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Lo que Alejandro se llevó

El exportavoz del PP se ha marchado a Barcelona y eso, por lo visto, complica de algún modo el último proyecto para el Banco de España. Que alguien me explique por qué

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El Banco de España: 3.000 metros cuadrados inutilizados en plena Rambla Nova. FOTO: LLU�S MILI�N

El Banco de España: 3.000 metros cuadrados inutilizados en plena Rambla Nova. FOTO: LLU�S MILI�N

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‘Lo peor de la marcha de Alejandro es este proyecto», decía el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, en la entrevista que le hizo Octavi Saumell y que publicamos el pasado domingo. Se refería al Banco de España, y venía a decir –o eso entiendo yo– que al haberse marchado al Parlament el hasta hace poco concejal encargado del proyecto, éste se ha truncado. O retrasado. O algo. Algo malo, claro: si no, ¿por qué iba a hablar el alcalde de «lo peor»?

La frase pasó algo desapercibida, y no les culpo, porque la entrevista dejaba tantos titulares que era imposible cazarlos todos («Si noto el cariño de la gente, me volveré a presentar»), pero analizada con frialdad, me dejó atónito: ¿de modo que la marcha de Alejandro complica el proyecto del Banco de España? ¿De verdad? ¿Por qué? ¿Se ha llevado Alejandro los papeles a Barcelona y no consiguen localizarle? ¿Tan personalísimo era el plan que no puede continuarlo otro? ¿O es que en realidad sólo le gustaba a Alejandro y aprovechando que se marcha lo enterramos?

Tiene su mérito. Lo del Banco de España, digo. Cada vez que parece que hay luz al final del túnel, cada vez que se vislumbra una solución, somos tan hábiles que siempre encontramos un pero, un contratiempo, una excusa para volver al inicio.

En febrero va a hacer ya dos años (¡dos!) que el Ayuntamiento, las químicas, la URV y alguno más firmaron un convenio para que ese edificio de 3.000 metros cuadrados situado en la Rambla Nova, que lleva vacío desde 2003, se convirtiera en museo de la química. Y ya entonces la sensación era que el proyecto llegaba tarde, que tomar una decisión había costado demasiado y que la idea, aunque discutible, por lo menos era algo. Era mucho. Era un uso para el inmueble, que a esas alturas era ya lo único que importaba porque no podíamos permitirnos más tiempo la deshonra de tenerlo vacío.


¿Museo de la qué?
Pero no sólo aquello no ha avanzado ni un ápice, sino que ya está descartado. Es más: la idea que vino después, esa propuesta secreta que tenía Alejandro Fernández y que nunca quiso revelar (pero que al parecer tenía que ver con los institutos de investigación que hay en la ciudad), resulta que también peligra. O como mínimo se retrasa. Y así sucesivamente...

Si cada vez que hay elecciones municipales y cambian las mayorías; si cada vez que se firma un pacto de gobierno y tengo que contentar a unos o a otros; si cada vez que un concejal renuncia a su acta por el motivo que sea y viene otro detrás; tenemos que andar cambiando el proyecto, nunca llegaremos a nada. Van 14 años con el edificio vacío y la cosa sigue yendo para largo. Y a nadie, que a mí me conste, se le ha caído aún la cara de vergüenza. Así nos va.


¿No tenemos mar?
Hablando de entrevistas, en la que le hizo Núria Riu al gerente del Patronat Municipal de Turisme, �ngel Arenas, publicada ayer, me llamó la atención que, según revela un estudio de marca ciudad, Girona es vista como una ciudad mediterránea y Tarragona, no; y a Girona se la relaciona con la Costa Brava, y a Tarragona no se la relaciona con el mar. Todo ello cuando (lo aclaro porque, visto el estudio, hay que aclararlo) Girona no tiene mar y Tarragona sí.

Me alegró, eso sí, conocer los datos turísticos del año pasado: ese récord de casi medio millón de visitantes y ese 12% de incremento de las pernoctaciones. Y eso teniendo el Banco de España como lo tenemos, y sin que la gente sepa que nosotros, como Girona, también somos mediterráneos.

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