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«Lo que de verdad nos está ahogando son los pagos a las administraciones»

Son muchos los locales en la ciudad que ya cuentan con el cartel de ‘Se traspasa’. El sector de la restauración alerta de que si esto se alarga, Tarragona se quedará sin bares

CARLA POMEROL

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La mayoría de bares y cafeterías sirven cafés y comida para llevar. Es el caso de este establecimiento de la Via Augusta. FOTO: PERE FERRÉ

La mayoría de bares y cafeterías sirven cafés y comida para llevar. Es el caso de este establecimiento de la Via Augusta. FOTO: PERE FERRÉ

Resignación. Esta es la palabra que define a la perfección el estado de ánimo de los propietarios de bares y restaurantes de la ciudad. Se trata de uno de los sectores más maltratados en esta crisis económica derivada de la Covid-19. Solo pueden abrir cuatro horas y media al día y las ayudas no llegan. Llevan un año de incertidumbre.

El resultado es persianas bajadas y familias arruinadas. En Tarragona, son muchos los restauradores que han optado por cerrar temporalmente el negocio hasta que la situación mejore. Pero lo dejan claro: «Si durante estos meses, viene alguien con un maletín lleno de dinero y se lo quiere quedar, por mi perfecto», explica el propietario un bar de la calle Lleida. Fuera del horario marcado, estos establecimientos solo pueden ofrecer comida y cafés para llevar.

El futuro es negro. «La única huida que tenemos es hacia delante», explica Xavier Escribano, presidente de la Associació d’Hostaleria Tarragona Ciutat. «Si ahora cierras un restaurante, tienes que devolver el dinero de los ERTE a los trabajadores, además de hacer frente a las deudas de estos meses», explica Escribano, quien asegura que «cerrar el negocio es irte a la ruina de por vida».

«La única huida que tenemos es hacía delante. Cerrar el negocio es irte a la ruina de por vida»

Para hacernos una idea, según explica el presidente del colectivo en la ciudad, un restaurante deja de perder dinero cuando se llena el 70% del aforo. Y, en caso de llenar al 100%, el beneficio es del 6%. «Estos son los márgenes con los que trabaja la hostelería», explica Escribano, quien añade que «teniendo en cuenta la situación actual, en qué solo podemos abrir cuatro horas y media y al 30% del aforo, queda claro que no es rentable para nadie. El sector está desesperado».

Durante los primeros meses de la pandemia, los restauradores reclamaban ayudas para compensar el cierre intermitente. Ahora, la situación ha cambiado un poco. Las ayudas llegan en cuentagotas y ya no todos los empresarios pueden acceder a ellas. Es el caso de Raúl, propietario de un bar de la Part Alta de Tarragona, quien asegura que «a la mínima que debas un recibo, ya no puedes pedir ninguna subvención», y añade que «estamos arruinados. He dejado de pagar un mes la Seguridad Social de un trabajador, y ya no tengo acceso a las ayudas. Quizás se piensan que no pago porque no quiero».

«Si dejas de pagar un mes la Seguridad Social, ya no puedes acceder a ninguna ayuda»

La Associació d’Hostaleria Tarragona Ciutat denuncia que las ayudas que están recibiendo los empresarios son pocas y no sirven para nada. «Para pedir estas subvenciones es necesario estar al día de la Seguridad Social y Hacienda. Pero claro, las deudas vienen por aquí. Es el pez que se muerde la cola», explica Escribano, quien añade que «las ayudas son insignificantes y las administraciones las dan para asegurarse que les paguemos a ellos mismos. Todo el mundo debe tener claro que lo que nos está ahogando son los pagos a las administraciones públicas». Los empresarios de la restauración ya no piden ayudas económicas, piden estar exentos de los pagos.

«Primero, los proveedores»

«Este dinero que nos dan debería servir para poder pagar a los proveedores, al del vino, al de la carne y al que nos trae las bolsas de patatas chips, por ejemplo, con el fin de reactivar el tejido empresarial. Pero no, los primeros en cobrar deben ser ellos, la Generalitat y el Estado», explica Escribano.

Después de tanto abrir-cerra-abrir, muchos restauradores de Tarragona han optado por bajar temporalmente la persiana a la espera de mejores noticias. Es el caso de La Botifarra, conocido restaurante de llesques de la calle Cervantes de Tarragona. Se trata de un establecimiento que, antes de la pandemia, solo abría para cenas. «Con todas las restricciones, probamos los mediodías, pero no acabó de funcionar. Lo único que nos queda es cerrar y esperar», explica Nuri Morente, propietaria de La Botifarra. «Es duro porque no sabemos cuando terminara todo esto. Podemos resistir un tiempo, pero La Botifarra no puede estar cerrada dos años», alerta Morente.

«Podemos resistir un tiempo, pero La Botifarra no puede estar cerrada durante dos años»

Pocos van a sobrevivir

Cada vez son más los locales que cuentan con el cartel de Se traspasa. «Tarragona tiene una cosa buena y es que está cerca del mar y cuenta con un clima muy bueno. En el momento que todo se active, es probable que los negocios que hayan aguantado tengan un buen arranque. El problema es que no se sabe quién va a sobrevivir a ello», dice Escribano.

Uno de los restaurantes de moda de El Serrallo, L’Àncora, también sufre las consecuencias de la pandemia. Se trata de un restaurante que sirve comidas y cenas y que, en circunstancias normales, siempre está lleno. «Ahora, cuando llegan las tres y media, tenemos que decirle a la gente que tiene que irse. Es muy incómodo para nosotros, teniendo en cuenta que aquí se lleva mucho eso de la sobremesa», explica Gerard Pardo, propietario del restaurante, quien añade que «los ingresos han bajado un 70%». En su caso, Pardo abrió otro restaurante en medio de la pandemia, en junio, ubicado en el Port Esportiu. «De momento, ese está cerrado, ya que no cuenta con terraza y solo podemos llenar el 30% del aforo», explica.

«Los ingresos han bajado un 70% respecto al año pasado»

Otro testimonio es Israel Violero, propietario del Tarraco Taverna, en la calle Lleida. «Por la mañana no abro. Lo he intentado alguna vez y a las ocho y media no viene nadie a desayunar. Así que solo me queda abrir dos horitas y media al mediodía. ¿Quién se piensa que podemos sobrevivir así? Es una vergüenza», explica Violero, quien asegura que lo peor está por venir. «Cuando no nos dejen prorrogar los ERTE, todavía habrá más drama. Los bares acabaran cerrados y la ciudad muerta», opina este empresario, quien cifra sus pérdidas en un 90% respecto el año 2019.

Son muchas las situaciones y casuísticas que vive el sector en nuestra ciudad. No ponen en duda las restricciones sanitarias marcadas por los expertos, solo piden ayudas reales que les permita aguantar hasta que termine esta pesadilla.

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