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Los 4.400 votantes que se estrenarán el 21-D

Son electorado inesperado. Estudian en el Martí i Franquès, han cumplido 18 años y debutarán en las urnas el 21-D, aunque algunos votaron el 1-O. Tienen diversidad de pensamiento, dudan y piden, sobre todo, diálogo y acuerdos

Raúl Cosano

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Son votantes inesperados. No se les esperaba todavía en su visita a las urnas, dado que la convocatoria se ha adelantado como punto y seguido a las turbulencias políticas de los últimos meses. Han pasado poco más de dos años desde aquel 27-S, entendido para algunos como unas plebiscitarias que dieron pie a la legislatura de mayoría independentista. Aquella vez no votaron pero en esta ocasión, en unos comicios extraños convocados por Madrid en mitad del 155, podrán hacerlo. 

En Tarragona habrá 4.381 nuevos electores, algo más de 43.100 en toda Catalunya. Ellos son sólo una muestra de ese electorado que debuta a lo grande en democracia. Estudian Segundo de Bachillerato en el Martí i Franquès, tienen 18 años recién cumplidos y en algunos casos una inquietud política que ahora se verá saciada.Son también el reflejo de la sociedad: hay independentistas convencidos, unionistas a favor de reformar la Constitución, partidarios del referéndum y otros sumidos en la duda, que siguen de cerca la política pero esperarán a la campaña para definir su voto. 

También acusan el cansancio del debate omnipresente del Procés y el desencanto con la clase política, tan lejana a los jóvenes. «No sé a quién votar. Espero que alguna opción me convenza, porque lo que no quiero hacer es votar en blanco», reconocen varios.

Otros han entrado en la mayoría de edad con un atracón de democracia: votaron el 1-O y lo harán el 21-D, a pesar de que, desde la óptica del pensamiento soberanista, sean unos comicios impuestos. «Aunque sean mis primeras elecciones no tengo ilusión, porque creo que ya tenemos un Govern», arguyen algunos. 

Son casi 4.400 nuevos votantes, del total de 566.307 que tendrá el censo en la provincia, con un sufragio incierto y que, llegado el momento, puede decantar la balanza. Tienen, pese a la diversidad de ideologías, un denominador común: piden por encima de todo diálogo entre los frentes, negociación, pacto y acuerdos para desterrar esos conatos de crispación en los que cualquiera se ha podido ver envuelto últimamente. 

El director del Instituto Martí i Franquès: «Tenemos alumnos con todo tipo de pensamientos. Hay mucha pluralidad»

«A los profesores les mandamos el mensaje de que no se puede politizar el centro de ninguna manera. Difundimos conocimiento. Hay pluralidad de pensamiento. Procuramos que haya paz social», reconoce el director.  

«No soy independentista pero el 1-O voté que sí por lo que sucedió»

Toni es de lo que están en el medio. «No me siento independentista. Soy catalán y español. No me gusta lo que está haciendo el Gobierno de España ni tampoco algunas cosas que ha hecho la Generalitat», cuenta. «No me hace especial ilusión votar, por cómo está la situación», dice algo harto de la inestabilidad y los vaivenes. Votó ‘sí’ el 1 de octubre pero lo hizo como un símbolo de rebeldía y respuesta a la represión. «No quiero la independencia pero no estaba de acuerdo con el papel del Estado y el uso de la fuerza. Por eso fui a votar», admite. Ahora no tiene claro el sentido de su voto. «Intentaré estar bien informado y decidir. Quiero ir a votar y no quiero hacerlo en blanco», concede. Pide, como tantos otros, empatía y acuerdos: «Tienen que sentarse y encontrar una solución. La única vía es el diálogo. Hablar y hablar». 

«No me hace ilusión votar. Ya tenemos un President y el pueblo ya habló»

A Eva Milà, que ya votó el 1-O, no le hace gracia acudir de nuevo las urnas, esta vez el 21-D. «No sé por qué tenemos que ir. Ya tenemos un President y el pueblo de Catalunya ya se expresó, ya dijo lo que quería», admite ella, independentista convencida. Para Eva, las próximas elecciones son sólo un paso más hacia la independencia real y efectiva: «No seremos independientes de un día para otro. Es un proceso. Todo tiene su ritmo». Su voto irá a parar a alguna de las tres candidatruas claramente soberanistas, Junts per Catalunya, CUP o ERC, y asegura que no flaqueará en sus aspiraciones: «El lado independentista siempre ha estado abierto a hablar y al diálogo. La otra parte no ha querido». Eva cree que ya no hay vuelta atrás: «Yo hubiera aceptado otras alternativas a la independencia pero ahora no hay retorno. Ese es el camino». 

«Después del 21-D la clave seguirá siendo el diálogo y alguien tiene que mediar»

«Me gustan los cambios y por eso creo que la independencia podría traer cosas buenas», confiesa Sergi, que no tiene claro su voto todavía y tampoco confía en que el 21-D desencalle la situación: «Los resultados pueden parecerse mucho a los de 2015 y podemos acabar en un bloqueo». ¿Qué hacer entonces? «Tiene que mediar alguien como la UE entre las partes si no se ponen de acuerdo», explica este joven que en septiembre cumplió los 18, que quiere estudiar Ingeniería Informática y que censura el inmovilismo y el corsé institucional: «Las leyes se pueden cambiar, no están hechas para el control del pueblo». Sergi no es un independentista entusiasta y convencido desde hace tiempo sino que más bien vacila entre posturas: «No sé todavía qué votar, dependerá de cómo vaya la campaña y de lo que ofrezcan unos y otros». 

«Todo se puede dialogar pero desde Madrid parece que no están por la labor»

Elena Velasco cumplió 18 años el 14 de septiembre. El 1 de octubre fue vocal de una mesa en el referéndum, donde votó ‘sí’. «Me gusta la política. Creo que es importante seguirla y estar al día», asume. Considera que el 21-D es una forma rápida de dar tiempo a las dos partes. «No sé si arreglará mucho la situación. Saldrá un partido que no gustará mucho a Madrid. Aun así, siempre es bueno que el pueblo se exprese en las urnas y hay que aprovechar cualquier situación para hacerlo», explica Elena, de convicción soberanista y acostumbrada a los debates familiares. «En mi entorno hay gente que opina de todas las maneras», reconoce. Velasco es crítica con la actitud del Gobierno central: «Todo se puede dialogar pero desde Madrid no se quiere. Todo ha sido perder el tiempo. Seguro que puede haber una solución». 

«Parece que el Estado busca que votemos hasta que salga lo que ellos quieren»

 «No me hace ilusión votar. Ya tenemos un Govern y yo no quiero a otro. Nos han impuesto estas elecciones», lamenta Anna, muy crítica con Rajoy y el aparato de Estado: «Parece que nos estén diciendo que votemos y votemos hasta que salga lo que ellos quieren». Anna es partidaria de la independencia. No cree que la DUI tuviera efectos reales, pero considera el 21-D otra parada más en el trayecto: «El Procés es inminente, pero el camino siempre es largo». Anna admite cierta preocupación alrededor: «Es verdad que la gente está cansada, que vive con nervios por saber qué pasará». Habla de la represión de un Gobierno cercana a «los métodos de la dictadura» y apuesta, como el resto de sus compañeros de curso, por el diálogo: «Al final hay que llegar a un acuerdo para la convivencia. Todos tenemos que vivir en el mismo sitio y hacerlo en paz». 

«Quiero ir a votar pero de momento no veo a ningún partido que me represente»

«No sé si mi voto va a servir para mucho», se resigna Alejandro, que pese a todo sigue la política de cerca. «Me gusta aprenderla», admite, aunque se confiesa algo desencantado con las propuestas políticas e ideológicas que el 21-D puede poner sobre la mesa. «Yo siento que vivo en Catalunya pero también en España. No me considero independentista. Creo que no se puede ir tan a ciegas como hasta ahora y que las dos partes tienen que hablar y llegar a un acuerdo», relata. Para él, el voto en blanco, en ausencia de una candidatura convincente, es una posibilidad. Vigilará de cerca los programas de los partidos. «No estoy de acuerdo con ninguno, no hay ninguno que me represente. Quiero ver a un partido que sea coherente, que concuerde lo que propone en campaña con lo que luego hace, también en cuanto a alianzas después de las elecciones», zanja. 

«Existe división pero lo peor es sentir que  no estás con ningún bando»

 «Por ahora nadie me convence», asesta Santi Izaga, que en julio alcanzó la mayoría de edad. El joven es contundente: «La situación es insostenible, hay una división grande e incluso odio en algunos momentos». Santi experimenta cierta desazón y resignación. No encaja en ninguna de las corrientes que se han definido en torno al Procés. «Parece que tengas que estar en un lado o en otro. Lo peor es cuando sientes que no estás con  ninguno de los dos bandos», aclara. Santi apuesta por otras soluciones menos drásticas que la independencia: «Primero habría que cambiar la Constitución, buscar un nuevo encaje de Catalunya en el conjunto de España». Con esa premisa, en las próximas semanas Santi buscará a qué partido darle su apoyo en su debut democrático: «Tengo que ver qué humo me venden y luego decidir». 

«No me gustaría votar en blanco pero ahora no me identifico con ningún partido»

«No sé a quién votar, no me identifico con ningún partido, y tampoco me apetece votar en blanco», cuenta Óscar Rodrigo, que estudia Segundo de Bachillerato, el martes cumplirá 18 años y podrá votar por primera vez en unas elecciones. «No soy independentista y la situación ha llegado a un punto en que me incomoda un poco. Creo que hay división y en algunos momentos incluso odio. Hay que volver a la normalidad», admite. ¿Cuál es la solución? «Partir de cero, dejar atrás las tensiones que han sucedido, dialogar mucho y pactar. Hay que hablar y alcanzar acuerdos. Un referéndum podría ser una solución, pero siempre que sea legal», reconoce. Descarta votar a partidos soberanistas, aunque no tiene claro todavía el destino de su sufragio: «Tengo que pensarlo y ver las campañas que hacen los partidos». 

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