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Lo que no se ve tras la llegada de un crucero en Tarragona

Decenas de personas se movilizan cada vez que un buque atraca en la ciudad. La operativa se encarga de la seguridad, los residuos o el avituallamiento

Núria Riu

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El ‘Costa neo Riviera’ llega al Moll de Llevant y a partir de ahí los pasajeros empiezan sus excursiones, suben al shuttle bus o cogen un taxi para ir al centro de la ciudad. FOTO: PERE FERRÉ

El ‘Costa neo Riviera’ llega al Moll de Llevant y a partir de ahí los pasajeros empiezan sus excursiones, suben al shuttle bus o cogen un taxi para ir al centro de la ciudad. FOTO: PERE FERRÉ

Los autobuses se paran en la plaza de la Unesco y poco a poco las calles más céntricas de la ciudad van llenándose de turistas. Es la estampa que habitualmente ven los tarraconenses cada vez que llega un crucero al Port de Tarragona. Mientras el pasaje empieza la descubierta de esta nueva escala, en los muelles la actividad no cesa. Es la parte invisible para la ciudadanía e incluso para los viajeros. Y es que para las horas en las que los motores del buque estarán parados, hay quien trabaja a contrarreloj para suministrar los víveres y descargar los residuos. Son tan solo algunas de las acciones que tienen lugar en el amplio operativo que se activa cada vez que llega un barco. Un dispositivo en el que empieza a trabajarse con días de antelación y en el que pueden llegar a intervenir entre sesenta y ochenta personas, en función de la capacidad de la nave.

A primera hora empiezan las excursiones. La más demandada es Tarragona, aunque también salen autobuses hacia Barcelona y los municipios costeros. FOTO: PERE FERRÉ

El Costa neoRiviera atracó este jueves en el Moll de Llevant procedente de Toulón (Francia). Su llegada estaba prevista sobre las 9.30 horas de la mañana, aunque con casi una hora de antelación el práctico ya se encontraba en el interior, guiando al capitán, y los boteros podían amarrar el barco.

«Desde que el barco llega hasta que se va debemos estar pendiente de todo», explica Andreea Roxana, consignataria

Los viajeros aún tienen que esperar antes de bajar. Primero sube la consignataria y los representantes de los cuerpos de seguridad. La Guardia Civil tiene competencias en temas fiscales, así que se encarga de precintar las tiendas y el casino. En tierra no puede aplicarse el tax free, y hasta que el barco no regrese aguas adentro no podrá reabrir de nuevo. Por su parte, la Policía Nacional se encarga de la documentación y todas las cuestiones relacionadas en materia de extranjería. Y, finalmente, la Policia Portuària, que deberá garantizar la seguridad de toda la operativa, tanto en el ámbito del tráfico como de la protección portuaria. Joan Bergadà, intendente de este último cuerpo, explica que «cada crucero tiene un dispositivo ad hoc para garantizar la máxima seguridad». A las ocho de la mañana hacían el último breafing para controlar todos los detalles del despliegue previsto. Allí se repartieron los servicios, se asignaron las funciones y se concretó el relevo de cada uno de los agentes que intervienen en los dos turnos. Tan solo la Policia Portuària moviliza a unos dieciocho agentes. Previamente, a lo largo de la semana, se hicieron las reuniones con la Policía Nacional y la Guarda Civil, así como se coordinó la actuación con la Guàrdia Urbana y Mossos.

Controlar el tráfico

Bergadà concreta que el despliegue que se hace durante un crucero nada tiene que ver con el de un buque de carga. «Un barco de cereales tiene entre 20 y 25 tripulantes, que normalmente no bajan. Aquí estamos hablando de unos 2.000 pasajeros y una tripulación de unas 500 personas», explica. La principal afectación viene en materia de movilidad.

Empieza la descarga de las maletas de los pasajeros que acaban su viaje en Tarragona, que serán llevadas al Welcome Center. FOTO: PERE FERRÉ

Cuando el barco aún no ha atracado, en la zona del helipuerto empiezan a concentrarse los autobuses para las excursiones, el shuttle bus que les llevará hasta el centro de la ciudad y los taxis.

A las 9.15 horas empiezan a bajar los pasajeros del Costa neoRiviera. De forma ordenada van acercándose hasta el muelle los autobuses para cada una de las diferentes excursiones. Estos son los primeros que abandonarán el puerto. Otros se buscan la vida en taxi o, si deciden ahorrarse este transporte, simplemente se marchan caminando por todo el Passeig de l’Escullera.

«Decenas de miles de personas anualmente conocen Tarragona y esto sitúa la ciudad en el mapa mundial», expone Josep Maria Cruset, presidente de la Autoritat Portuària 

Simultáneamente empieza la descarga del equipaje de los 48 pasajeros que acaban su viaje en Tarragona y abandonan el barco. Las maletas serán trasladadas directamente hasta el Welcome Center, en el Refugi 1 del Moll de Costa. Un autobús llevará directamente a estas personas hasta allí, para que puedan recoger sus pertenencias y encontrarse con sus familiares o coger un autobús o un taxi que les lleve a casa.

Empieza la descarga de las maletas de los pasajeros que acaban su viaje en Tarragona, que serán llevadas al Welcome Center. FOTO: PERE FERRÉ

En el Moll de Llevant sigue desplegándose el operativo. Llega la gabarra para iniciar la descarga de los residuos de la bodega. El procedimiento lo sigue de cerca la responsable de la empresa consignataria Andreea Roxana, de la compañía Pérez Y Cia. Según el reglamento europeo, los cruceros están obligados a dejar los residuos en cada puerto en el que hacen escala. Con antelación, la naviera debe comunicar a Andreea Roxana la previsión de la basura que dejará. En este caso son 40 metros cúbicos de residuos y otros 40 de lodos y aguas de sentinas. Hay un encargado de controlar que las cantidades que se habían informado se correspondan con la realidad, para que no se hayan vertido al mar. A partir de ahí, el personal de la empresa Boteros Amarradores de Tarragona los carga en la gabarra y Griño hará el tratamiento de los residuos en tierra.

Llegan los suministros

Mientras se descarga la basura, el personal de Costa Cruceros pone en orden la bodega. Hay que reordenar los espacios ya que están a punto de llegar nuevas provisiones. El control también lo lleva la consignataria, que en los días previos ha tramitado los permisos pertinentes. En este caso, llega un camión con zumos, congelados y comestibles y más tarde, hacia las 11 horas, está previsto que arribe el pescado. El barco ha solicitado el suministro de 500 kilos de todo tipo de pescados.

Cuando llegan los víveres se cargan al crucero. FOTO: PERE FERRÉ

Como representante de la empresa consignataria, Roxana se hace cargo de todos los servicios del armador en tierra. Esto significa que también debe estar pendiente si hay algún relevo en las 544 personas que conforman la tripulación o de que puedan acceder al servicio médico si lo precisan. En este caso, salen cuatro personas –dos de Indonesia, uno de Italia y otro de la India– a las que hay de ofrecerles el tránsito o un hotel para que puedan regresar a su país. «Desde que el barco llega hasta que se va debemos estar pendiente absolutamente de todo», argumenta Roxana. Hasta que no se marche el crucero, a las 18 horas, la representante de la consignataria permanecerá en el muelle para que no surja ningún problema. Esto implica también que deberá estar pendiente de si se hacen controles de calidad de las máquinas o si hay cualquier problema en el puente. «Los cruceros siempre suponen más trabajo porque hay más tripulación. Cuando los domingos llega el Costa Fortuna, con un equipo de 960 personas, es cuando hay más responsabilidad», añade Roxana.

65 cruceros llegarán esta temporada al Port de Tarragona, diez más que el año pasado

El Port de Tarragona también proporciona el servicio de suministro de agua potable que va a utilizarse en las piscinas, duchas, inodoros y cocinas.

Mientras todo este procedimiento se va llevando a cabo, los pasajeros que no se han apuntado a ninguna de las excursiones y deciden hacer por su propia cuenta la visita a la ciudad siguen saliendo de forma escalonada. En este caso ya no tienen que pasar por la carpa que hay junto a la entrada, con el arco de seguridad y el escáner para el equipaje de mano. Ésta tan solo se utiliza para el embarque, de forma que, antes de acceder al buque, todos los pasajeros deberán pasar por este control obligatorio.

La zona del escáner de maletas en el Welcome Center. FOTO: PERE FERRÉ

A medida que van bajando estas personas es cuando tienen más trabajo las dos guías que hoy están de guardia en el punto de información del Patronat Municipal de Turisme de Tarragona. Reparten mapas y responden cualquier duda sobre cómo llegar a la ciudad. Para ello necesitan un amplio dominio de los idiomas que más hablan los cruceristas, es decir, el italiano, el inglés y el francés. «Los italianos preguntan sobre las playas, porque como en su país en muchos casos hay que pagar, cuando vienen les apetece ir. En cambio, si son rusos se interesan por las tiendas y la posibilidad de compras», explica Jordi Sendra, responsable de la Operativa de Cruceros del Port de Tarragona.

110.000 cruceristas se prevé que pasen por la ciudad durante este periodo, que finaliza el día 3 de noviembre

En el muelle también hay personal del Parc Científic i Tecnològic de Turisme i Oci de la URV, que buscan voluntarios a los que se les entrega un GPS para conocer el comportamiento de los cruceristas en la ciudad. De esta forma puede saberse el recorrido que hacen y proporcionan una información muy valiosa, que es analizada cuando finaliza la temporada.

Preparar la temporada

Jordi Sendra y Sandra Domènech son las dos personas responsables de la Autoritat Portuària, que de forma directa se encargan de la actividad de cruceros en el enclave tarraconense. Su misión es la de facilitadores para que no surja ningún problema en la operativa que han diseñado previamente. Además, en los meses fuera de temporada, participan en las ferias internacionales, de cara a preparar el año siguiente. Esto ha permitido un crecimiento progresivo de esta actividad que este año, hasta el día 3 de noviembre, permitirá la llegada de 65 buques y una cifra aproximada de 110.000 pasajeros. En este sentido, el presidente de la Autoritat Portuària, Josep Maria Cruset, destaca que «el hecho de que Tarragona sea un puerto de cruceros va mucho más allá del beneficio inmediato de la visita de los cruceristas. Decenas de miles de personas anualmente conocen Tarragona y esto sitúa la ciudad en el mapa mundial».

5.197 cruceristas llegaron el 4 de agosto cuando se registró la operativa más grande 

El crecimiento de esta actividad ha sido exponencial en los últimos tres años. Pese a ello, Cruset apunta que «trabajamos en todo momento buscando el equilibrio entre las actividades del puerto con la calidad de vida de sus vecinos, para evitar llegar a situaciones como las de Barcelona o Venecia».

Visitas guiadas

Aproximadamente hacia las 10 horas todos los autobuses de las excursiones ya han salido. En este momento tiene un primer respiro Alejandro Prieto, represente de la empresa Intercruises. Es el «touroperador» que se encarga de la logística de las excursiones que se ofrecen en el barco. «Nosotros contratamos a los guías, los autobuses, el staff y lo gestionamos todo», explica. Hay los diferentes paquetes que los pasajeros compran en el barco y a medida que se materializan las reservas se va haciendo una previsión. Aunque habitualmente no es hasta el último día cuando pueden cerrarse, a partir de los números finales.

Prieto asegura que entre el 20 y el 30% del pasaje contrata una excursión organizada. En el caso de la operativa que nos ocupa han salido tres autobuses hacia Barcelona, dos a Salou, uno a Adernats y cinco a Tarragona. «Depende mucho del perfil del pasajero», concreta Alejandro Prieto.

Intercruises también se encarga del check in y del check out del pasaje. Esta operación se lleva a cabo en el Welcome Center, que se ponía en funcionamiento este año en el Refugi 1 del Moll de Costa. Allí ya han recogido sus maletas 44 de los 48 pasajeros que desembarcaron a primera hora. Tan solo faltan cuatro personas que apuran hasta el último momento disfrutando del neoRiviera. También ha empezado el embarque de las 51 personas que en este día inician su viaje. Es el caso de Gemma y Maria, madre e hija, que vienen de Barcelona y que ya lo tienen todo a punto para salir hacia Ibiza. «Hemos llegado con el AVE y hemos venido directo hacia aquí para ser las primeras», afirma la madre. Hasta la una no podrán subir a bordo y, aunque se les ha ofrecido la información para visitar la zona del Serrallo y los equipamientos del Moll de Costa, prefieren esperarse en el refugio. «Tarragona ya la conocemos y con el peso del equipaje de mano preferimos dejarlo para otro día», añaden.

Como un aeropuerto

El Welcome Center es como la zona de embarque de los aeropuertos. En los mostradores se entregan los billetes y se presenta la documentación para hacer el check in. A partir de ahí, los viajeros dejan su equipaje, que la recoge el personal de seguridad de Phoenix, que lo pasa por el escáner. Las maletas se quedan en zona segura hasta que venga a recogerlas el vehículo que las llevará al barco. En este espacio también hay el área de butacas para que esperen los pasajeros. La otra parte de la nave se ha habilitado para la recogida del equipaje.

El Welcome Center se ponía en funcionamiento este año, para facilitar la operativa del Costa Fortuna. Y es que en un domingo cualquiera pueden pasar por este punto hasta 1.200 personas (600 desembarcando y otras 600 que embarcan). La operativa más importante que se ha gestionado esta temporada fue el 4 de agosto cuando coincidieron en un mismo día el Costa Fortuna y el Costa neoRiviera. Esto supuso la cifra de hasta 5.197 cruceristas en un mismo día, lo que obligó a fletar hasta 66 autobuses. El presidente del Port de Tarragona defiende que «el proyecto de cruceros complementa el potencial turístico del territorio y de la ciudad, diversificando los visitantes y distribuyéndolos en meses de menor afluencia turística en la ciudad». Además, Cruset pone en valor la capacidad técnica y de organización del personal del puerto para «hacer frente al reto logístico que representa la llegada de cruceros».

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