.», añade Carla Villa.

Las actividades del centro nunca se han dejado de hacer, aunque tuvieron que adaptarse y pasar por el filtro de la Covid. «Tuvimos que reducir los grupos y se dejaron de usar las zonas comunes. Ahora se han mejorado y perfeccionado el desarrollo de estas actividades», explica Carla Villa.

Así, los residentes del centro pueden realizar sin problema la gimnasia, la rehabilitación individual, las actividades psicológicas como la estimulación cognitiva o el taller de emociones, o las sociales como el bingo, la lectura de diarios o la audición de música, «todas ellas, siempre adaptadas a las medidas de seguridad y pasadas por el filtro que nos obliga la pandemia», recalca la educadora social Carla Villa, quien añade que «intentamos hacer el máximo de actividades posibles. Además, al ser grupos reducidos puedes acotar las preferencias de cada grupo y hacer actividades más a la carta».

Estar activo y ser positivo

Para los usuarios de las residencias de ancianos ha habido un antes y un después con la vacunación contra la Covid-19. No obstante, y a tenor de los testimonios consultados por el Diari en su visita a la residencia STS Misericòrdia de Reus, una de las claves para llevar mejor todo lo que está pasando es intentar ser una persona activa y positiva. Dos ejemplos los podemos encontrar en Francisca Ros y Roser Martí, dos usuarias de este centro.

La primera, de 87 años de edad, lleva cuatro en la residencia donde reconoce sentirse «muy a gusto. De aquí no quiero salir». Francisca, quien no tiene hijos pero sí cuatro sobrinos, reconoce que durante el año que no han podido salir del centro «hemos sufrido un poco por el hecho de tener que estar encerrados. Pero en cuanto he podido he salido al jardín. Soy una persona muy activa y no paro. Lo peor llevo es no poder ver a mi hermana. Vivía en Reus y antes de la pandemia nos veíamos cada tarde para pasear. Pero se ha ido a vivir con su hija y la echo de menos».

Roser Martí cumplirá 92 años en junio y lleva en la residencia tan solo dos meses, desde febrero. Explica que «cogí la Covid en casa, en Riudecanyes, y me ingresaron tres semanas en el hospital. Después entré en la residencia», donde asegura que está «bien», aunque reconoce que «por las tardes me pongo un poco triste porque echo de menos a la familia». Eso sí, le encanta «hacer multiplicaciones, porque me permite tener la mente activa».

Temas

Comentarios

Lea También