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Limosna por una bicicleta robada

Un alemán de 52 años pide dinero en la calle desde hace cinco meses para poder proseguir su viaje

Jordi Cabré

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Jorg confía en trabajar en la temporada estival, pero hasta entonces subsiste con las ayudas de la gente. Foto: J.C

Jorg confía en trabajar en la temporada estival, pero hasta entonces subsiste con las ayudas de la gente. Foto: J.C

Jorg mira impasible el ir y venir de la gente por la avenida Roma. Esta es una de las muchas calles de Tarragona que conoce hasta el último detalle desde hace cinco meses. Su estancia no es por placer. Sólo debía ser una etapa más en su camino hacia el norte, pero surgió un desafortunado contratiempo.

Ocurría en la pasada Nochebuena. Jorg había encontrado habitación en una pensión de la calle Unió para descansar tras su llegada a la ciudad. Dejó su bicicleta atada con candado en el portal de esta vivienda y se fue a descansar. Por la mañana, Papá Noel no le había traído regalo. Todo lo contrario, alguien le había robado el único medio de transporte que utilizaba desde hacía unos 13 meses y que le ha permitido sumar hasta 31.000 kilómetros por toda Europa –a una media de 80 km por día–. Jorg no denuncio el robo a la Guàrdia Urbana. Lo admite. Desde que pide limosna en la calle los uniformados no son sus mejores aliados. Con la falta de su bicicleta, se quedó sin ir a los Alpes y con ello sin la posibilidad de trabajar en las estaciones de esquí de ese país.

«Me quitaron la bicicleta y con ello las posibilidades de viajar y trabajar durante los meses de invierno», reconoce este alemán de 52 años, que ya no tiene los ahorros de su último trabajo.

«Estoy atado a esta ciudad desde hace cinco meses. No tengo dinero y difícilmente puedo comer. Lo explica y lo suscribe en el cartón que tiene frente a sus pies. «No encuentro trabajo y empiezo a estar desesperado», admite este alemán, quien asegura que en su país de origen no tiene nada ni nadie que le espere. En la pensión donde duerme hace trabajillos a cambio de una cama. El resto de necesidades básicas depende de la solidaridad de los tarraconenses.

Desde primera hora de la mañana, Jorg sale en busca de comida o de alguna limosna que le permita comprar una bici de segunda mano. Reconoce que la solidaridad va en las personas, pero que mucha gente pasa por delante sin aminorar la marcha y sin intención de conocer por qué pide dinero. A diferencia de la mayoría de los que piden limosna, Jorg sólo quiere trabajar y comprar una bicicleta suficientemente potente para poder cargar sus alforjas –35 kilos pesa todo su material– y seguir recorriendo mundo y trabajar allá donde pueda.

Hace unos meses le pasó algo similar a lo de Tarragona. En Alicante le robaron una bicicleta y tuvo que comprarse otra. «Acababa de trabajar en la temporada de verano y aún me quedaba algo de dinero para poder continuar», reconoce. En otro cartón tiene dibujado un mapa de Europa con sus recorridos. Ahora su particular itinerario se ha visto frenado en Tarragona.

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