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Llegan los pequeños embajadores

La Associació d'Amigues i Amics del Poble Sahraui a Tarragona organiza 'Vacances en Pau' para difundir la causa del Sáhara Occidental, un pueblo ocupado que lleva 40 años en el exilio forzado

Natàlia Queralt

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Este es el segundo año que Molud pasa el verano con Uri y Bea en Tarragona.  Foto:Cedida

Este es el segundo año que Molud pasa el verano con Uri y Bea en Tarragona. Foto:Cedida

«El otro día hicimos pizza para cenar y le pregunté si en su casa la había comido alguna vez. Tendrías que haberle visto la cara, Molud me miró entre extrañado y cabreado», explica Bea. «¡En Tindouf también tenemos pizzas!».

Molud llegó a finales de junio juntamente con una treintena de niños saharauis de entre siete y catorce años. Después de un largo viaje de dos días, dejaron atrás los 50 grados de los campamentos de refugiados de Tindouf, en el oeste de Argelia, y aterrizaron en el aeropuerto de El Prat para pasar el verano con distintas familias de acogida en el Camp de Tarragona.

Esta no es la primera vez que Molud vuela en avión. La primera fue el año pasado, cuando llegó a Tarragona con 10 años y una pequeña mochila vacía de esas de ir al colegio. Su familia de acogida eran Bea y Uri, una pareja de jóvenes tarraconenses que le esperaban en casa para pasar todo el verano juntos. «Parece que esto de acoger a un niño tenga que ver con tener hijos, pero nosotros a Molud nos lo tomamos como un hermano pequeño». Este año repiten.

Iniciativa consolidada

‘Vacances en Pau’ es el programa que organiza la Associació d’Amigues i Amics del Poble Sahraui, para dar una oportunidad a los menores que viven en el campamento de refugiados de Tindouf de conocer un paisaje diferente a las haimas donde duermen.

Alba Benedicto es la presidenta de Hammada, la Associació d’Amigues i Amics del Poble Sahraui a Tarragona, que organiza ‘Vacances en Pau’ desde el año 2006. Alba se refiere a los niños saharauis como «pequeños embajadores», ya que son una forma también de difundir la causa del Sáhara Occidental. Un pueblo que lleva más de 40 años en el exilio forzado esperando, desde entonces, la celebración de un referéndum que reconozca el derecho de autodeterminación de un pueblo que fue primero colonia española y después ocupado por Marruecos.

No se trata únicamente de un programa para fomentar la difusión del problema político. Los niños pasan diversas revisiones médicas cuando se encuentran aquí, probablemente los únicos controles sanitarios a los que se somenten durante todo el año.

Por un lado, algunas entidades privadas como clínicas dentales, ópticas y consultas pediátricas se ofrecen para hacer revisiones gratuitas. Por el otro, está el convenio con el Servei Català de la Salut, que da cobertura sanitaria a los pequeños embajadores mientras pasan el verano en el país.

La adaptación

«El año pasado el proceso de adaptación fue duro», explica Bea, que con Uri decidió participar en el programa Vacances en Pau, porque tenían una amiga en común muy comprometida con la causa saharaui. «Imagínate que con diez años dejas a tu familia durante dos meses para plantarte en un país completamente distinto donde, además, no conoces el idioma». Los niños tienen serias dificultades con el idioma cuando llegan aquí.

«Al principio Molud se dejaba los grifos y las luces abiertas porque su casa se encuentra en medio del desierto». Bea cuenta también que los semáforos eran un peligro, porque el campamento no está ni señalizado ni asfaltado y debían estar constantemente pendientes. «El año pasado Molud solía cruzar la calle estuviera en rojo o en verde».

Este año todo ha sido mucho más fácil. Pasan los fines de semana en la montaña, las tardes en la piscina y Molud le coge el móvil a Bea para hablar por WhatsApp con su hermana mayor que se encuentra pasando el verano con una familia de acogida en Navarra.

«Cuando llama a sus padres le cuenta lo que hemos hecho durante el día», explica Uri, que reconoce que el proceso de adaptación del año pasado no fue fácil y opina que «si hay personas interesadas en acoger, deben tenerlo claro y ser conscientes de las dificultades iniciales, pero también de la experiencia tan positiva y satisfactoria que representa». Bea y Uri esperan pasar los veranos con Molud hasta que este cumpla los 14 años. Esta es la edad máxima para participar en el programa. La familia de Molud ya les ha invitado a visitar Tindouf para conocerles, cosa que tienen pendiente en cuando tengan disponibilidad para viajar. 

La vuelta a casa

Ambos explican que les han preguntado muchas veces si no les parece cruel que Molud pase el verano con ellos y después tenga que volver a Tindouf. «Molud ya tenía ganas de regresar a casa a finales del verano pasado. ¿O es que los niños cuando se van de campamento no echan de menos a su familia? Nosotros creemos que es mejor contribuir que no hacer nada». A la vuelta Molud cambió la mochila vacía de ir al colegio por una maleta grande llena de ropa, comida, juguetes y regalos útiles para su familia. Además de una gran experiencia que este año vuelve a repetir.

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