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Laura Plaza: «La gente de Lamu siempre responde con un ‘hakuna matata’»

Nuestra gente. Pediatra

JAVIER DÍAZ

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Laura con dos niñas en su consulta en el hospital de Lamu (Kenia), donde hace una estancia. FOTO: DT

Laura con dos niñas en su consulta en el hospital de Lamu (Kenia), donde hace una estancia. FOTO: DT

En las calles de la isla de Lamu, en el noreste de Kenia, no hay coches. El medio de transporte habitual es el burro y, en casos contados, la moto. «La vida aquí es austera y humilde. En algunas zonas hay mucha pobreza: no hay alcantarillado, muchas familias no tienen electricidad ni agua potable en sus casas... Hay otras zonas turísticas donde las condiciones mejoran, pero solo unos pocos pueden acceder», cuenta Laura Plaza. La pediatra tarraconense, de 28 años, se trasladó en julio a este paraíso keniata, donde el tiempo va a cámara lenta, para trabajar en un hospital creado por la Fundación Pablo Hortsmann en 2007. Estará allí hasta la semana que viene, como parte de su formación como médico residente de último año del Sant Joan de Déu de Barcelona.

«El hospital en el que estoy es muy pequeño y modesto. Tenemos capacidad para diez pacientes ingresados y tres consultas. Los recursos son limitados, tenemos un laboratorio donde se pueden hacer analíticas básicas de sangre, orina y heces, pero no podemos hacer pruebas de imagen ni análisis más concretos», explica Plaza, que se graduó en Medicina por la Universitat Rovira i Virgili. El centro dispone de una farmacia con poca variedad de medicamentos, «así que tenemos que ir adaptando los tratamientos a lo que tenemos. Tampoco hay soporte de cuidados intensivos para pacientes más graves. Comparado con el Sant Joan de Déu, la diferencia es abismal».

Plaza pasa consulta a niños y niñas que acuden por alguna urgencia o que padecen enfermedades crónicas y van a hacerse revisiones. Son desde bebés recién nacidos a jóvenes de 18 años. «Los problemas más frecuentes que me encuentro son la malnutrición y enfermedades contagiosas, como parasitos intestinales, sarna, tuberculosis, sida, dengue... También vemos infecciones respiratorias leves, como en nuestro país», comenta.

El trato con los pacientes y sus familias es muy cercano. «Su gentileza hace que sea muy fácil llevarse bien con ellos. Los niños te saludan por la calle y te dan mucho cariño, y esto hace que la experiencia sea muy agradable. Te sientes como en casa», reconoce. «Lo que más me gusta de la gente de aquí es su amabilidad, siempre están sonrientes, dispuestos a ayudarte y acogerte en sus casas. También su carácter pacífico y relajado, siempre responden con un hakuna matata, que significa no hay problema, o pole pole, que es poco a poco».

Lamu es uno de los asentamientos swahili más antiguos de África. Su idioma es el kisawhili. «La gente cada día me enseña alguna palabra nueva y es realmente gracioso cuando quieres decir una cosa y sin querer dices otra». Ella también les enseña a chapurrear palabras en español. Su padre aún se emociona cuando ve el vídeo en el que ella y varios niños del orfanato donde se aloja le cantaron Cumpleaños feliz el 9 de septiembre. «Nos divertimos mucho grabándolo. Hicimos varias tomas», recuerda Laura.

La joven pediatra trata de aportar «su granito de arena» a una población con muy pocos medios. «Quiero contribuir a mejorar la salud de los niños y que el hospital siga creciendo. Pero, a la vez, también busco formarme sobre enfermedades tropicales, que hoy en día no se ven en nuestro país, y poder conocer cómo se trabaja en un país de baja renta. Es una relación de reciprocidad, que se está cumpliendo», asegura.

Pasa su tiempo libre haciendo turismo, paseando por la calles para ver cómo viven las personas autóctonas, va al mercado a por fruta... «Estoy descubriendo lugares preciosos, playas paradisiacas y los mejores atardeceres que he visto nunca. También aprovecho para descansar, leer y compartir tiempo con el resto de cooperantes, que, sin duda, son un gran apoyo», sostiene.

Su estancia allí se acaba en breve. En unos días volverá a su vida entre Barcelona y Tarragona. «Me va a dar mucha pena irme. Echaré de menos el estilo de vida de aquí, más pausado, y también a muchas personas maravillosas que he conocido y que me han hecho sentir una más en Lamu», concluye.

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