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Libros a la cabeza del pelotón

Los últimos años hemos vivido un boom de la literatura ciclista, que tiene un representante en Tarragona

Iñaki Delaurens

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Ilustración: Thinkstock

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«Tú me ves negro y lúgubre ahora, pero yo soy el sol. Yo era el sol de los pelotones, el calor y la generosidad, la luz que daba vida y emoción a las carreras. Yo era todo eso, yo era el ciclismo que amaba la gente. Y después una nube negra de tormenta cubrió el cielo».

El ciclismo siempre ha estado envuelto de esa aura con la que se escriben las leyendas y narran las historias más emocionantes. La batalla, la superación, la caída, la odisea, el héroe o el antagonista. Cuenta con elementos para explicar aventuras inverosímiles en la ficción y en la realidad. Sin duda, el deporte más literario. 

En los últimos años hemos asistido al nacimiento de editoriales y proliferación de libros sobre ciclismo. Desde encontrar un vacío en el mercado literario hasta sobreabastecer las librerías, ha habido una evolución ascendente que aún debe regularse. 

Uno de los precursores de editoriales sobre ciclismo es Bernat López, que en 2012 impulsó la firma Cultura Ciclista. Ubicado en Senan, el sello ya ha publicado una veintena de libros, empujado por el amor de Bernat a este deporte: «Cuando empecé, se publicaba algún libro esporádico, pero en el mercado mainstream no había libros sobre ciclismo. Soy aficionado y tengo amigos que también los son, por lo que constaté una demanda que no estaba siendo cubierta». 

En Francia, Italia, Alemania y Reino Unido hay mucha oferta de literatura ciclista, sobre todo en el país galo. Fue la cuna del ciclismo de carretera a finales del siglo XIX y desde los años 50 del siglo XX han existido editoriales ciclistas. En España, pese a ser un país de tradición ciclista y una primera espada mundial, existía un mercado desierto, que en los últimos años se ha ido inundando. 

«Ahora hay superabundancia de libros, con novedades continuas. Esto se normalizará y se pondrá en su sitio cuando se equilibren la oferta y la demanda», analiza Bernat.

Aparte de Cultura Ciclista, encontramos la editorial y librería online Libros de Ruta, de Eneko Garate, o el sello La Biciteca, de Manu Irón, que ahora mismo está en un parón. Otras firmas también incluyen libros ciclistas en sus amplios catálogos: Gallo Nero ha apostado por las tres grandes vueltas; Contra, por historias personales como Jacques Anquetil, Charly Wegelius o David Millar; y Al Poste, por campeones españoles. 

«Los aficionados estamos de enhorabuena, pero el mercado está saturado –continúa Bernat–. No tenemos el mismo hábito de lectura que anglosajones o nórdicos. Aquí la compra de libros se centra en Sant Jordi o Navidad. Además, el aficionado al ciclismo o al deporte no suele tener una gran afición a la lectura. Nuestro target es reducido y ahora está saturado».

Bernat fue uno de los pioneros en España. Creó un proyecto de cero para desarrollar una marca, siete años después, conocida en todo el país. «Tenía algo de bagaje, ya que uno de mis primeros empleos fue en una editorial pequeña, pero tuve que aprender más cosas», narra el editor, que añade: «Lo más complicado fue acceder a la distribución. Sin un mayorista es difícil llegar a las librerías. Es una barrera para las editoriales porque los mayoristas buscan un flujo de libros y que se vendan bien».

Escritores

Este crecimiento se debe en parte a la inquietud de autores, periodistas en muchos casos, por escribir sobre ciclismo. En Cultura Ciclista, más allá de las traducciones que realiza el propio Bernat, cuenta con plumas de la talla de Carlos Arribas, Sergi López-Egea, Ainara Hernando o Ibán Vega. Títulos más literarios como Ocaña de Arribas, citado al inicio de este artículo, o periodísticos como los Cuentos del Tour de López-Egea, Por amor al ciclismo de Ainara o Secundario de lujo de Ibán. 

Las otras editoriales también tienen a sus currantes. Entre los más literarios encontramos a Marcos Pereda y Ander Izagirre. Este último no sólo narra historias ciclistas; con Pirenaica alimenta la crónica sobre la bici, siguiendo la idea de Gabriel Pernau por Cuba y la Ruta de la Seda en los 90. En el apartado periodístico destacan Álvaro Calleja, Juanma Muraday, Jon Rivas, Ignacio G. Iglesias, Óscar Cudeiro, Víctor Manuel Robledo y Juanfran de la Cruz.

«Los libros de una calidad literaria superior tienen más largo recorrido en el mercado, mientras que los periodísticos cuentan con una vida comercial más corta. Los literarios transcienden a su momento. Un ejemplo es Mañana salimos de Jean Bobet, que habla del ciclismo de los años 50», valora Bernat. 

Bernat López, en el Campus Catalunya de la URV, donde ejerce de profesor, con sus últimos libros. Foto: Pere Ferré

Cultura Ciclista, de Senan a toda España

En 2012 el director del Departament d’Estudis de Comunicació y profesor de Periodismo de la URV Bernat López decidió arrancar el proyecto de la editorial Cultura Ciclista. La firma ya ha publicado una veintena de libros. Como editor ha tenido un comportamiento modesto, publicando entre dos y seis libros por año. «Cifras razonables para llevarlo sin estresarme demasiado», explica Bernat.

Este año ha publicado un libro de colección, La estela de Miguel en 101 imágenes sobre la figura de Induráin, obra de Carlos Tigero, y Estilo Purito, acerca de Joaquim Rodríguez, escrito por Iban Vega. De cara al 2019 está preparando un libro sobre el gran Eddy Merckx con Carlos Arribas, otro amplio de fotografías históricas de la Vuelta y uno sobre el Mundial de Alejandro Valverde, que escribirá Ainara Hernando.

El deporte como tema literario

En sus crónicas de boxeo en los años 20, Hemingway ya demostró el potencial del deporte como material literario. Cuenta con una serie de valores que hacen que sea atractivo al periodismo y la literatura: el heroísmo, el azar, la épica, la derrota, la grandeza, la miseria, el drama o la tragedia. Al ciclismo se le añade otro factor que lo destaca de los demás deportes, el viaje. Es itinerante, no se detiene, no se repite y hay más imponderables que en los deportes cerrados, como el clima o sorpresas en el camino.

El ciclismo literario tiene un largo recorrido en otros países. En Francia encontramos Les mémoires de Terront, en castellano bajo el título Inventando el ciclismo, de 1893. Es la biografía de Charles Terront, vencedor de la primera París-Brest-París en 1891 tras recorrer 1.200 kilómetros en casi tres días. La hazaña le convirtió en héroe nacional y uno de los primeros campeones de la historia. Una muestra que el ciclismo ya tenía un interés literario hace 125 años.

Ayudaron a consolidar el género los artículos del Tour de los 50 y 60 de Antoine Blondin, cronista de L’Équipe, y los de Dino Buzzati sobre el Giro en el Corriere della sera. En España dos de los primeros fueron Javier García Sánchez con El Alpe d’Huez e Induráin, una pasión templada y Juan Osés con sus biografías. 

El vencedor de la primera edición de la Vuelta, Gustaaf Deloor, entonces maillot naranja, trabajaría en el proyecto Apolo de la primera misión tripulada a la luna, seguido de Mariano Cañardo, que estuvo exiliado en Francia durante la Guerra Civil. La rivalidad-amistad entre Gino Bartali y Fausto Coppi, uno salvó la vida de centenares de judíos en la Segunda Guerra Mundial, el otro era el foco de los paparazzi. La obsesión de Luis Ocaña con vencer a Eddy Merckx, el mejor de todos los tiempos. Historias para escribir libros a la cabeza del pelotón.

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